Ospina: hombre de letras

Ospina: hombre de letras

A los pocos días de la publicación de la primera novela de William Ospina, Ursúa, en septiembre del 2005, Fernando Vallejo afirmó: “No sé de nadie en nuestro idioma que esté escribiendo una prosa tan espléndida como la de William Ospina en Ursúa”. Por su parte, Gabriel García Márquez sentenció: “Ursúa es el mejor libro del año”. Y unos años atrás, cuando salió publicado su libro Es tarde para el hombre, Mario Vargas Llosa le dedicó una columna de prensa diciendo que estaba tan atrapado por la narrativa y el lenguaje, que sólo cuando había leído ya la mitad del texto, se dio cuenta de que no estaba de acuerdo con lo que decía el autor.

07 de junio 2009 , 12:00 a. m.

Tanto Ursúa, como su segunda novela El país de la canela, permanecieron durante varios meses en el primer lugar en ventas luego de su aparición, han circulado profusamente en países de habla hispana, y se han comenzado a traducir a otros idiomas. Con El país de la canela William Ospina acaba de ganar el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2009, uno de los más prestigiosos en lengua castellana, que anteriormente fue otorgado a escritores como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Fernando del Paso y Fernando Vallejo.

William Ospina es uno de los más destacados escritores colombianos de la actualidad. Es autor de seis libros de poesía y de diez libros de ensayos sobre temas literarios y sociales. Columnista de prensa y traductor, fue ganador del Premio Nacional de Poesía en 1992 y del Premio de Ensayo Ezequiel Martínez Estrada de Casa de las Américas en el 2003.

Sus ensayos.

Luego de estudiar algunos años de derecho y de vivir un tiempo en París, en los años ochenta comenzó a publicar sus ensayos de largo aliento, en los que ya dejaba entrever su interés en las preguntas sobre el ser humano, su tiempo, su historia, su condición, así como su pasión por grandes escritores y pensadores de la historia de la humanidad. Desde esa época comenzó a descollar por la fuerza, profundidad y hermosura de su lenguaje; su capacidad para la reflexión y su prodigiosa memoria.

Su interés por la historia y el análisis social y político de Colombia y de América Latina, y su relación con el mundo, se reflejan en ensayos como La nueva cara del planeta latino, Los deberes de la América Latina, Lo que le falta a Colombia, La franja amarilla (el ensayo más reproducido en Colombia en los últimos tiempos), y Lo que está en juego en Colombia. Otra veta está relacionada con los románticos, Europa, el pasado, el presente y el futuro de la humanidad, que se aprecia en textos como Los románticos y el futuro, Lo que nos deja el siglo XX y Los nuevos centros de la esfera. Un filón más habla de la escritura, la lectura, los escritores, y el lenguaje, en trabajos sobre Borges, Shakespeare, Whitman, Hölderlin, Cervantes, y de autores colombianos como José Manuel Arango, Estanislao Zuleta, Porfirio Barba Jacob y Aurelio Arturo.

En 1999 Ospina publicó Las auroras de sangre, un extenso libro de corte histórico, entre ensayo y narrativa, que fue el punto de partida para sus novelas históricas. En él hace un recorrido por las Elegías de varones ilustres de Indias, de Juan de Castellanos, el poema más extenso en español; para escribirlo se sumergió durante varios años en la vida y la obra de los cronistas de Indias. Otro elemento fundamental para la escritura de sus libros ha sido recorrer el territorio colombiano, América Latina, las tierras de España y otros países del planeta.

En cuanto a su poesía, la totalidad de ella fue recogida en un bello volumen del Taller Arte Dos Grafico y Revista Número Ediciones, que acaba de ser reeditada por Norma.

¿De dónde viene?.

A comienzos de los años noventa William Ospina le dijo adiós a la publicidad para dedicarse enteramente a leer y escribir. Así que una fría noche bogotana invitó a comer a un par de amigos en un restaurante español, para despedirse de una época y dedicar sus energías a la escritura.

Esa ruptura radical, ese entregarse a un mundo en el que las privaciones estaban cerca, y ese centrarse en lo que nacía desde el fondo de su alma lo llevaron a ir moldeando cada día con más fuerza al escritor que estaba dentro de él desde pequeño, cuando escuchaba de labios de sus mayores esas historias que lo han seguido acompañando a lo largo de su vida.

