HONG KONG DEBE SEGUIR SIENDO HONG KONG

HONG KONG DEBE SEGUIR SIENDO HONG KONG

Cuál será el futuro de Hong Kong luego de revertir a China en julio de 1977?

25 de junio 1995 , 12:00 a. m.

Desde las salas de directivas de las corporaciones a los salones en tránsito de los aeropuertos esta es una pregunta de mayor importancia para la comunidad empresarial que las reformas en Rusia, la paz en el Medio Oriente o la unión monetaria Europea.

Que este lunar en la geografía china sea de creciente inquietud internacional es prueba de los logros económicos extraordinarios alcanzados por seis millones de chinos de Hong Kong, la mayoría de los cuales son refugiados.

Esta colonia británica de 1.048 kilómetros cuadrados es la sexta nación comercial más grande del mundo, con más de 40.000 millones de dólares en reservas extranjeras, ingreso per cápita superior al de Gran Bretaña, impuestos bajos e, impresionante, un Producto Interno Bruto equivalente al 20 por ciento del de la China con 1.200 millones de habitantes.

Más allá del destino mismo de Hong Kong, la razón más importante de la concentración en lo que sucederá en 1997 es que la manera en que la China maneje su soberanía sobre Hong Kong será, a la vez, la más clara indicación de cómo Beijing ejercerá su papel como uno de los grandes poderes del mundo. China está consciente de esto, pero en realidad le importa? A los demás nos debe importar. Si la China no le permite a Hong Kong sobrevivir en su actual forma, como prueba de su confianza en sí misma, autocontrol y, al fin de cuentas, en interés propio, el mundo no podrá confiar en que la China cumplirá con las normas internacionales y con pruebas futuras aún más difíciles.

El menor gobierno Los componentes del extraordinario éxito de Hong Kong son exactamente los mismos que la China trata de imitar. Por encima de todo, hay una extraordinaria energía y ética del trabajo que envuelve a toda esta sociedad de refugiados, lo cual les permite competir para utilizar al máximo sus talentos individuales. La gente de Hong Kong está protegida por un sistema legal fundamentado en los derechos del individuo y un sistema judicial honesto, justo y uniforme.

Aunque el gobierno no es una democracia, tiene muchas de sus virtudes: respeto al individuo y una definición modesta del papel del gobierno, no como un instrumento de ingeniería política ni social sino como una entidad que hace cumplir la ley y el orden, aportando a la ciudadanía un mínimo de protección social.

Pero la razón por la cual Hong Kong funciona tan bien es precisamente porque ningún individuo, grupo político, institución ni doctrina dictamina ese éxito, ya que ningún individuo ni ningún grupo es capaz de organizar u ordenar los millones de decisiones individuales que se suman para obtener el éxito de Hong Kong.

Esta es una sociedad que practica lo que Adam Smith predicaba: Ninguna sabiduría o conocimiento humano puede jamás ser suficiente para supervisar la industriosidad de la gente . Hong Kong más que ninguna otra sociedad en el mundo funciona bajo la máxima de Thomas Jefferson, el mejor gobierno es el menor gobierno .

No manipular Desde toda perspectiva racional es inconcebible que la China quiera manosear y manipular el éxito de Hong Kong. La China ha asegurado con frecuencia que no lo hará. Aun los pesimistas aquí en Hong Kong no temen que la China de repente va a imponer una mano dura o castigarlos por su éxito. Después de todo, Hong Kong sigue siendo la puerta de ingreso de los inversionistas a la China y, a pesar de las ambiciones de Shangai, sigue firme en su posición de centro financiero para la China.

El temor más común y realista es que China se sienta obligada a mejorar un sistema que ha funcionado tan bien. La razón es que la China es una sociedad mucho más politizada y burocratizada. Y la naturaleza misma de los políticos y burócratas es arreglar y diseñar cosas, tratar de dirigir a la sociedad, se trate de flujos de capital o de empleados públicos.

