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CELADA DE LA DOBLE VUELTA

CELADA DE LA DOBLE VUELTA

Las minorías políticas, accidentalmente mayoritarias en la Asamblea Nacional Constituyente, sabían lo que hacían al consagrar en la nueva Carta el sistema de la doble vuelta para la elección presidencial. No ignoraba tampoco sus implicaciones el doctor Misael Pastrana cuando bregaba por abrirle paso en su condición de jefe del partido social conservador. El propósito era el de atomizar a las mayorías en una primera instancia electoral con el objeto de facilitar en una segunda las posibilidades de las agrupaciones minoritarias. En la práctica, acabaría rompiéndose el molde bipartidista, conforme ha sucedido dondequiera se instituye ese engorroso mecanismo desestabilizador.

Cándidamente los liberales cayeron en la celada o no tuvieron fuerzas para evitarla. O imaginaron que las consecuencias del sistema en Colombia diferirían de las del resto del mundo. Solo ahora comienzan a caer en la cuenta de las dificultades para llegar unidos a la prueba de las urnas.

Aunque haya consulta interna, todo indica que en la primera vuelta competirán varios candidatos de la misma filiación. Tanto más bajo el estímulo del juego tentador de las coaliciones y con mayor razón si el vice-presidente puede ser de partido distinto de aquel del presidente. Como en ella no se arriesga la suerte de la respectiva colectividad, se alimenta la ilusión de cerrar filas en la segunda, si la alianza con otra u otras no tiene perspectivas de victoria. Por arte de la Constitución y a falta de estatuto de los partidos, la indisciplina queda establecida con la luz verde a la rebelión interna.

Entonces, no habrá otra opción que resignarse a la capacidad disolvente del sistema? Declarar de una vez enterrado el bipartidismo y empezar a explorar su reemplazo por heterogéneas combinaciones? El partido conservador no puede llamarse a engaño por haber propuesto e impulsado el régimen de la doble vuelta . Está en su salsa. Perfecto derecho tiene para el intento de formar una nueva mayoría. No digamos el M-l9. Pero también el partido liberal en defender la suya, procurando contrarrestar las tendencias institucionales a la dispersión. Pilares institucionales En el sistema de un sola vuelta no dejaba de presentarse la contingencia de la escisión de los partidos. Pero la desalentaba el temor de cortejar la derrota yendo desunidos a las urnas. Aún así, el conservatismo perdió el poder en 193O y el liberalismo en 1946. En ambos casos, enfrentados a un adversario que limaba sus aristas con el mascarón de proa de la concentración o la unión nacional.

En tales ocasiones, los campos estaban fuertemente alinderados, a diferencia de lo que hoy ocurre, con movimientos ideológicos de raíces comunes en ambos. Por ejemplo, el de la nueva derecha, cuyas orientaciones siguen algunos sectores del partido liberal y del conservador. Esta circunstancia hace que ciertas proximidades doctrinarias vitalicen la fuerza centrífuga de la doble vuelta y lleven a buscar fórmulas por encima de los cauces bipartidarios.

Para al país, para su estabilidad en medio de la violencia y el terrorismo, sería bueno el desmoronamiento del recio pilar político que el partido liberal representa y su sustitución por soportes de coherencia ocasional u oportunista? Sin ánimo sectario declaremos que significaría un cataclismo político, un verdadero salto a la aventura. Está bien que pierda el gobierno si fracasa en él y si se le retira el apoyo de la opinión, o si se divide, pero no parece lógico inclinarse al suicidio prematuro en la confianza de que la segunda vuelta hará el milagro de revivirlo.

Los Estados Unidos acaban de dar ejemplo de cómo se renuevan y vigorizan los partidos, desde luego en el régimen electoral de una sola vuelta. Entre nosotros tampoco habían prosperado las tentativas de sacar adelante una tercera fuerza. No lo logró el partido republicano, ni el socialismo incipiente, ni ninguno de los repetidos movimientos caudillistas. Sin embargo, dentro de las actuales instituciones, de no preservarse la unidad de los partidos históricos esa alternativa podría tener éxito, salvo que uno de ellos las aproveche para conseguir el respaldo de los efectivos de otras toldas. Hipótesis de ninguna manera teórica si se considera que ya se hallan en marcha los designios de amalgamar fuerzas de distinta procedencia.

Cuando el actual sistema se adoptó, sus promotores conservadores pensaron que la crisis no sería propiamente del bipartidismo sino del liberalismo, en beneficio de su colectividad. Falta ver si sus esperanzas se cumplen. Candidato del partido La conclusión es la de que corresponde al partido liberal adelantar los trámites para reorganizarse. No seguir sacándole el cuerpo al deber ineludible de darse una jerarquía por todos respetada. Continuar el proceso de las convenciones departamentales hasta culminar en la nacional y acordar un imparcial y propio mecanismo de consulta democrática que permita escoger su candidato e ir oficialmente con él a la primera vuelta.

Lo erróneo sería presentarse a esa instancia con un abanico de opciones sin acoger previamente ninguna. En tal supuesto, no habría ni tiempo ni modo de reunificar las filas en la segunda, cuando deberán enfrentarse a diversas coaliciones. Porque las va a haber. Y lo serán a expensas del partido que hasta ahora ha ostentado amplia mayoría.

La proclividad a la atomización se registra a escala mundial por la misma forma como se plantean las inquietudes en torno de temas muy específicos. Pero en Colombia, donde todavía se encuentran de por medio principios generales de mucha monta, sobran motivos para acendrar la coherencia y vitalidad de los partidos tradicionales, cocretamente del liberal, que ha querido recoger e interpretar los sentimientos populares.

Para continuar siendo mayoría, debe ser fiel reflejo de los anhelos de las grandes masas, o, lo que es lo mismo, honrar su estirpe democrática. Ni elitista ni al servicio de los privilegios o de las corruptelas. La corrida Emociona ver las exposición de la rica serie de cuadros de Fernando Botero sobre La Corrida . No se sabe qué admirar más: si el asombroso dominio pictórico o su conocimiento de los toros y del arte de lidiarlos.

Cuando se entra al salón donde cuelgan sus dibujos a lápiz se siente uno como si estuviera admirando los de Goya en el Museo del Prado. Y luego las acuarelas y los óleos en que se fijan personajes, momentos estelares de la faena artística y, desde luego, el noble animal en su furiosa embestida y en su melancólico arrastre.

Como alguien lo observaba, asistir a esta exposición es como ir a una corrida en vivo, con su plasticidad, movimiento y belleza. Fernando Botero, él solo, nos ofrece en la sala Luis López de Mesa de la Biblioteca Luis Angel Arango un espectáculo inolvidable, digno de su nombre y de su prestigio. Gacias le sean dadas por sus compatriotas.

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