Nacido en Padua, Tolima, en 1954, de pequeño recorrió con su familia diversas regiones del centro del país, haciéndole el quite a la Violencia.

En Cali pasó su adolescencia y allí varios de sus amigos le indicaron ya que su camino era ese, el de contar historias.

Ospina es un testigo excepcional de su tiempo y un relator de la historia, pues su sensibilidad le permite escuchar, ver y sentir obras, entornos y a otros seres humanos con cariño, respeto y pasión. Como interlocutor, es un ser que enseña con cariño lo que sabe, y esto lo ha podido transmitir en sus textos. Ospina es un apasionado lector y un gran conversador. Un ser íntegro, sensible, tímido. Hondamente preocupado por el humanismo, pone en tela de juicio muchas de las supuestas cualidades del progreso.

Ha sido colaborador de diversos medios de comunicación, como Estravagario, La Prensa, El Tiempo, El Espectador y Gaceta. Como columnista comenzó en Cambio 16 Colombia y pasó luego a Cromos y a El Espectador. Desde 1993 es miembro fundador de revista Número, donde ha publicado originalmente algunos de sus ensayos más importantes.

Vallejo y García Márquez.

Por allá a mediados de los años ochenta el entonces editor del Magazín Dominical recibió un texto escrito por un desconocido sobre la novela de otro desconocido. Era un buen texto y lo publicó. Estaba firmado por William Ospina y era un comentario sobre la novela de Fernando Vallejo sobre Porfirio Barba Jacob; estos dos escritores sólo llegaron a conocerse personalmente muchos años después.

La estrecha amistad de William Ospina con Gabriel García Márquez se consolidó una noche luego de una comida en La Habana cuando, luego de hablar durante horas, estos dos seres memoriosos y cultos, se despidieron pero, de pronto, García Márquez se devolvió al carro donde seguía William y por la ventana le dijo: “A qué no sabes de quién es este soneto”. Ospina lo escuchó atentamente, guardó silencio unos segundos y luego le respondió. “No conozco el texto, pero por su forma, lenguaje y construcción debe ser de…” A través de ese juego un tanto infantil con el conocimiento y el arte, quedó atada la relación de estos dos grandes de las letras colombianas. Tanto es así, que cuando iba a publicar su volumen de memorias, García Márquez llamó a Ospina y éste viajó a México, donde fue el último lector del manuscrito antes de su publicación.

Trilogía sobre la Conquista.

Después de la publicación de su extenso ensayo sobre Juan de Castellanos, Las auroras de sangre –que para algunos es más bien un libro que raya con la ficción, por lo que dice y cómo lo dice–, Ospina se dedicó a escribir una novela sobre la Conquista y el descubrimiento del río Amazonas. La empresa fue de tales dimensiones, que el libro original se convirtió en tres: Ursúa, El país de la canela y, el que vendrá, La serpiente sin ojos.

Estos son libros narrados en un lenguaje pleno de poesía, de fuerza, de encantamiento, de imágenes. Historias de territorios y naturaleza, historias de seres complejos. El descubrimiento del nuevo mundo enlazado con la historia de lo que ocurría en Europa en aquellos tiempos, a través de personajes impactantes y conmovedores. Historias de seres humanos con sus crueldades y hazañas; historias escritas con un poderoso lenguaje poético, pleno de imágenes. Libros de aventuras, que tienen la particularidad de ser narrados cada uno en una forma completamente distinta, sin perder su fuerza y la seducción que crean.

Lo que viene .

En camino vienen tres nuevos libros de William Ospina. La serpiente sin ojos, el tercero y último volumen de la trilogía sobre la Conquista; que tendrá grandes diferencias con los dos anteriores, pues aparecen voces poco imaginadas que dan una perspectiva muy innovadora al texto. Estará listo en año y medio. Pero paralelamente viene desarrollando un ensayo de largo aliento sobre Simón Bolívar, que recoge muchos de los datos utilizados por los grandes biógrafos, pero con una prosa llena de fuerza y contenido, y una contextualización histórica y social profunda, que logra dar una mirada compleja de Bolívar y su época. Y ya tiene listo un hermoso volumen de poesía sobre la India, acompañado con más de cincuenta pinturas de Pedro Ruiz.

Este es el tiempo de William Ospina, quien tiene mucho que dar y aportar.

*Director de la revista ‘Número’ y agente literario de William Ospina

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