NICOLÁS BUENAVENTURA, REVOLUCIONARIO DE LA PAZ

NICOLÁS BUENAVENTURA, REVOLUCIONARIO DE LA PAZ

Lograr que la campana suene igual cuando llama a recreo y a clase es la propuesta de Nicolás Buenaventura, un hombre que después de cuarenta años dedicados a la revolución, está empeñado en conspirar con el gobierno para hacer otra rebelión: la educativa.

20 de junio 1995 , 12:00 a.m.

Cuando la campana avisa el recreo su sonido es brillante, no ronco como cuando invita a clase , dice Nico, como familiarmente lo llaman sus allegados.

De educador de guerrilleros, a quienes enseñaba el abecedario del comunismo, pasó a inculcar a los niños que aprender es un partido, un riesgo, para ver quien aprende más...

Cambió también de alumnos. Frente a él ya no lucen atentos Jaime Bateman o Manuel Marulanda Vélez. Ahora, hay niños pintando punticos que para ellos son aviones o manchones verdes salpicados de rojo que son flores.

Es así como el libro La importancia de la tradición guerrera, que desde 1948 enseñó a los guerrilleros, fue desplazado por La Campana de la escuela, texto que recoge un modelo educativo encaminado a conseguir la paz, pedagogía con la que Buenaventura está comprometido desde hace más de dos años.

Pese a que su actividad con la guerrilla lo confinó 16 veces en la cárcel, él siente que cumplió el cometido de la revolución: descubrir la mujer sombra, el negro humillado, la lucha de clases, las naciones pequeñas... .

Hace diez años, Nico dejó a un lado esta actividad insurgente y descubrió algo más divertido, el juego. Ahora se dedica a jugar con los niños a la democracia.

Algunos de sus lineamientos de antaño encaminados a arrasar con el autoritarismo, ahora los proyecta en sus talleres escolares.

Para ello, va a eliminar el debe , herencia del autoritarismo, y cambiarlo por el tu puedes , metodología del amor .

También se propone romper el ritual de la clase. Ya no más tableros como propiedad del maestro, como dominio; no más tarimas como si el maestro fuera intermediario con Dios, la idea es desescolarizar la escuela, abrirla al mundo...

La campana implica llevar al maestro la confianza de que así como está hoy la escuela oficial, acosada por el conflicto social y de hogar, atropellada por la doble o triple jornada y asediada por el escaso presupuesto, puede lograrse un aire renovador, un espíritu nuevo, alegre, comunicativo, humano.

No se trata de un revolcón educativo, es más bien un cambio de actitud, no solo pedagógico, sino también administrativo.

El objetivo general es sensibilizar y motivar a quienes están alrededor de la universidad, darles los instrumentos y medios pedagógicos necesarios para que ellos se constituyan en animadores del nuevo proyecto.

Mediante estos lineamientos Nicolás espera que la campana suene igual, porque ese día , habrá democracia, habrá paz .

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.