NOTAS DEL EDITOR

El siguiente caso lo dice todo: con fecha 25 de marzo de 1995, el Incomex aprobó la importación de 50.000 llantas para camión. Todo dentro de las reglas establecidas: libre importación del producto y giro directo anticipado según resolución 21 de 1993 del Banco de la República. Nadie puede protestar que el volumen de la importación corresponda a casi un mes del consumo nacional de llantas para ese tipo de vehículos...son las reglas del juego. Y todo legal: el puerto de embarque fue Miami, la negociación se hizo en dólares de EE.UU. y con toda certeza a la tasa representativa de mercado. Entraron por la Aduana de Barranquilla. Eso sí con una gran celeridad.

12 de junio 1995 , 12:00 a. m.

El precio promedio de una llanta de ese tipo en el mercado internacional es de 198 dólares. Y el precio al que fue importada?: US$ 4.95 unidad...menos de cinco dólares por llanta.

Al precio internacional, la importación valdría US$9.900.000. Al precio registrado US$257.550 dólares. Con un arancel del 15 por ciento, la evasión fue de US$1.447.875 y una cifra similar por el 14 por ciento del IVA. Así, el fisco dejó de recibir por la evidente subfacturación en moneda local una cifra superior a los 2.600 millones de pesos.

Las llantas fueron o están siendo vendidas en el mercado nacional. Seguramente en almacenes serios y de tradición. Si hubieran sido muñecos o relojes...la acusación sería directa: los sanandresitos.

Puede la industria nacional de llantas competir en esas condiciones?. No. Culpa de apertura?. No. Culpa de la fusión de Aduanas e Impuestos?. No. Culpa de la revaluación?. No. Este y seguramente en muchos otros casos (en calzado por ejemplo) están ocurriendo en plena campaña oficial contra el contrabando. Es la diferencia entre la teoría y la práctica. Entre el querer hacer y el poder hacer.

Nadie puede desconocer el daño que produce el contrabando tanto a la producción nacional como al fisco. Pero pensar que poniendo agentes de aduana cada kilómetro con la ayuda policías o soldados se va enfrentar el problema es una prueba más de ingenuidad comparable con los versos que los mayores usaban para referirse a la juventud de antaño: Solo es eterna la ausencia de esa dulce presencia que se llama inocencia y que se acaba con la edad . Y que hoy se puede aplicar a varios asuntos de Estado.

Si la subfacturación en cuestión hubiera ocurrido en el gobierno anterior, los detractores acusarían injustamente a la pobre apertura de salvaje y desalmada.

Todos creemos en las buenas intenciones del gobierno de Samper para frenar el contrabando y las prácticas desleales de comercio, dentro de las cuales la subfacturación es asunto grave. Pero no hay que confundir: esas prácticas deben ser tratadas con instrumentos distintos al cierre de importaciones que no es otra cosa que un golpe a la apertura.

Por ahora, es necesaria una explicación sobre el caso de las llantas.

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