DISOLVER EL CONGRESO

DISOLVER EL CONGRESO

Tumbar el Régimen? Disolver el Congreso?

18 de junio 1995 , 12:00 a. m.

Alvaro Gómez ha sido siempre un hombre polémico y con ideas. Su tesis, por ejemplo, sobre la necesidad de instaurar un tribunal internacional a instancias de la ONU para juzgar un delito que es internacional como el narcotráfico, debería ser acogida sin reservas. Y su propia teoría sobre la urgencia de tumbar el Régimen que es, por su podredumbre, el que nos carcome, resulta seductora para quienes consideran que aquí lo que existe es una especie de PRI a la colombiana, cuyo dueño es la clase política, que no se deja derrotar: se deja comprar según Gómez, y uno no tiene plata para comprarla. Entonces hay que quitarle espacio apelando a la opinión pública.

En reportaje para la revista Diners, Alvaro dice que hay que volver a reformar la Justicia, el Congreso y aun la institución de la Presidencia, porque lo que realizó la Constituyente fue un paso en ese sentido, pero frustrado, y que no logró consolidar las reformas políticas en boca de los colombianos.

Si logramos derrotar el clientelismo en las próximas elecciones grandes, y sacar un Congreso distinto, se podrán hacer buenas leyes (...) Por eso están un poco asustados de que yo vuelva a decir que lo que hay que hacer otra vez es disolver el Congreso. Nosotros disolvimos el Congreso democráticamente con un éxito formidable; la gente nos aplaudía en la calle. Y Gaviria y su ministro de Gobierno le distribuyeron 30 mil millones de pesos a la clase política que habíamos disuelto, y salieron elegidos los curuleros que están ahora, que son peores que los del Congreso que disolvimos .

De manera que disolver el Congreso es la solución? No creo. Y con mucho respeto con el profesor Mockus, tampoco creo que clausurar el Concejo o incitar a su cierre amenazando con la renuncia del Alcalde sea el remedio a los problemas de Bogotá, con el argumento de que los ediles se han convertido en obstáculo para el desarrollo y progreso de la ciudad.

Sin duda, es muy fácil, y hasta taquillero, reencaucharse con el desprestigio ajeno. Y el Congreso, en efecto al igual que el Cabildo Distrital, es una institución desprestigiada como la que más.

El error, a mi juicio, es generalizar para simplificar los grandes problemas, con un facilismo asustador... por escapista. Hoy el Congreso es malo muy malo, según Alvaro y mucha gente, como ayer la Policía era una entidad corrompida, aunque desde que capturó a Rodríguez Orejuela, no. Pero, es legítimo seguir enlodando a los organismos públicos, por culpa de tener enquistados a unos cuantos pícaros, así pareciera que fueran la mayoría de sus integrantes? Es malo el Ejército porque algunos de sus miembros violan los derechos humanos, o la Iglesia porque continúan existiendo curas peligrosamente sectarios? O los medios por la precipitud e irresponsabilidad de ciertos periodistas? O el fútbol colombiano porque tras del América de Cali se escondían los cuerpos de seguridad del Cartel? En medio de semejante mala reputación como la que tienen y se les ha creado a los políticos, a mí me parece asombroso que, con todo y los escándalos desatados por la Fiscalía contra algunos de sus integrantes, ese Congreso podrido y corrupto que según Alvaro hay que disolver cuanto antes, haya sido capaz de aprobar ahora, por vez primera y con todas las de la ley, el Plan de Desarrollo presentado por el Gobierno, sin que éste hubiera tenido que expedirlo por decreto.

Y tampoco me parece tan malo ni tan negativo un Congreso que aprobó semejante Estatuto Anticorrupción (con todo y mico), ni que se dispone a esclarecer varios entuertos a nivel de la Administración de Justicia, ni a aprobar, posiblemente, dos ministerios claves: el de Cultura y el del Interior.

Y que en esta misma legislatura aprobó asimismo la Ley de Televisión, el Fondo de Estabilización Petrolero, un nuevo Estatuto de Fronteras, al igual que la refrendación en primera vuelta del Protocolo II y del acto legislativo que prohibe la dosis mínima del consumo de droga, autorizada en su hora por la Corte Constitucional.

Claro! Todos quisiéramos que el Congreso funcionara mejor, al igual que los partidos políticos; y de ahí la importancia de la propuesta de una sola cámara como método para agilizar el estudio y trámite de proyectos y, si se quiere, desburocratizar la corporación, estableciendo reglas de juego claras para una verdadera oposición.

Lo que no me parece plausible ni mucho menos defensable es esa sibilina propagación de la teoría según la cual el próximo Presidente debe ser alguien que enarbole las banderas expeditas de disolver las corporaciones públicas, y que simbolice la antipolítica como instrumento para hacer política, así sea bajo el pretexto de que la gente está hastiada del Régimen. Que es algo que va pegando y penetrando conciencias a unos riesgos impredecibles, como desinstitucionalizar el país.

O es que acaso esa gradual desinstitucionalización está sirviendo de algo, aparte de desestabilizar con bombas a presuntos campos abonados, como el Congreso la marcha regular de una nación víctima de todo tipo de manifestaciones subversivas, incluyendo la de los amigos de subvertir el actual Estado de Derecho, que es nuestra democracia misma? Y toda esa inquietud conspiradora tumbar el Régimen , disolver el Congreso , acabar los partidos , etc., exactamente a cambio de qué?

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