DE MENSAJERO A GRAN CAPO

DE MENSAJERO A GRAN CAPO

La historia de este personaje comenzó sobre una bicicleta en la que pedaleaba todo el día repartiendo drogas -legales- a los clientes y vecinos de una farmacia ubicada en Mariquita (Tolima). Tenía menos de 14 años, y muchas necesidades económicas.

09 de junio 1995 , 12:00 a.m.

Antes de cumplir los 16, este joven decidió buscar suerte en otro lugar. Fue entonces cuando viajó a Cali y alquiló, junto con sus hermanos, una modesta casa en el barrio Belalcázar. Allí consiguió engancharse nuevamente como mensajero de farmacia y recomenzar su vida en la ciudad.

Hoy, 40 años después, el niño que pedaleaba todo el día para ganar propinas, era uno de los más buscados y ricos del mundo y el líder de una de las organizaciones más poderosas del narcotráfico.

Según la DEA, este mariquiteño de 56 años era el líder de una corporación transnacional que introduce el ochenta por ciento de la cocaína que llega a Estados Unidos desde 1984 y que el año pasado obtuvo -por este concepto- ganancias superiores a los siete mil millones de dólares.

Era él, según las autoridades colombianas, quien manejaba los contactos, las rutas y las transacciones a nivel internacional y cuyo comercio movió el año pasado más de 700 toneladas de cocaína.

Su fortuna le ha permitido ser catalogado por la prestigiosa revista estadounidense Forbes, como uno de los 20 hombres más ricos del mundo con un patrimonio superior a los 5 mil millones de dólares.

Pero, además de haber sido un multimillonario buscado por la ley, era una de las cincuenta personas más influyentes del planeta, según la revista francesa Le Nouvel Observateur.

Este semanario asegura que su influencia era comparable con la que ejercían personajes como el presidente del Fondo Monetario Internacional, Michel Camdessus; el director del Servicio de Contraespionaje ruso (FSK), Serguei Stepachine; el director de las páginas editoriales de The New York Times, Howell Raines; y el fundador de la CNN, Ted Turner, entre otros.

Sin embargo, son más las investigaciones sobre sus actuaciones ilícitas que los datos conocidos sobre su vida. Pues de lo poco que se sabe de El Ajedrecista -uno de los alias con los que se le conoce a Gilberto Rodríguez Orejuela-, lo único seguro es que tenía inquieto al gobierno estadounidense, en jaque al colombiano y a más de 2.000 hombres de fuerzas especializadas que finalmente dieron con su paradero.

La última vez que se le vio en público fue en el 24 año de 1986, cuando se presentó a una diligencia de indagatoria ante un juez de Calí por tráfico de estupefacientes.

Desde esa fecha, El Ajedrecista desapareció del mapa de la legalidad y empezó a figurar en los expedientes de inteligencia de los organismos de seguridad colombianos y estadounidenses.

En cuestión de meses su captura se convirtió en prioridad para estos dos gobiernos y en una obsesión para el Congreso norteamericano.

Simpatizante de Marx Sin embargo, la de 1986 no era su primera aparición en el panorama judicial de Colombia.

Algunas fuentes señalan el inicio de su historia pública en 1968 cuando, supuestamente, Rodríguez era activista y tesorero de un movimiento subversivo de ideología marxista.

Se afirma que junto con Luis Eduardo Tamayo -dirigente estudiantil que después pasó a la delincuencia común- estuvo comprometido en el secuestro de dos ciudadanos suizos: el diplomático Hermann Buff y el estudiante Werner José Straessler.

Otros aseguran que Rodríguez se inició como parte de una banda con matices subversivos llamada Los Chemas , fundada en 1969 y de la que hacían parte su hermano Miguel Angel y su socio José Santacruz Londoño.

El grupo se dedicaba a los secuestros extorsivos y a la falsificación de moneda. En ese entonces Rodríguez adoptó su primer alias: El Chamizo . Sin embargo, en ninguno de los dos anteriores casos la justicia obtuvo pruebas contundentes de su participación.

Pero su génesis se remonta a 1939, cuando nació. Desde muy joven salió de la calurosa Mariquita -su pueblo natal- con sus padres Carlos Rodríguez -un pintor y artesano tolimense- y Ana Rita Orejuela, y con sus seis hermanos, Miguel Angel, Amparo, Aydée, Rafaela, Jorge Eliécer y Francisco. Desde esa época Cali se convirtió en su segundo hogar.

Y aunque las autoridades colombianas lo describen como una persona astuta, para el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar es un perfecto padre adoptivo: por tal razón le entregaron legalmente un niño de pocos meses de nacido, para que se encargara de su crianza. Este pequeño es el séptimo de los hijos de Rodríguez.

