QUIÉN DISPARA EN COLOMBIA

QUIÉN DISPARA EN COLOMBIA

La violencia en Colombia tiene plurales expresiones, actores, motivos y escenarios. Probablemente no exista un laboratorio tan complejo para el estudio de la violencia como aquel que ofrece la historia de nuestro país. Si se tratara de realizar un rápido inventario sobre aquellos que se ubican en posición de disparar, la lista no sería corta. En Colombia, desafortunadamente, no son pocos los grupos que disparan.

20 de junio 1995 , 12:00 a. m.

Dispara el crimen organizado por el narcotráfico. Agrupaciones creadas aquí y allá para garantizar la seguridad y eficacia del negocio, para intimidar a funcionarios del Estado, para acallar a la opinión y al periodismo, para proteger a sus capos. Disparan igualmente sus traquetos y sus lavaperros , individuos desorientados y engreídos por el éxito y la impunidad de sus operaciones.

Disparan los frentes guerrilleros de las Farc, del Eln, del Epl y el Grupo Jaime Bateman. Actúan en el campo y la ciudad. Ejecutan acciones tan diversas como sus propias estructuras que, en muchas ocasiones, actúan cada una por su cuenta.

Disparan los grupos paramilitares. Nacieron como alianza entre ganaderos y agricultores golpeados por la guerrilla, con narcotraficantes y sectores de las Fuerzas Armadas interesados en la guerra sucia. Aunque reivindican ocasionalmente una estructura coordinada en el orden nacional, obedecen las consignas de sus creadores regionales. Se ubican, entre ellos, los grupos de Fidel Castaño y los autores de la masacre de Trujillo.

Disparan las autodefensas. Formas de asociación militar creadas por los campesinos con el apoyo decidido de ciertos sectores de las Fuerzas Armadas. No reciben, necesariamente, ayuda financiera de los narcos. Sus hechos son esporádicos y están dirigidos de manera especial contra el movimiento guerrillero.

Disparan las milicias con múltiples orígenes. Hay milicias guerrilleras de las Farc, del Eln y del Epl; aparatos creados para el trabajo político-militar en los barrios marginados. Pero hay también milicias independientes de los mandos guerrilleros que actúan en los barrios como mecanismo vecinal de autodefensa contra el crimen, el hurto y el vicio. Algunas de ellas, como las milicias del pueblo y para el pueblo , nacidas en Medellín, se convirtieron en cooperativas de vigilancia urbana tras un proceso de reinserción local que hoy se encuentra en crisis.

Disparan los grupos de limpieza, ocasionalmente impulsados por sectores desviados de los aparatos del Estado y financiación privada. Su brote, a veces espontáneo, se rige por la discriminación social, sexual, racial y económica o por el desespero contra la delincuencia menor.

Dispara el crimen organizado y común contra los particulares. No pocas veces lo conforman individuos salidos de los aparatos del Estado o extraviados del contacto con capos narcotraficantes. Algunas de sus acciones son ejecutadas haciéndose pasar por guerrilleros y conforman, en otros, escuadrones de la muerte y agrupaciones de sicarios. En esta categoría pueden incluirse asociaciones de jóvenes delincuentes dedicadas al atraco, el expendio de estupefacientes, la extorsión y la eliminación física.

Sin embargo, en Colombia han disparado también importantes sectores de los organismos del Estado que, en procura de sus objetivos frente al orden público, o víctimas de la corrupción, han transgredido los marcos institucionales, han violado los derechos humanos, o han degenerado en apoyo al crimen organizado. Las desapariciones, las torturas, los asesinatos, la contrainteligencia a favor de los criminales y otros excesos, conjugan sus acciones.

Finalmente, no falta quien afirme que, en medio de la confusión y aprovechando al máximo cada coyuntura, disparan organizaciones del orden internacional para promover y asegurar sus propios intereses.

Lo más triste es que ninguno de quienes disparan salvo la guerrilla en determinadas ocasiones reivindica hoy sus actos. Los atentados terroristas, los asesinatos, los secuestros, las desapariciones, se realizan hoy sin firma responsable. Por el contrario, en medio de su fuego múltiple y cruzado, la desinformación y la mentira con comunicados falsos es la táctica vigente para todos ellos. Al fin y al cabo, sectores de la prensa ávidos de escándalo y de chivas se prestan para la reproducción masiva de sus argumentos. Señalar a uno u otro de monstruosos atentados, sin que en realidad lo sean, forma parte de la guerra. La víctima inocente, el ciudadano sano, común y corriente, ha perdido el derecho de saber siquiera quién lo mata.

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