EL DULCE ENCANTO DEL DISEÑO CONTEMPORÁNEO

EL DULCE ENCANTO DEL DISEÑO CONTEMPORÁNEO

Concebir el diseño como un arte dulce sería un antagonismo al significado y a la experiencia de violencia que vive el mundo.

17 de junio 1995 , 12:00 a. m.

Hacia ese blanco apunta la concepción progresista, pero sensible con la que el arquitecto y diseñador italiano Eugenio Bettinelli participó en Colombia durante Expodiseño 95.

El tema de su conferencia no pudo ser mejor: Il dolce design (el dulce diseño).

Pero, por qué ese nombre tan sugestivo? Es una provocación -comenta- un proyecto que no es violento ni traumático y que siempre tiene en cuenta al usuario.

Muchos profesionales diseñan para sí mismos y no para la gente, por eso es necesario tomar conciencia y volver a trabajar por las personas y para las personas.

Anteriormente, en la época del romanticismo y del idealismo, los diseñadores eran verdaderos mediadores culturales que creaban un puente entre las necesidades de la empresa y de los usuarios. Era un circuito que funcionaba sin ningún inconveniente y que se cerraba correctamente.

Con el paso del tiempo la noción cambió y, en algunos casos, la idea de servicio dejó de ser una prioridad.

Hoy, las nuevas generaciones son testigos de los intentos por recuperar la esencia de una profesión que es sinónimo de arte y los frutos, poco a poco, se ven.

Hay que reconocer la labor del diseño como un trabajo de equipo del cual surgen, más que productos, verdaderos proyectos.

No se diseña simplemente la carcaza o el armazón de un objeto, sino que se conforma un todo que se transforma en algo integral, con vida e identidad. afirma Bettinelli.

Aunque, en algunos casos, la mayoría de las creaciones surgen de la creatividad e imaginación de los diseñadores, ellos no saben todo. Para lograr la excelencia, tienen un grupo de especialistas que colabora en la elaboración de cualquier objeto o mejor, de cualquier proyecto como el diseñador prefiere llamarlo.

En el proceso, hay que tener en cuenta otras consideraciones que van más allá del aspecto mercantilista.

Por ejemplo, el valor económico es una consecuencia de la fabricación de un producto cuya función tiene un objetivo claro: prestar un servicio.

Hoy, la vieja frase de la relación entre la forma y la función adquiere validez, más por el término función que, de todas formas, debe traspasar la barrera de lo netamente utilitario. comenta Bettinelli.

Para ello, los diseñadores, en sus diversas áreas, deben concientizarse de que el éxito también depende del estricto cumplimiento no solo de las normas reglamentarias de calidad, sino de aquellas que incluyen aspectos tan cotidianos, pero tan complejos como la comunicación, la sicología, los significados y la simbología.

La gente, único fin De ahí surge la relación usuario-objeto inherente a un sistema que, de una u otra forma, conquista la atención de quien lo adquiere.

Es como el gran amor que se convierte en parte integral de la vida y al que se le reconoce como propio. Es el valor que adquieren los elementos de diseño que, con el paso del tiempo, se reconocen como componentes de un ambiente hasta formar parte de una cultura, de una cotidianidad.

Por eso el diseño es importante en todas las actividades de la vida, donde cada objeto es un componente que, a pesar de su individualidad, no permanece solo.

Muestra de ello es el ineludible enlace entre el diseño y el impacto ambiental que, según Bettinelli, es un problema que se presenta desde el mismo instante en que se concibe un proyecto.

Los dilemas y los retos surgen cuando se realizan los primeros trazos mentales, casi abstractos e indescifrables, hasta la elección de los materiales, la producción y la función material inmediata.

Ahí es imprescindible afrontar la globalidad y sus consecuencias en el medio ambiente. Es algo que únicamente se logra con un adecuado manejo, no solo de las primarias reglas de conservación, sino del uso apropiado del concepto de calidad total que, según el diseñador, es la máxima cualidad y confianza del objeto respecto a su función.

Por eso -agrega- las empresas inteligentes no hablan de calidad total, sino de globalización .

Con esa consigna, que fue bandera de presentación del seminario y del foro de Expodiseño 95, el diseñador italiano señaló que todos los países tienen su propia realidad, por lo tanto no hay que caer en el error de tomar modelos que, finalmente, son formales y estilísticos.

La idea es que las escuelas se interesen e inviertan lo necesario para que las nuevas generaciones creen una búsqueda personal de donde surjan actitudes.

La cualidad del producto depende de la cualidad del proyecto y este, de la investigación. Son actitudes que se resumen en valores tan personales como la humildad, el trabajo en conjunto y la mística.

Por eso, para elaborar un proyecto -comenta- es importante amar a la gente y no tanto lo que se hace porque se torna peligroso, ya que se convierte en un proyecto únicamente para mí y no para los demás.

PIEDEFOTO1 EUGENIO BETTINELLI, arquitecto y diseñador italiano.

PIEDEFOTO 2 LOS BUENOS PROYECTOS arquitectónicos se adelantan a las expectativas de las personas.

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