LAS ARGOLLAS NO ASUSTAN A LAS SARDINAS

LAS ARGOLLAS NO ASUSTAN A LAS SARDINAS

Todo empieza como un juego. Con miradas y risitas. Como una aventura pícara, excitante y furtiva. Sin compromiso, sin ataduras. Y, sobre todo, prohibida. Un episodio que comienza en un bar, en una discoteca, generalmente en el lugar de trabajo. Entre una mujer, adolescente, joven, y un hombre, diez, veinte años mayor. Y casado.

11 de junio 1995 , 12:00 a. m.

Actualmente, muchas jóvenes han ido perdiendo el miedo a relacionarse con hombres comprometidos. En algunos casos, ellas mismas se insinúan, asegura Rodolfo, un importador de 37 años, casado hace 10 años y que sale con sardinas .

En otros, la insistencia de ellos logra finalmente superar las negativas. Al principio le dije que no porque tenía esposa. Pero luego me convenció por lo especial que era, por los detalles que tenía, por las constantes llamadas , explica Susana, estudiante de 21 años y novia de un comerciante de 37 años, padre de cinco hijos.

Eso no quiere decir que esa sea la tendencia, según algunos psicólogos consultados. Ellos coinciden en que estudios recientes sobre sexualidad juvenil demuestran que las chicas, generalmente, se involucran con muchachos de su misma edad o un poco mayores.

Pero lo que sí se puede afirmar es que en los últimos 20 años la sociedad se ha vuelto más tolerante. Por eso, en palabras de la sicóloga Lucía Náder, lo privado se ha vuelto público y ahora el comportamiento es social .

Sin embargo, en gran medida, estas relaciones siguen siendo clandestinas y en eso radica su atractivo. Según el sicólogo Germán López, para una niña resulta placentero descubrir que por ella un hombre es capaz de romper con la norma de que una pareja unida es algo que se debe proteger .

Y ellas se sienten culpables por salir con un casado? No , responde Susana sin titubear y continúa: no me genera ninguna culpabilidad porque yo sé que por mi, él no va a dejar a su esposa y a sus hijos . Otras, en cambio, sienten cierta prevención, pero al final terminan por ceder sin dejar de sentirse culpables.

Mi matrimonio va mal, mi esposa es muy celosa, no me dedica tiempo, no me escucha , son algunos argumentos que esgrimen aquellos que un día prometieron ser fieles para toda la vida, pero que su lista de novias continúa alargándose. Y con eso, a muchas convencen. Fue mágico. De un momento tuve como una laguna mental y me olvidé que era casado , manifiesta Ximena de 21 años.

A otras las atraen por su poder y por sus conocimientos: Admiraba su inteligencia, me hacía partícipe de su mundo y me encantaba conversar con él , cuenta Rocío, de 22 años, que se involucró con un politólogo de 36 años, tal vez el hombre más feo que hubiera conocido, según ella.

A Sandra, de 22 años, la atrajo, además de la personalidad, el dinero de un productor de televisión: tiene plata y gasta rico , dice sin dudar. Y a Susana, las atenciones, la protección y el sexo que le brindaba su compañero casado: con mi pareja el sexo no funcionaba mucho , dice.

Y es que a menudo ocurre que las jóvenes tienen también su novio oficial, con el que no quieren tampoco romper. De modo que estamos en condiciones iguales , dice Rodolfo.

Por su parte, los casados buscan a las jovencitas porque, según Mario, son frescas, espontáneas, despreocupadas ; según Rubén, son comprensivas y, en palabras de Rodolfo, tienen un lindo cuerpo y se preocupan por su figura .

A burro viejo pasto biche explica la sicóloga Náder. Es sentir que, a través de ellas, estos hombres ya maduros adquieren juventud, se renuevan, se energizan y eso los hace sentir especialmente poderosos .

Ellas tienen también su versión: el está conmigo porque soy lo opuesto a su mujer, que es histérica , cuenta una joven de 19 años. Yo soy fresca, tranquila y si estoy con él es para divertirnos, no para pelearle , afirma Susana. Ante todo somos amigos y yo siempre lo escucho , añade Julia, de 22. Yo le puedo perdonar todo, la esposa no , asegura Lucía, de 23.

Sin ataduras Ellas saben, eso sí, que no hay campo para la exclusividad , como dice Sandra. Pero tampoco la reclaman. Es más, en muchos casos ni la desean. Los compromisos, las ataduras, no hacen parte de la relación. Así le puedo dedicar tiempo a la universidad , explica Susana.

Por eso, generalmente, nunca les piden que se separen. Porque, además, no desean compartir con ellos la cotidianidad. La convivencia lo mata todo , asegura una joven de 19 años. El tiene muchos problemas y yo no quiero estar metida en ese cuento , exclama Susana. Cuando se es amante, todo es divino. Después, cada uno se va para su casa a lavar la ropa sucia , concluye Sandra.

Los encuentros esporádicos de una o dos horas para comer, bailar, se vuelven entonces maravillosos para la pareja. La tensión, la incertidumbre de verse, las citas clandestinas, generalmente en la noche, en lugares escondidos o aunque a veces también conocidos, convierten este tipo de relaciones en una completa aventura. Son amores muy pasionales, como de sexo, mentiras y video , afirma Sandra.

Por lo regular, cada uno sabe a lo que juega . Ambos son conscientes de que es algo pasajero. Un affaire de solo unos pocos meses, sin futuro. Nunca hacemos planes entre los dos , cuenta Roxana, de 20 años. Yo la verdad no espero gran cosa. Lo único que sé es que se va a acabar , confiesa Julia.

Pero, en algunos casos, la situación cambia. El amor llega y todo se complica. A mí me han puesto de rodillas dando vueltas por la calle , declara Rodolfo. Si el enamorado es él, si de pronto ofrece separarse de su esposa para irse a vivir con la joven, la respuesta de ésta es inmediata. No, no me interesa , dicen en su mayoría. Quieren conservar su libertad. Y, entonces, huyen, sacan disculpas, se desvanecen.

Por eso, no quieren que las esposas se enteren. Y les guardan la espalda a sus amantes. Que no lleguen tarde a sus casas. Que no estén untados de labial. Que no huelan a perfume.

Pero, si por el contrario, la que se enamora es ella, las cosas pueden tomar matices inusitados. Usted cree que terminar conmigo es muy fácil? , le dijo una veinteañera una vez a Rodolfo. Después, se apareció en su casa y le contó a su mujer que su esposo y ella estaban enamorados. A veces hay que ponerle freno a la situación porque ellas son muy lanzadas. Se aferran, te persiguen y es difícil hacerles entender las cosas , coincide Mario.

Y aunque no se atrevan a exigir nada, en el fondo de su corazón muchas de las jóvenes guardan las esperanza de que sus novios dejen a sus mujeres y se vayan con ellas. Cuando el nivel social es similar -explica la sicóloga Náder- las personas quieren asumir el rol de primera dama. Pero cuando son de estatus diferentes, ellas solo esperan una retribución económica .

Sin embargo, por lo general, este tipo de noviazgos finalmente termina cuando las dos partes se aburren o, finalmente, se convencen de que la relación no tiene sentido. Entonces solo quedan recuerdos de un episodio excitante y divertido. Aunque también, un poco vergonzoso. De otro modo, los nombres de esta nota no serían ficticios.

Tengan 18, 20 o 23 años; sientan o no complejo de culpa; se diviertan o hasta de pronto sufran...lo cierto es que las jóvenes que se involucran con hombres casados temen una misma cosa: qué tal que a mí me pase! , exclaman.

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