EL EFECTO AL CAPONE

EL EFECTO AL CAPONE

Parece que por fin los gringos empiezan a convencerse de que en el mundo de la droga los colombianos no somos los únicos malvados ni los gringos las completas palomas. Una vez más, las cosas no son en blanco y negro, sino grises.

17 de junio 1995 , 12:00 a. m.

Casi por primera vez, las autoridades de Florida han detenido a ex altos funcionarios de la Justicia acusados de actuar a sueldo del cartel de Cali. Dos antiguos fiscales y una serie de abogados norteamericanos puros, se beneficiaron del mayor negocio del siglo XX, el narcotráfico.

Salvo contadísimas excepciones como esta, las autoridades norteamericanas consideran el negocio de la droga como pura creación de los carteles colombianos. Matemos a Escobar y a los capos de Cali, y se acabó el problema.

Inasequibles al desaliento y a la razón, a los cowboys de la lucha antidroga poco les afectó el hecho de que, muerto Escobar, el narcotráfico no se suspendiera ni un solo día. Otros cogieron su bandera y su pistola, y el polvo blanco continuó llegando masivamente a las esquinas y bares de cientos de ciudades norteamericanas y europeas.

Llega allí a través de una amplísima red de distribución, que cuenta sin duda con multitud de complicidades en la sociedad y el poder de Estados Unidos. Deben ser millares los funcionarios políticos, sherifs , aduaneros y abogados norteamericanos que viven y se lucran del narcotráfico. Millares, riquísimos y muy poderosos.

Pero hasta ahora mismo, la policía gringa no ha detenido ni uno. O quizás por eso mismo, porque son muy ricos, muy poderosos y muchos los mafiosos norteamericanos viven en la más dorada inmunidad.

Las cárceles norteamericanas rebosan de negros, latinos y demás canalla , acusados de vender la droga gramo a gramo en cada bar y en cada esquina de Estados Unidos. Pero los grandes mafiosos, los que controlan de verdad el negocio y sus fabulosas ganancias, permanecen en glorioso anonimato y esplendorosa libertad.

Una novela negra de cada dos y una película negra de cada tres, relatan con pelos y señales lo que de verdad pasa en Estados Unidos, aunque no se pueda contar con nombres y apellidos.

Aparecen allí funcionarios de la DEA y de la CIA corrompidos hasta las cachas, policías a sueldo de los narcotraficantes locales, abogados, banqueros, políticos, etc. etc. En el cine negro, y la literatura negra norteamericana actual, el cuadro es clarísimo: la sociedad de Estados Unidos está permeada de corrupción por causa de la droga.

Pero ni la policía los detiene ni la prensa los denuncia. Protección completa.

El valiente ex Fiscal General de Colombia, De Greiff, afirma que tres cuartas partes del negocio de la droga quedan en manos de los grandes capos norteamericanos. Fabulosa cantidad de billones de dólares que explica la impunidad de las mafias gringas. Protección completa.

Y otra cosa también explica su impunidad: el efecto Al Capone . Lo contaba un gangster de una película magnífica de Humphrey Bogart, Cayo largo: Dentro de poco volverá la prohibición y ya no nos mataremos entre nosotros para que el público no se inquiete y fuerce a la policía a actuar. Ya no nos mataremos, repartiremos el negocio .

Y así lo hicieron. Volvió la prohibición para las drogas y el efecto Al Capone funcionó. Algún siniestro sanedrín poderosísimo debe mediar en los litigios importantes entre las mafias estadounidenses, y allí sólo mueren los tontos, los pobres o los coloured de diverso pelaje y extracción. Los capos, felices.

Y más felices y protegidos están aún gracias a la coartada monumental que se inventaron con Colombia. Han engañado al público norteamericano y a los funcionarios norteamericanos con un embuste gigantesco: los únicos culpables del narcotráfico son los malvados extranjeros de Medellín y Cali. Nosotros, palomas.

Matemos a Escobar y a los caleños, y se acabó el problema.

Gracias a Dios, las recientes detenciones en Florida parecen augurar el fin de la gran coartada. Ojalá. Ojalá termine el efecto Al Capone . Pero conviene no olvidar que estos funcionarios norteamericanos son los primeros detenidos, que la investigación ha durado más de diez años, que ya no estaban en activo, y que sólo se movieron los gringos este poquito por presiones de Colombia. El efecto Al Capone sigue vigente.

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