PÓNGALE FE A SU AMOR

PÓNGALE FE A SU AMOR

Hoy me dirijo a las parejas matrimoniales. Les voy a revelar un secreto, o si prefieren, para no parecer muy misterioso, una clave para abrir el corazón de su cónyuge, para entrar y quedarse en él. Clave que les servirá para garantizar la perseverancia en el matrimonio, la calidad y solidez de su relación interpersonal, y algo más, mucho más, para alcanzar la felicidad de su matrimonio.

11 de junio 1995 , 12:00 a. m.

Ahí va la clave: Perfección en su amor con la fe.

Les explico. Amor es una de las palabras que reciben significados más diversos y aun contradictorios. Con esa bella palabra se suele designar desde el primer hervor que da el corazón, pasando por amores exaltados, celosos, sufridos, hasta llegar al amor sacrificado, por ejemplo, el de una esposa por su esposo enfermo, amor que consiste en velar días y noches junto al lecho del ser amado. Y todos estos actos, tan distintos y aun contrarios, los solemos designar con la palabra amor.

Sigo aclarándole: qué distingue un amor a primera vista , de un amor verdadero entre dos esposos, fieles y generosos? Que en el amor a primera vista prevalecen los sentidos, mientras en el amor maduro de unos fieles esposos pravalece la fe.

Es un hecho con frecuencia ignorado por ustedes, esposos; que no siempre el amor que se tienen, va condimentado con la fe. Me atrevería a decir que lo ordinario es amarse en el noviazgo y aun después de muchos años de matrimonio, sin llegar a la perfección del amor, que es la fe. Prueba de esto son las dudas, los celos, los frecuentes conflictos en su relación. Algo falta allá en el fondo: la mutua fe.

Qué entiendo aquí por fe humana, por fe conyugal? Trascender los estratos sensibles, psicológicos y aun afectivos de las dos personas, para llegar hasta el núcleo personal, el yo íntimo y misterioso de cada uno de los dos. Y obsérvese que trascender no significa prescindir de los elementos sensibles y sentimentales del amor, sino vivirlos y dignificarlos con o desde la aceptación del misterio de la persona. Poner en la práctica esta relación interpersonal de fe y amor, significaría que el encuentro mutuo físico va precedido e inspirado por el respeto, la veneración y aun el asombro de uno por el otro; que no se atreven a llegar a la piel del otro, a tocar las fronteras físicas del otro, antes de que el verdadero amor, el alma del amor, que es la fe, haya hecho su entrada en el otro. Fe es creer en el otro, es fiarse de él, es aceptarlo plenamente entregándose a él sin reservas, sin dudas ni cálculos de ninguna clase.

El amor madura cuando ustedes, después de conocerse y amarse por años, llegan al convencimiento de que ambos se merecen lo mejor y se juegan la última carta, la mutua fe: empiezan a fiarse totalmente el uno en el otro, para siempre. Este amor es perfecto y garantiza la estabilidad y la mutua felicidad. Sin fe no es posible amarse de veras dos seres humanos. Lo que se hace sin fe se hace a impulso de los sentidos, de la pasión y se queda en la periferia de ambos, en el físico. No se da compromiso, entrega, generosidad. Sin fe, un encuentro de amor no pasa de ser un juego, sin duda placentero, pero superficial.

Todo amor a otra persona en el que prevalezca lo material sobre lo espiritual, el yo sobre el tú, no es verdadero amor sino egoísmo, así se le llame amor.

Mientras los esposos no entiendan por amor ese ritmo recíproco -precedido e inspirado en la fe- de dar y recibir, comprender y ser comprendido, de perdonar y ser perdonado, podrá haber cualquier cosa menos el verdadero amor, que funda una relación estable, sincera, sin dudas ni celos en el horizonte del amor.

Hoy fracasan tantos matrimonios porque no crecen en el amor, no avanzan hacia el amor fundado en la fe; se quedan en la rutina de un amor inseguro y poco profundo. No se convencen de la necesidad de convertir el amor primero, necesariamente egoísta, en amor desinteresado, en amor de entrega y sacrificio.

Si del primer amor, que es verdadero pero imperfecto, no se pasa al amor de fe, sobreviene la rutina después de uno o dos años, y hace su aparición otro amor en un coctel, en la oficina, en la calle, en el avión, comenzará uno de tantos dramas matrimoniales, que terminan, a la vuelta de unos pocos meses, en separación, divorcio y nuevo matrimonio. Sufren los esposos, los hijos y la sociedad. Todo por no madurar en el amor, por no crecer hacia un sólido amor, fundado en la fe.

Hoy ustedes, queridos esposos, aprendieron una clave para alcanzar la estabilidad y la felicidad en el matrimonio. Póngale fe a su amor!

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.