CALMA, CECILIA!

El Ministerio del Medio Ambiente no debería anunciar lo que no puede hacer, ni hacer lo que no debería siquiera anunciar.

18 de junio 1995 , 12:00 a. m.

Me explico. Decretos tan perfectos como el que acaba de lanzar sobre Control y Protección del Aire, sin haber educado siquiera a sus propios funcionarios sobre cómo aplicarlo, no tienen mayor sentido.

Lo mismo podría decirse sobre otro decreto excepcional, el de control de escombros, que no ha funcionado porque no hay quién lo ponga en marcha. Colombia está hasta la coronilla de normas excelentes que jamás se aplican.

En cambio, se han aplicado rigurosas sanciones por presunto delito ecológico a la empresa cinematográfica que está filmando en Cartagena la más grande producción conjunta (BBC inglesa, RAI italiana y TVE española) que haya emprendido jamás la televisión pública europea.

El Ministerio armó un escándalo monumental con la tala de una docena de árboles (matarratones para más señas) cerca del Jardín Botánico y Cardique, y ha ordenado suspender las filmaciones de la película Nostromo que tengan como escenarios paisajes naturales.

La cosa es como para Ripley. La compañía ha dicho que si se llega a demostrar que violó la ley está dispuesta a asumir sus responsabilidades. Pero esto no se ha demostrado, ni la investigación ha concluido. Y sin embargo las autoridades ambientales le prohiben filmar escenarios naturales, y se precipitan a anunciar que Nostromo debe pagar los daños al bosque, que el ávido director del Jardín Botánico ya ha calculado en más de 25 millones de pesos.

Llama la atención tánto rigor ecológico en una ciudad rodeada de verdaderas catástrofes ambientales. Qué bueno sería que se reaccionara con iguales celeridad y severidad ante problemas tan dramáticos como la contaminación de la Bahía o de la Ciénaga de la Virgen, la sedimentación del Canal del Dique o la acelerada tala de mangle y relleno de ciénagas a lo largo de la nueva carretera a Barranquilla.

Crímenes ecológicos éstos sí con autores conocidos, que no han merecido un escándalo parecido al de la tala de 20 matarratones por un contratista local de una compañía europea, que invierte 20 millones de dólares, emplea a más de 10 mil extras provenientes de los sectores más pobres de la ciudad, les da trabajo a centenares de técnicos y artesanos y estaba contribuyendo a que Cartagena volviera a ser una Meca del cine internacional.

Digo estaba, porque después de este episodio, que le ha dado la vuelta al mundo (la prensa inglesa ha dicho que la BBC destruye los bosques tropicales de Suramérica ), no creo que haya productores gringos o europeos que se le vayan a medir a un país con tan implacable justicia ecológica. Otro cuento es que en este mismo país se deforesten 500 mil hectáreas de bosque cada año, sin que haya habido una sola sanción.

Todo lo cual lleva a preguntarse por la función y las prioridades del Ministerio del Medio Ambiente. A diferencia del de la Cultura, ese oneroso e inoficioso embeleco burocrático, el del Medio Ambiente sí fue una creación necesaria. Más aún, indispensable, en un país cuya singular riqueza biológica solo es comparable con la velocidad a la que está siendo destruida.

Y hay que decir que la gestión de Cecilia López, una mujer preparada y combativa, ha posicionado a este Ministerio, dándole proyección y estatus al tema del medio ambiente. Pero tal vez a costa de casar demasiadas peleas a la vez. Algunas de ellas poco convincentes o francamente innecesarias.

Lo de Cartagena es apenas un ejemplo de ese ruidoso radicalismo ecológico que no le hace bien al país, ni a la propia causa ambiental. Hay otros recientes, como el anuncio de que Minambiente buscará la suspensión de los vuelos en Eldorado entre 12:00 y 4:00 a.m. Hay que imaginar el caos que tal medida produciría en todas las operaciones de carga, y también de pasajeros, que se cumplen a esas horas en un aeropuerto cuya congestión de vuelos se ha vuelto dramática.

La congestión, que obliga a permanentes sobrevuelos, tan costosos para las empresas como peligrosos para los pasajeros, obedece a la insuficiencia de la pista de Eldorado. Pero la construcción de la segunda pista, que aliviaría el problema, no ha podido iniciarse por falta de una licencia ambiental.

Está bien que el Ministerio asuma su responsabilidad con decisión y energía. Pero también con un sentido de las proporciones y las prioridades. En lugar de disparar para todo lado, sería más útil concentrarse en los grandes problemas ecológicos que tiene Colombia. Para tratar de resolver al menos uno de ellos.

El medio ambiente es un tema demasiado serio y vital para el futuro de este país como para mezclarle populismo. Requiere mística y convicción para dar las peleas de fondo: rescatar la Ciénaga Grande de Santa Marta; salvar la Sierra Nevada; evitar la pavimentación del Darién; frenar la deforestación que está desertificando al país; sacar a patadas a los invasores de los parques nacionales; proteger las cuencas con medidas drásticas; sancionar el envenenamiento de los ríos...

Pero requiere, además, seriedad científica, preparación técnica y un equipo ministerial altamente motivado, calificado y con objetivos claros. En Minambiente parece que ha faltado un liderazgo hacia adentro, que amarre proyectos claves, arme una infraestructura eficaz, inculque real conciencia ambiental y aplique la célebre Estrategia Nacional de Biodiversidad, que se ha quedado en el puro papel.

El ejemplo que siente y el precedente que deje Cecilia López habrá de pesar mucho en el futuro de este joven Ministerio. Ojalá se pueda medir en resultados concretos, aunque sean contados, y no en palabras al viento, que siempre son incontables.

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