CLAVES DE LA SEGURIDAD HEMISFÉRICA

CLAVES DE LA SEGURIDAD HEMISFÉRICA

Entre los propósitos esenciales de la OEA, el primero de todos, su razón de ser, es el afianzamiento de la paz y la seguridad en el continente. Ha sido obra paciente de construcción en que nuestro país ha jugado papel significativo. Que conviene tener presente, cuando se trata de volver a pensar muchas cosas para sincronizar el sistema hemisférico, con los cambios fundamentales, tanto globales como regionales, sin perder el hilo histórico común.

22 de junio 1995 , 12:00 a. m.

Fue en enero de 1945 cuando el presidente Franklin Roosevelt llegó a un acuerdo con el ex presidente Eduardo Santos -previa consulta de este con gobernantes latinoamericanos- para la propuesta, antes de la fundación de las Naciones Unidas, de extender la solidaridad, que hasta entonces se concebía sólo para casos de agresión extra-americana a un Estado americano, incluyendo las que se produjeran entre estados del hemisferio. De allí surgieron el Acta de Chapultepec, centrada en una voluntad concertada para el mantenimiento de la paz y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (Rio de Janeiro,1947) con mecanismos más amplios que los de la ONU a la cual se acopla, con fórmulas concebidas en primer término por Alberto Lleras, en San Francisco y como Secretario General de la OEA. No existe en América una verdadera alianza militar, como en Europa. Los estados latinoamericanos han sido siempre celosos de ciertos principios autonomistas, teniendo en cuenta la presencia de la primera potencia mundial, dentro de un sistema que, a diferencia de la ONU, no consagra el derecho al veto, aunque es evidente su asimetría.

Ante la reciente XXV Asamblea de la OEA, el Secretario General, ex presidente Gaviria, presentó en el capítulo III de su informe (Una Nueva Visión de la OEA) algunas ideas para lo que cautelosamente llama una nueva aproximación a sus relaciones con las instituciones interamericanas de defensa. Es notoria la extrema sensibilidad del tema y diversas posiciones al respecto. En buena hora, el Protocolo de Cartagena reforzó el papel del Secretario General, confiriéndole un poder de iniciativa para llevar a la atención de la Asamblea General o del Consejo Permanente cualquier asunto que en su opinión pueda afectar la paz y la seguridad del continente o el desarrollo de los estados miembros . Los cancilleres no entraron de lleno al tema y se requiere hacerlo con un approach más omni-comprensivo que hasta ahora, incluyendo el examen del contexto regional en el mundo post-bi-polar-; el informe citado omite puntos importantes.

Hay ciertos aspectos sobre los cuales conviene hacer claridad, recordando los vasos comunicantes del sistema interamericano. Su relación con el Consejo de Seguridad, y la experiencia intervencionista en el continente es indispensable. Por una parte hay una interacción entre los métodos de solución pacífica de controversias y el principio de la Seguridad Colectiva que es clave para la OEA. La médula del sistema radica en la solución oportuna y equitativa de controversias, tanto terrestres como marítimas, que tienen la potencialidad de convertirse en conflictos. Por otra, la mejor forma de evitar -tal vez la única- los riesgos del neo-intervencionismo moderno es, precisamente, el funcionamiento efectivo de una instancia regional, fiable y viable, frente al llamado deber de injerencia humanitaria que seduce a algunas potencias: Detrás de ciertos humanitarismos se esconden peligros para los países débiles a los que interesa reforzar un multi-lateralismo consensual que no opera sin una instancia previa al Consejo de Seguridad como válvula de salvaguardia soberana.

Una de las dificultades se presenta con los compromisos militares extra-continentales de algunos de sus miembros. Así ocurrió en la guerra de las Malvinas con los Estados Unidos. También durante la llamada Crisis de los Misiles en 1963, cuando Cuba hacía parte del engranaje militar soviético que puso en peligro al continente, y en particular al Caribe, de un holocausto nuclear. Las realidades geo-estratégicas, los imperativos de la defensa legítima frente a la subversión y el terrorismo, la preservación de las instituciones democráticas, aconsejan un análisis concurrente con procedimientos idóneos y verificables para limitar el armamentismo, y avanzar en la zona desnuclearizada .

Es pertinente un análisis de conjunto de la Seguridad, (incluyendo lo económico-social), no limitarla a la celebración de acuerdos regionales, sobre prevención del terrorismo. El documento de la OEA destaca la lucha contra el narcotráfico como uno de sus objetivos; en principio la lucha contra el crimen organizado corresponde a una función policial y no militar, aunque por su virulencia podría requerir medidas conjuntas. Por contraste, el Tratado Especial previsto hace largos años en que se estipulen métodos adecuados para resolver controversias y determinar procedimientos pacíficos continúa en el limbo. Esa es una imprevisión en un continente erizado de peligros como se ha comprobado con el conflicto Ecuador-Perú. Los casos disímiles de Haití y de Cuba, son probablemente los más agudos, pero la OEA tiene ante sí un verdadero desafío, múltiple y prioritario: vigorizar un sistema coherente de seguridad y de paz en el hemisferio, sin el cual lo demás, incluyendo el libre comercio prevalente, carece de base sólida y permanente.

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