De su primer matrimonio, con Mariela Mondragón Avila, nacieron Jaime, Humberto, Fernando y María Alexandra. Sus otros dos hijos, Claudia Pilar y Andrés Gilberto, pertenecen a su segundo matrimonio, con Gladys Miriam Ramírez libreros. Todos son profesionales y han adelantado pos grados y doctorados en universidades del exterior.

Cali mío En 1954 logró el primer ascenso de su vida. Pasó de mandadero a domicilio a ser el administrador de la droguería en donde trabajaba.

Diez años después abrió su propia farmacia, la primera de las 250 que hacen parte de Drogas la Rebaja, una cadena de droguerías con sucursales en las principales ciudades del país, la cual está legalmente constituida y cuyos propietarios actuales, según las autoridades, son sus hijos Humberto, Alexandra y Jaime Rodríguez Orejuela.

Alfonso Gil, el esposo de Amparo Rodríguez Orejuela, es el actual gerente de la cadena de droguerías.

Después se convirtió en uno de los principales accionistas del Banco de los Trabajadores, compró el Grupo Radial Colombiano y el Hipódromo del Valle, acciones y propiedades que vendió a particulares.

Fuentes oficiales aseguran que desde esta época -década de los setenta-, se conoce su participación en el tráfico de estupefacientes. Con la banda de Los Chemas empezó a transportar personalmente pequeñas cantidades de cocaína de alta pureza procedente del Perú.

Con el tiempo, compraron sus propias aeronaves y conformaron el llamado Cartel de Cali, que logró consolidarse en la primera mitad de la década de los ochenta. Para esa época, ya poseían rutas y mercados propios, y las autoridades norteamericanas tenían claros indicios sobre su actividad.

Preso en España El 24 de noviembre de 1984, Gilberto fue detenido en Madrid (España), junto con el confeso narcotraficante Jorge Luis Ochoa, acusados de conspirar para el tráfico de estupefacientes.

Al parecer, Rodríguez fue detectado en ese país debido a las millonarias cuentas telefónicas con destino a Cali, que pagaba mensualmente.

Su detención se produjo en el restaurante La Dorada y tanto Rodríguez como Ochoa fueron trasladados de inmediato a celdas de seguridad en la cárcel de Carabanchel.

Poco tiempo después de su detención fue solicitado en extradición por el gobierno colombiano -bajo la presidencia de Belisario Betancur- para ser procesado por el delito de robo de automóviles y narcotráfico.

Fue entonces cuando se inició un largo proceso judicial entre Estados Unidos y Colombia para conseguir su extradición.

Y a raíz de la detención de Gilberto en España hizo su aparición su hermano Miguel Angel, un abogado titulado que hasta entonces se había dedicado casi exclusivamente a la dirigencia deportiva.

Era accionista del Club Deportivo América de Cali, su presidente, y para algunos su benefactor . Sin embargo, optó por retirarse parcialmente del fútbol y dedicarse a la defensa jurídica de su hermano mayor.

Un par de meses después de su detención, Rodríguez y Ochoa fueron trasladados a la prisión de Alcalá-Meco, dentro de las más altas medidas de seguridad.

Luego se ordenó su traslado a Cádiz, una cárcel construida para confinar a los terroristas de la ETA. En ese entonces era la prisión de máxima seguridad de España.

Allí estuvieron algo más de trece meses. Dos años después el gobierno de Felipe González le dio prioridad a la petición de extradición de Colombia, por ser el país de origen de los detenidos y Rodríguez fue entregado a las autoridades colombianas el 27 de junio de 1986.

Al llegar a Colombia fue conducido a las celdas del DAS en donde permaneció durante 72 horas. Posteriormente lo trasladaron a la cárcel de Bellavista en Cali, donde permaneció 13 meses.

El juez 11 penal del Circuito de Cali, Tobías Iván Posso, fue el encargado de abrirle un proceso por tráfico de drogas. Sin embargo, dos años después de su extradición a Colombia lo absolvió por falta de pruebas.

Este fallo fue apelado por la Procuraduría ante el Tribunal Superior de Cali que en julio de 1988 confirmó la sentencia absolutoria. Sin embargo, la decisión judicial fue a parar a la Sala Penal de la Corte Suprema, que en 1991 anuló la sentencia y ordenó investigar al juez y a los magistrados que lo absolvieron.

En octubre de 1993 la investigación terminó a favor de Gilberto Rodríguez Orejuela, por falta de pruebas y prescripción de los delitos.

Hay quienes aseguran que la investigación adelantada en Cali habría sido un simple montaje de sus abogados para que Rodríguez no fuera extraditado a Estados Unidos, montaje que terminó devolviendo la libertad al presunto capo del Cartel de Cali.

