LA HORA DELA COOPERACIÓN

LA HORA DELA COOPERACIÓN

La captura de Gilberto Rodríguez Orejuela altera profundamente el marco externo que ha venido confrontando el país desde el comienzo de la presidencia de Ernesto Samper. Por primera vez, en 10 meses de gestión, Colombia puede asumir un despliegue diplomático más propositivo y asertivo en materia de drogas. La coyuntura es única y quizás última: afianzar la política interna anti-narcóticos a través de una ofensiva internacional que incremente el poder negociador doméstico y externo del Estado colombiano frente a la narco-criminalidad organizada, que asegure la búsqueda de una solución efectiva, gradual y concertada del fenómeno de las drogas ilícitas y que evite el relativo aislamiento y la enorme vulnerabilidad a la que crecientemente se veía sometido el país, tanto económica como políticamente.

13 de junio 1995 , 12:00 a. m.

Lo anterior exige eludir y superar una dicotomía trágica que parecía pender sobre la nación: guerra interna o intervención externa para enfrentar el lucrativo negocio de las drogas. Es el momento de la cooperación internacional. Es la ocasión para avanzar propuestas, medidas y decisiones estratégicas. Es la oportunidad para dejar de lado ambiciones autárquicas en el manejo de los narcóticos, sostenidas por tesis soberanistas extremas y criterios de autonomía absoluta. En ese sentido puede ser útil contemplar nuevas iniciativas en varios frentes y simultáneamente.

En lo que hace a una mayor comprensión y un mejor tratamiento del asunto de las drogas, se podría convocar un Comité de Investigación independiente, reducido, compuesto por nacionales y extranjeros de distintos sitios, que actualice un diagnóstico riguroso sobre el emporio de las drogas, que presente una serie de recomendaciones al gobierno y a la opinión pública sobre este fenómeno y que contribuya a preservar y ampliar las relaciones inter-estatales e inter-societales entre Colombia y el concierto internacional.

En lo que hace a las relaciones entre Bogotá y Washington, se podría concretar la Comisión Binacional colombo-estadounidense sobre drogas de acuerdo con lo anunciado al inicio del gobierno por Samper. Se presenta el contexto para persuadir a los latinoamericanistas del departamento de Estado (Watson, por ejemplo) y del Consejo Nacional de Seguridad (Feinberg, por ejemplo) más abiertos, moderados y conciliadores que los narcólogos de los departamentos de Estado (Gelbard, por ejemplo) y de Justicia (Constantine, por ejemplo) y funcionarios altos de la administración Clinton, para establecer este mecanismo de seguimiento, evaluación y coordinación de las políticas de ambos países frente a los narcóticos.

En lo que hace al ámbito global, Colombia podría invitar en el corto plazo a una nueva Cumbre de alto nivel sobre drogas en continuidad de las de Cartagena (1990) y San Antonio, Texas (1992). Esta vez con la asistencia de varios gobiernos latinoamericanos y caribeños, de ciertas naciones claves del Movimiento No Alineado y de todos los miembros del Grupo de los 7 de países más industrializados. La idea sería asegurar estrategias consistentes, prácticas y simétricas en cuanto a la demanda y la oferta de drogas entre las partes más afectada y comprometidas a superar el problema de los narcóticos.

En la dimensión jurídica, solicitar a Naciones Unidas toda la colaboración posible para un fortalecimiento judicial en el país, para garantizar la transparencia en el manejo de casos críticos de narcotraficantes y para evitar la impunidad. Ello con el propósito de impulsar y aplicar alternativas legales novedosas para controlar el narco-crimen organizado en Colombia con el concurso, respaldo y asistencia de la comunidad mundial.

El caso de Rodríguez Orejuela no puede ser una nueva frustración nacional que incremente el desprestigio internacional del país. Ni Estados Unidos, ni la Unión Europea ni los vecinos latinoamericanos van a comprender que Colombia pierda la oportunidad de estructurar una política seria, clara y rigurosa en materia de drogas a partir de una aproximación cooperativa sólida y responsable. Hoy el país puede desarrollar una nueva estrategia externa frente a las drogas. Hoy se recuperó la credibilidad. Hoy se puede ganar en eficacia y legitimidad.

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