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Se rindieron ‘Pelusa’ y ‘Vanesa’, los otros carceleros de Óscar T. Lizcano

Se rindieron ‘Pelusa’ y ‘Vanesa’, los otros carceleros de Óscar T. Lizcano

Las selvas de San José del Palmar (Chocó) son tupidas y empinadas. Por entre cerros de un calor húmedo sofocante huía del cerco del Ejército un grupo de guerrilleros del frente Aurelio Rodríguez de las Farc que, ante el acoso, no tuvo más remedio que rendirse. Ahí estaban ‘Vanesa’ y ‘Pelusa’, los últimos carceleros del ex congresista Óscar Tulio Lizcano que faltaban por entregarse o ser capturados.

Hace una semana, la jovencita caldense, de apenas 19 años, y ‘Pelusa’, un duro subversivo de 25, quedaron frente a frente con el Ejército en una de las zonas altas de San José, y prefirieron entregarse que morir en medio del combate. Lizcano quiso recibirlos luego que el coronel Emiro José Barrios, comandante de la VIII Brigada, le avisara de la operación.

“Sólo les puedo decir que estoy feliz de que estén aquí, porque en ese monte sólo les esperaba la muerte”, les dijo el ex congresista, quien permaneció casi 7 años secuestrado por las Farc. Hubo un abrazo de perdón con ‘Pelusa’ y muchas preguntas para ‘Vanesa’.

La mujer, que no sobrepasa los 1,45 de estatura, se despidió de Lizcano pocas semanas antes de que ‘Isaza’ se fugara con él. Para mediados de septiembre del 2008, el hambre, por falta de abastecimientos, era tan apremiante que el grupo de 14 guerrilleros que vigilaba al ex congresista se fraccionó en tres. Antes de despedirse, Lizcano le dijo a ‘Vanesa’ que se cuidara, porque él sospechaba que ella estaba embarazada.

El bebé nació el 18 de enero pasado en medio de las circunstancias adversas de la huída y, a la semana, las Farc se lo quitaron y se lo llevaron sin darle razón, según su relato. “¿Si ve doctor que sí estaba embarazada? ¡Usted tiene un ojo!”, le dijo la muchacha a Lizcano.

Después del tímido saludo, ‘Vanesa’ –Luz Helena Pescador– le contó a EL TIEMPO que decidió ingresar a las Farc hace casi tres años, corriendo tras su hermana que había sido reclutada. Ella buscó a la guerrilla en Riosucio en marzo y dio su palabra para ingresar en junio del 2006.

Llegado el momento convidó a una prima y se presentaron en Urabará (Chocó).

Así, empezó su vida subversiva. Fue asignada a una de las compañías de la Aurelio Rodríguez, la entrenaron en asalto y tiro y a los pocos meses fue enviada a cuidar a Óscar Tulio Lizcano con otros guerrilleros.

“Cuando ya nos metimos selva adentro era muy duro y varias veces pensé en retirarme, pero me enamoré y ahí quedé amarrada”, relata.

Con la autorización de parte del comandante para que fueran ‘socios’ –pareja–, también llegó la orden de que le pusieran un dispositivo intrauterino, que al final no le sirvió. En mayo del año pasado, en medio de una marcha que les tocó hacer, luego que una parte del grupo atacara a una patrulla del Ejército, se empezó a sentir con mareo y malestar.

“Le cogí fastidio hasta al doctor Lizcano, y los más cercanos me decían que era porque estaba embarazada, pero yo pensaba que no”, agrega.

“La situación era muy dura, porque la selva nos estaba comiendo a todos, no sólo al doctor Lizcano”, dice.

Después vineron su parto, la captura y la desmovilización de sus compañeros y los días más duros huyendo por entre las selvas del Chocó. Y a pesar de que hizo resistencia el día de su entrega, se vio en tanta desventaja con los militares que prefirió rendirse.

Ahora, con la ayuda del Ejército Nacional, espera localizar a la bebé de 5 meses, para empezar una nueva vida con ella

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