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La tierra de los cimarrones, en el Valle, se abre a turistas

La tierra de los cimarrones, en el Valle, se abre a turistas

En El Hormiguero, refugio de esclavos cimarrones, las canoas que todos los días deslizan a los areneros a lo largo del río Cauca, se transforman cada fin de semana en alegres barcazas de colores.

Las 10 barcazas están recién pintadas, en espera de los turistas que llevarán hasta la desembocadura del río Jamundí. Los sábados, domingos y festivos las acondicionan con listones, varillas y toldos para protegerlos de los 30 grados centígrados. El Hormiguero bordea la margen izquierda del río Cauca, al sur de Cali, y ahí el Sol quema.

El paseo dura dos horas y aunque lo que más se ve es caña, todavía puede apreciarse un bosque seco tropical y playas arenosas. Eso sí, está prohibido el licor.

“Se pasa por debajo del puente que separa al Valle del departamento del Cauca. Las aguas son verdosas porque por aquí el río no está tan contaminado como en Cali”, dice Antonio Marín, de la Asociación de Lancheros.

Recorrido por la historia .

En cada barcaza acomodan a 20 pasajeros acompañados de un guía que les contará que ahí viven los descendientes de los cimarrones, los esclavos rebeldes que buscaron su libertad lejos de Cali y que terminaron como dueños de la hacienda Cañasgordas, la más próspera que había en la región.

“Llevamos 250 años viviendo aquí. Hemos conocido a gente que eran padres de personas que murieron en estas tierras”, dice Nelly Guapacha, una de la líderes que impulsan esta ruta fluvial.

Los visitantes reciben un recuerdo elaborado por las propias mujeres de la comunidad. Mariela González dice que descubrieron una veta de arcilla en el río y con ella elaboran hormigas y palomas.

En tierra, los visitantes se encontrarán con las mujeres tejedoras de cabello, ese atractivo que ofrecen las playas de San Andrés o Cartagena, con la diferencia de que en El Hormiguero las visitantes, aparte de peinadas, también saldrán con las uñas bien pintadas.

También las mujeres especialistas en el chocolate corroncho están involucradas con la ruta fluvial. En una olla pitadora ponen el corroncho, ese pescado negro y pequeño, que después lo mezclarán con un chocolate aromatizado con canela y nuez moscada, receta heredada de los cimarrones.

Otra de las excusas para llegar hasta El Hormiguero es el sancocho con pescado de río y el dulce de papaya verde.

“Con la ruta lo que queremos es despertar el sentido de pertenencia frente al territorio. Tenemos el segundo río más importante del país”, dice Guapacha, quien reconoce que allí todos viven del río.

Desde hace cuatro años los 4.219 habitantes de las cinco veredas de El Hormiguero trabajan en la estructuración de esta ruta fluvial de la mano de la Umata de Cali (Unidad Municipal de Asistencia Técnica Agropecuaria), de la Secretaría de Cultura y de la Organización no Gubernamental Funvivir.

Durante este tiempo le han arrebatado a la caña algunas hectáreas para que los turistas puedan arrancar con sus propias manos repollos y bajar guayabas, tangelos y aguacates o cortar margaritas y heliconias.

La jornada termina en este corregimiento, reconocido por el Ministerio del Interior como un asentamiento de comunidades negras, con danzas y chirimías

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