UNIVERSITARIO A LOS 13 AÑOS

UNIVERSITARIO A LOS 13 AÑOS

Hace cuatro años, un chiquillo de acento paisa pidió a los secuestradores de Francisco Santos y Maruja Pachón, a través de un noticiero de televisión, que, por la paz de Colombia, liberaran sanos y salvos a sus rehenes. No pueden frustrar sus vidas, pues ellos son fichas muy importantes el ajedrez del país , dijo el niño, oriundo de Armenia, que entonces tenía 11 años.

12 de junio 1995 , 12:00 a. m.

Hoy, con 16, Luis Ernesto Sánchez Acevedo se encuentra cursando quinto semestre de Derecho en la Universidad La Gran Colombia y sexto de Ingeniería de Sistemas en el programa a distancia de la Corporación Universitaria Antonio Nariño. Además, tiene un negocio propio de venta e instalación de computadores y software...

Se trata de uno de esos escasos casos de niños genios que cuentan con el apoyo suficiente para desarrollar sus potencialidades intelectuales. Sin embargo, Luis Ernesto asegura que su extraordinario ascenso no ha sido un trabajo fácil, pues aquí, a la gente con ideas no se le apoya sino que se le ponen trabas .

Es por eso que uno de sus sueños es proponerle al país, una vez se convierta en abogado, una legislación especial, no para genios (él odia esa palabra), sino para personas con talentos o capacidades intelectuales especiales .

Miles de niños y jóvenes colombianos tienen derecho a estar donde yo estoy, y no es justo que solo quienes tienen palancas, mucha persistencia o cierta malicia puedan lograrlo .

Lo mismo opina su padre, un profesor y político reconocido en la región que está convencido de que su hijo heredó de él sus talentos especiales, pero ha tenido muchas más oportunidades que él para desarrollarlas. Como maestro manejé muchos niños y hoy me pregunto cuántas inteligencias superiores que tuve en clase se perdieron porque desconocí sus capacidades , dice.

Luis Ernesto pegó su primer salto a los once años, cuando por recomendación de un amigo de la familia viajó a Bogotá para ingresar a la Fundación Alberto Merani para el Desarrollo de la Inteligencia.

Muchas personas le dijeron a mis padres que yo podría tener capacidades especiales, pues desde muy niño comencé a interesarme por la lectura de libros sobre ciencias políticas. Sin embargo, nunca fui el mejor estudiante. Más bien me alegraba de no ser el último. Yo era el niño que hablaba cosas raras o algo así como un desviado mental. Hasta fui expulsado de dos colegios dizque por perezoso y desentendido .

Los únicos profesores que sacaban la cara por mí eran los de sociales y matemáticas. En sus clases me iba bien: participaba y captaba las ideas con mucha rapidez. Pero en los exámenes los decepcionaba. Nunca he sido partidario de prepararme para una prueba que va a durar 15 ó 20 minutos. Pienso que el desempeño de alguien se conoce en la clase, en la vida diaria, no en un examen .

La estadía en el Merani terminó cuando comenzó la crisis cafetera. Nos afectó mucho porque ese es el negocio de mi padre y, lamentablemente, se necesita dinero para tener derecho al desarrollo de las capacidades especiales .

Regresó a su ciudad con la intención de culminar octavo grado en otro colegio, pero en ninguno lo recibieron. Le dijeron que no podían homologar las materias que tenía en el Merani con las que ellos ofrecían .

Fue entonces cuando decidió pegar otro salto: no volver a tocar las puertas de ningún colegio y hacer hasta lo imposible para ingresar a la universidad de una vez.

Comenzó entrando como asistente a clases de la Facultad de Biología de la Universidad del Quindío, con la ayuda de un conocido que trabajaba en la institución. Luego, gracias a una palanca en el ministerio de Educación, obtuvo un permiso especial para presentar el examen del Icfes. Tomó un curso de validación del bachillerato y comenzó a entrenarse con programas especiales de computador.

Contrario a lo que podría pensarse, su puntaje no fue muy alto, aunque le fue muy bien en matemáticas, la única materia de ese examen que exige análisis y no memoria , dice. Con su desprendible del Icfes en mano, a los 13 años, se presentó a la universidad.

Hoy se destaca entre sus compañeros, no solo por su edad ni por su rendimiento, sino por el inevitable rol del sapo ... Es el muchachito lleno de inquietudes que deja todas las preguntas justo para la hora en que se acerca el fin de la clase, cuando lo único que quieren sus compañeros es salir corriendo.

Me ha costado trabajo manejar eso, porque creo que uno tiene que conservar un término medio: aprovechar las clases y a los profesores para evolucionar en los conocimientos, pero sin generar un rechazo por parte de los demás .

De todos modos, Luis Ernesto dice que en ambas universidades sus compañeros, que tienen una edad promedio de 25 años, no lo tratan como a un niño. Soy uno más de la clase, tengo buenas relaciones con la mayoría y me aprecian como estudiante. Incluso me hacen consultas .

No le preocupa estar en una frecuencia diferente a la de otros muchachos de su edad (incluyendo a su novia). Lo que sí me preocupa es que todo el esfuerzo que hago por superarme no tenga sus frutos más adelante. A veces pienso que podría realizar cosas diez veces más complejas que las que hago. A veces me decepciono de no poder hacer más...

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