Una vez cerrado el proceso, Rodríguez regresó a la clandestinidad. Desde allí inició una guerra a muerte contra el jefe del Cartel de Medellín, Pablo Emilio Escobar Gaviria, al parecer motivado por diferencias en el manejo del mercado de cocaína, por disputa en las rutas de exportación de la droga hacia Europa y por la colaboración que exigía Escobar en su guerra contra el gobierno.

Por esta época, a Rodríguez le adjudicaron la autoría del primer carro bomba que explotó en Colombia a las puertas del suntuoso edificio Mónaco , de propiedad de Pablo Escobar.

También lo señalaron como el presunto líder de Los Pepes , organización delincuencial que se dedicó a perseguir al capo del Cartel de Medellín y ha realizar atentados contra su familia y propiedades.

Incluso se dijo que era el principal informante de las autoridades colombianas sobre los movimientos de Escobar Gaviria. Lo cierto es que según fuentes extraoficiales, la persecución que el Gobierno colombiano inició contra los integrantes del Cartel de Medellín, favoreció la actividad de su homólogo de Cali.

Se asegura que durante esta época Gilberto Rodríguez consolidó su negocio y se apropió de rutas y zonas de cultivo. También aprovechó la persecución contra Escobar, para trasladar sus bienes a nombre de familiares y testaferros.

Después de la muerte de Pablo Escobar -diciembre 2 de 1993-, Rodríguez inició un proceso de acercamiento con el Gobierno colombiano a través de la Fiscalía, con el propósito de estudiar la posibilidad de un sometimiento a la justicia.

Luego de seis meses de conversaciones, el proceso se interrumpió ante las excesivas garantías solicitadas por sus abogados, entre las que se contemplaba la detención domiciliaria.

A la caza de Gilberto Ante la frustrada negociación y las presiones del gobierno estadounidense, Gilberto Rodríguez se convirtió en el hombre más buscado del mundo.

Desde entonces, más de 2.000 hombres estaban dedicados día y noche a localizar su paradero, a rastrear su red de finanzas, y a descubrir hasta el más mínimo detalle que permita facilitar su captura.

Dos años de allanamientos, rastreo de comunicaciones, denuncias de ciudadanos y una rigurosa investigación por parte de miembros de Comando Especial Conjunto (CEC), han permitido obtener un perfil aproximado del supuesto cabecilla del llamado Cartel de Cali y han enriquecido su hoja de vida.

En documentos de inteligencia se le describe como un hombre calmado, astuto, cauteloso y bastante supersticioso. Sobresalía su habilidad para manejar la compleja red de personas y negocios que conforman su organización.

En uno de los apartes de un perfil trazado por altos oficiales del CEC se anota que Rodríguez utilizaba la infiltración y el soborno antes que la violencia. Su táctica era la de darle un manejo empresarial a la organización: una conducción descentralizada horizontal -de federación, según la DEA-, que le permite mantener el liderazgo.

El era quien diseñaba los planes de inversión -orientada a los sectores de la construcción, hotelero y de transporte entro otros- y por eso la organización no participa directamente en ninguna fase del cultivo, procesamiento y transporte de estupefacientes.

También se han encontrado evidencias de inversiones es países europeos y documentos bancarios que corresponden a cuentas abiertas en otros países.

Algunos de los elementos encontrados en las casas y apartamentos allanados, han permitido a las autoridades concluir que Gilberto Rodríguez estaba enfermo de su pierna izquierda y por tal razón debe someterse a periódicos tratamientos médicos.

Así mismo, padecía de una obstrucción crónica en uno de sus oídos, dolencia que se acentuaba con la variación de la presión atmosférica.

También se sabe que se tinturaba el cabello de color negro para ocultar las canas, utilizaba ropa informal y coleccionaba cuadros, gafas, tableros de ajedrez y hasta 60 pares de zapatos con un mismo diseño que van de los números 38 al 40.

Así mismo, que exigía la reproducción exacta de ambientes -los mismos muebles, ropa y libros- en sus diferentes escondites , para no verse afectado sicológicamente con el cambio brusco y periódico de ambiente.

La última información registrada sobre El Ajedrecista es que aunque se desplazaba con cierta frecuencia a Bogotá, permanecía la mayor parte del tiempo en Cali, movilizándose en un carro modesto, con un teléfono celular y un buscapersonas al cinto y una escolta integrada por mujeres.

Sin embargo, los detalles de la vida de este hombre, sus miedos y pasiones y los nombres de sus amigos solo se sabrán con certeza el día de su muerte, cuando salga a la luz pública el libro que empezó a escribir en la prisión de Cadiz-España.

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