PADRES, FOMENTEN LA VIDA DE HOGAR

PADRES, FOMENTEN LA VIDA DE HOGAR

Sin padre, no existe hogar.

18 de junio 1995 , 12:00 a. m.

Empiezo complementando al filósofo español Ortega y Gasset en la definición genial que nos dio del hombre. El dijo: El hombre es su yo y sus circunstancias , incluyendo éstas tiempo, espacio, mundo en la realización y en la esencia del hombre. Lo complemento diciendo: El hombre es su yo y su propio hogar . Nadie se identifica, ni nace ni se realiza solo, sino en relación y en unidad con su familia. Esta es la fragua permanente del yo. El hogar es la escuela del hombre. El apellido es el ingrediente esencial con que fue amasado nuestro yo. Cada célula, cada gota de sangre que corre por mis venas me delata, y me exalta o envilece. Un hogar nos da ser, figura, identidad, cuna y seguridad. Somos incomprensibles sin hogar. Por este motivo no deberíamos decir nunca yo, sino nosotros. El futuro del niño, en un alto porcentaje, lo determina y condiciona el hogar que lo dio a luz.

Se hizo un estudio sobre la familia que arrojó el siguiente resultado: los antisociales, en gran parte, son hijos de nadie, carentes de hogar, de amor, de educación, de afecto. Un niño sin hogar, o con un infierno por tal no se sabe qué es peor muy posiblemente será un neurótico insufrible, un joven incapaz de llevar vida matrimonial, un sicario a sueldo; en una palabra, un antisocial.

El mayor crimen del siglo XX es haber atentado contra la familia, es el haber sustituido el hogar por el bar, el club, la sala de cine, la oficina, la ciudad; o bien, por la universidad, el laboratorio, el consultorio, la biblioteca. La sociedad moderna está acabando con el matrimonio, con la familia, con el hogar, y las consecuencias son funestas y palpables: la drogadicción, el aburrimiento, la carencia de sentido, la guerrilla, el absurdo, el suicidio...

El hogar es el locus hominis , que decían los latinos: el sitio propio del hombre, el lugar de realización del ser humano, la fragua mejor formadora de personalidades. Allí se curan todos los males. En el hogar aprende el niño a sonreír, antes de hablar, como su primer lenguaje. Ya cantó bellamente el poeta latino Virgilio: Incipe, parve puer, risu cognoscere matrem ; comienza, tierno infante, a reconocer a tu madre con la primera sonrisa.

Si los padres quieren hijos maduros, serios y responsables deben formar hogar, estable, unido, fiel. He conocido a lo largo de la vida hombres feroces, malgeniados, duros; pero ante el primer hijo se les ablanda el corazón, se les desfrunce el ceño, se les endulzan los labios, se les enternecen las manos. No conozco al asesino con un niño, pedacito de cielo, en sus brazos. Los niños amansan el corazón de los adultos.

El beso de la esposa al esposo, al regreso del trabajo, en un segundo, cura las heridas de todo un día, apacigua las olas de un corazón agitado, compensa los cansancios acumulados en horas amargas de trabajo.

Los gobiernos debieran aplicar, los millones de pesos que gastan en armamentos y en programas políticos de paz, al fomento de la vida de hogar y a la reeducación de los niños. Sería el camino más eficaz y seguro para la paz.

Los primeros seres humanos con quienes se encuentra el recién nacido son sus padres. No existe relación en el mundo que tenga un influjo más hondo e indeleble, para bien o para mal, como la que media entre padres e hijos. Freud lo comprobó de forma irrefutable. Padre de familia que no pueda mantener una presencia asidua y un diálogo permanente con sus hijos es un padre irresponsable que no debería haber traído hijos a la vida. Paternidad responsable significa no sólo responsabilidad en la regulación de la natalidad sino, de manera especial, en la educación de los hijos.

Colombia viene acabando progresivamente con la vida de hogar y está sufriendo las consecuencias de ello. Entró por los funestos caminos de la guerrilla, de la droga, de la violencia y del odio fratricida, en buena parte, el día, no lejano, en que comenzó a dar cabida a la separación matrimonial y al divorcio; cuando, por necesidad, sacó del hogar a la madre y la lanzó a la calle, a la oficina, al taller y a la fábrica; cuando introdujo la televisión en los hogares. Está comprobado que la televisión constituye uno de los mayores enemigos del hogar; acaba con el diálogo, con el estudio, con los valores religioso y morales. Con frecuencia, los padres de familia le confían la educación de sus hijos a la televisión. Se dan casos en que pasan frente a ella más horas que en la escuela. Error fatal! La TV suele ser mala pedagoga.

Padres: vuelvan al hogar, por ustedes, por su esposa, pero ante todo, por sus hijos.

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