La tentación de la China de manipular el individualismo, la integridad y la independencia de Hong Kong reflejaría un enfoque fundamentalmente diferente de la relación entre el gobierno y la gente. Pero apenas comience, ello inevitablemente cambiaría a Hong Kong porque un poquito de controles crece irremediablemente, de la misma manera que crece un incipiente embarazo.

Algunos líderes chinos reconocen el riesgo. En un reciente discurso, Li Ruihuan, miembro de la comisión permanente del Politburó, preguntó: En cuántas áreas ocupa Hong Kong el primer puesto? Cuál es la razón para ello? Seguidamente el Sr. Li se contestó a sí mismo con una parábola. Contó la historia de una viejita que quería vender una antigua y maravillosa tetera Yixing. Sin saber que el valor de la pieza estaba en los residuos de té adheridos, la limpió cuidadosamente, quitándole exactamente lo que la hacía valiosa. Con ello quería decir que la China debe ser muy cuidadosa en el ejercicio de su soberanía sobre Hong Kong y no eliminar las tradiciones y anomalías que lo hacen valioso y singularmente exitoso.

Información libre Una de las tradiciones de Hong Kong que la China tendrá que aprender a tolerar es una prensa libre y honesta. El concepto de una prensa sin imposiciones gubernamentales sobre lo que es información válida, constructiva o responsable es totalmente ajeno a la China. Sin embargo, para ser un centro internacional financiero y de negocios requiere que la gente tenga libre acceso al flujo de información y conocimientos mundiales. Aun para comprar y vender acciones y monedas con éxito en Hong Kong requiere que esos corredores tengan acceso a la misma información que sus colegas en Londres, Tokio o Nueva York.

En tal sentido, es mejor que la prensa se equivoque de vez en cuando antes que la autoridad política tenga el poder de decisión sobre lo que es verdad o no. Cuando se tiene una versión oficial de la verdad , los individuos terminan no creyendo lo que leen en los periódicos, ven en la televisión o reciben en sus terminales de computadoras.

Por lo tanto, la manera en que China decida tratar el flujo informativo será una prueba inicial y crítica de la intención de Beijing de instrumentar su política de una China con dos sistemas .

Pero en un mundo donde la información se desplaza instantáneamente y donde la confianza del inversionista es veleidosa y cambiante, habrá otras pruebas: * Se les permitirá a los muy respetados funcionarios públicos de Hong Kong realizar sus labores honesta e imparcialmente? * Obtendrán los empresarios con buenas conexiones políticas en Beijing no solo ventajas en acuerdos privados sino también una parte desproporcionada de los contratos y favores gubernamentales? * Continuarán los bancos haciendo inversiones basadas en el mercado o se presionarán para que extiendan créditos por razones políticas? * Se nombrarán en el nuevo Tribunal de Apelaciones jueces con buena reputación o a compinches políticos? Ultimamente, lo que se requiere de la China es un cambio de mentalidad. A una sociedad que considera a su población de 1.200 millones como mercancía intercambiable se le está pidiendo comprender el valor de seis millones de individuos. Lograr mantener el valor de tales activos no es un reto solo para la China. Desde la India hasta México, pasando por Estados Unidos, los gobiernos se están dando cuenta de que para mantener su capital humano, los más inteligentes deben sentirse seguros de poder alcanzar sus aspiraciones en casa, en lugar de ir a buscarlas a otra parte.

Una manera que Estados Unidos podría demostrar el valor de esos individuos es ofreciéndole visas a cualquier ciudadano de Hong Kong que quiera emigrar. Estados Unidos no le estaría haciendo un favor a ellos sino a sí mismo, al obtener su capacidad empresarial y energía. Lamentablemente ni Estados Unidos tiene un espíritu tan esclarecido.

(*) Presidente internacional de Dow Jones, empresa dueña del Wall Street Journal, periódico donde apareció originalmente este artículo y que autorizó la traducción.

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