NOSTALGIA DE LA RADIO

NOSTALGIA DE LA RADIO

Unos cinco lustros atrás, la radio en Boyacá constituía una particular fuente de orgullo. Y tenía razones para ello, pues los hombres qwe estaban al frente de las radiodifusoras parecían seres irrepetibles a quienes les cabía perfectamente el concepto de Boyacá en sus cabezas.

09 de junio 1995 , 12:00 a. m.

Había que ver el amor por su trabajo, pero ante todo la interpretación más próxima y afectiva que tenían de esta tierra de luchas y libertad. La perfecta indentidad parecía hacer presencia y empezaba por los nombres que tenían las emisoras. +Se acuerdan de la Transmisora de la Independencia, de la Voz del Oriente, de la Voz de los Libertadores, de la Villa del Sol, de la Radio Boyacá, de la Voz del Río (Puerto Boyacá), Emisora Reina, etc.? Pues esos colosales nombres no tuvieron pecado distinto que servir de testimonio de fe de las gestas emancipadoras y de hacer honor a valores propios y queridos de cada provincia en particular. Pero fue cuando pareció entonces que esto se volvía una afrenta o razón de mofa y llegaron los conquistadore de la nueva radio y rabiosos lanzaron a la postración, si no la existencia de algunas de ellas, la eliminación del nombre de las estaciones. Claro, dirán es que llegó una circular de Santafé de Bogotá (Nuevo Reino de Granada) que así lo ordena.

A nadie he oído levantar su voz frentera respecto a este tema. Un día llegó uno de esos monopolios (quen son dos y con eso sobra) y con tentadora oferta derribó a un soñador de la radio que ya llevaba consolidada una cadena de emisoras del oriente colombiano. +Se acuerdan ustedes, queridos lectores, de la maratón internacional de la Voz de los Libertadores?. Pues fue enterrada sin ningún responso.

Este, que es un simple ejemplo de tantos, era una verdadera manera de querer y servir a Boyacá. Otras emisoras -sin perder el enlace nacional- con ese auténtico sabor criollo realizaban programas útiles a la comunidad. Destacaban sus ancestros y a ellos les servían. Vámonos Llano adentro , gritaba una emisora sogamoseña, a mi me gusta el vallenato contestaba el otro. Aquí Boyacá retumbaba un noticiero. Aires Campesinos alegraban la faena del gañán enamorado o el reposo de los viejos jornaleros.

Ahí donde estaba el rico sentido de escuchar el transistor terciado, cayó fulminante la decisión de arrancarle a los boyacenses lo auténtico y lo regional. Unos meses atrás apareció otro de esos jinetes apocalípticos y de un tajo avasalló el otro segmento radial del departamento. En resusmen, quedamos con dos emisoras. O si no haga el ensayo.

Entre tristezas y rabia, uno mueve el dial y están otras diez emisoras hablando lo mismo. Pertenecen a la otra cadena. Entonces oiremos a una señora hablando, casi que fotográficamente, de las prácticas sexuales o un señor hablando paisa idiotizándonos dizque con los buenos días u otros saltimbanquis haciéndonos pasar la tarde, contándonos estupideces de alguna narcotizada reina o de un deshormonado galán de televisión.

Boyacá es tierra de cantores, de poetas, de gente que se quiere y ama sus cosas. Devúelvanos lo que es nuestro. Empecemos por los nombres de las emisoras. Sepan que ese lenguaje de la básica y la antena no nos gusta porque eso no fue lo que construímos. Nuestros programas locales de opinión deben contribuir a la identificación de nuestros propios problemas y soluciones, de oir a voceros y dirigentes para definir nuestro azaroso destino.

El espíritu cívico, como el de servir al prójimo o levantarse a barrer y asear las calles, lo impulsaba un programa matutino que decía afanosa pero graciosamente, que el tiempo pasa y la hora avanza .

Pero no faltará quien justifique el entuerto hablándonos de la tecnificación. Ese es cuento. Pero era más bonito y romántico de lo antes. Ni la historia, ni la idiosincracia, ni el arraigo espiritual de un pueblo se mancilla de esa manera.

Pericada presidencial Seguramente todos los parlamentarios boyacenses difrutaron viendo desayunar a la familia presidencial en un noticiero de televisión; los comentarios del señor Presidente Samper se limitaron, como era obvio, a los gustos tempraneros de su familia y a colocarle cascaritas históricas a los chinos que ese día tuvieron que empacarse el cereal sin chistar una sola palabra.

Nuestros senadores y representantes anotaron en sus respectivas agendas, que al señor Presidente, durante su próxima visita a Boyacá, había que dejarlo preparar los -huevos pericos- durante el desayuno ministerial, porque según lo notaba él mismo, en el programa de televisión, le quedaban deliciosos .

Ese mismo día de la T.V., las muchachas del servicio en las casas parlamentarias tuvieron que cambiar la arepa boyacense por la paisa y salieron corriendo a la tienda de la esquina a comprar las hojuleas de maíz para los niños. En más de una casa liberal se aguantaron, por fuerza mayor, los pericos ahumados de los nuevos cocineros y en la conservadoras, todos comieron huevos.

Mientras tanto, del departamento de Boyacá sigue tratado como cenicienta por el señor Presidente y sus ministros que sólo acuden a recibir condecoraciones inmerecidas o a formular promesas de nunca cumplir, ante la indiferencia bobalicona de nuestros senadores y representantes que se unen para recibir las migajas del presupuesto nacional.

Ya en otras ocasiones el señor Presidente de la República y sus Ministros sesionaron en Consejo, en tierras boyacenses, y el departamento siguió en las mismas.

Ojalá, durante la anunciada próxima reunión de junio en Paipa, al menos el señor Presidente Samper nos deje la receta de los huevos pericos.

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