RECUPERANDO MEMORIA

RECUPERANDO MEMORIA

El periodista Alberto Giraldo, actualmente sub júdice, ha lanzado cohetes de distracción para disipar la atención sobre su nombre, presentando al ex presidente Betancur, en un escenario de hace 18 años, y brindando la oportunidad para que más de un medio incurra en inexactos paralelos. El ex presidente Betancur ha precisado, en términos escuetos y con su discreción proverbial, la abismal diferencia entre el escenario de 1978 y el de 1995. Y en un acto que corresponde a su condición humana, ha guardado silencio sobre lo que el país parece haber olvidado en cuanto a la historia de los carteles de la droga.

19 de junio 1995 , 12:00 a. m.

Cualquier ciudadano colombiano que en 1978 tuviera edad de razón, está ahora en capacidad de comparar escenarios. Para ello bastaría con recordar cuatro grandes hitos que se resumen así: Primer gran hito: En 1978 el narcotráfico apenas asomaba sus garras en los predios de Carlos Lehder, y ni siquiera se mencionaba en los medios la existencia del cartel de Medellín. El cartel de Cali no estaba todavía presentido. Sus futuros integrantes pasaban por ser simplemente empresarios exitosos.

El señor Lehder, en cambio, se perfilaba como un personaje de rasgos sospechosos, que salió a flote en la segunda mitad de los 70 con la construcción de la Posada Alemana , un extravagante centro turístico en los suburbios cafeteros de Armenia. Con una inversión de 500 millones de pesos de aquella época, Lehder generó un hecho de por sí escandaloso. Una sola voz premonitoria se escuchó. La del ex presidente Carlos Lleras Restrepo, en su revista Nueva Frontera. Algo está pasando , advirtió con su estilo característico, el doctor Lleras.

No obstante, Lehder seguiría incontenible, con la complicidad de su contorno, con periódico propio de 30.000 ejemplares, parte de los cuales se distribuía gratuitamente en el Parque de Santander de Bogotá. En una tarde gris este nuevo héroe entró a Bogotá desde el aeropuerto Eldorado, con escolta de honor, a abrir la convención de su partido, Movimiento Latino, en el viejo teatro Faenza.

Fue el Gobierno de Betancur -en un hito que parece olvidado- el que inició la persecución de Lehder, quien rápidamente se perdió en la clandestinidad. Tenemos la bomba atómica contra Estados Unidos , era su lema. La carrera de este primer gran capo sólo pudo ser detenida cuando, capturado y encarcelado, fue extraditado a Estados Unidos, en un acto valeroso del presidente Virgilio Barco, con base en un tratado que el propio jefe del Estado había suscrito siendo embajador del presidente Turbay ante el Gobierno de Washington. Lehder fue condenado a cadena perpetua. Y tanto el presidente Betancur como el presidente Barco quedaron por primera vez en la mira del narcotráfico emergente.

Segundo gran hito: Fue el presidente Betancur quien, como jefe del Estado, rechazó la propuesta indecente formulada en Panamá por los cabecillas de los carteles que habían hecho incursión ruidosa en la escena colombiana.

Tercer gran hito: Fue el presidente Betancur quien, ante el asesinato horrendo de su ministro de Justicia, Rodrigo Lara, tuvo el coraje de responder con la aplicación de la extradición, cuando sectores respetables de la opinión consideraban que ello equivalía a ir en contra del pensar mayoritario del país. El mundo pudo presenciar la extradición, a Estados Unidos, del señor Hernán Botero, primer gran lavador de los dólares de Escobar, y quien parecía intocable por ser propietario del Hotel Nutibara y del equipo de fútbol Nacional, con millares de aficionados fanáticos. Botero sería condenado luego a cadena perpetua por la justicia norteamericana.

Todos sabemos que con ese decreto heroico el presidente Betancur firmaba, por segunda vez, su propia condena de muerte, que lo persigue posiblemente hasta ahora. Como él, todos los miembros de su familia estuvieron en la mira del sicariato. Y si fuere necesario refrescar la memoria, bastaría con recordar que su hija María Clara, en un acto de valor y de audacia sin límite -lanzando en reversa su automóvil contra una barrera que parecía imposible de superar- burló el asedio de asesinos a sueldo de los carteles, que iban tras la vida de ella y la de su pequeña hija.

Después de eso, el presidente Betancur, amenazado las 24 horas del día, con inmensa dignidad se quedó en su país, cuando existían más que sobradas razones para pensar que Colombia sumaría a los centenares de vidas sacrificadas, la de un ex presidente que se la había jugado entero contra el narcotráfico. Por la misma razón, más que obvia y justa, se ausentaron del país, por tiempo indefinido, los ex presidentes Turbay, Barco y Gaviria.

Será que el país, aturdido por la dimensión de lo que tiene en frente, recupera racionalmente su memoria?

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