FRENOS E IMPULSOS ECONÓMICOS

FRENOS E IMPULSOS ECONÓMICOS

Si a un caballo en rápida marcha le templan las riendas, desacelera el paso. Lo mismo ocurre con los automóviles y las economías cuando se les aplican los frenos. Tal ha sido el fin de las muy elevadas tasas de interés. Desalentar indiscriminadamente el grueso de las actividades, empezando por aquellas de menor rentabilidad o mayor endeudamiento.

06 de junio 1995 , 12:00 a. m.

Por virtud de las presentes normas constitucionales, la política económica adolece de evidente dicotomía: al Banco de la República no le interesa sino defender la capacidad adquisitiva de la moneda mientras al Gobierno incumben el desarrollo y la estabilidad social del país, su dinamismo y sus niveles de empleo.

Sobre la tasa de cambio se ha manifestado con toda nitidez esta duplicidad. Para el Emisor ha sido, junto con la apertura comercial, el arma secreta contra el desbordamiento inflacionario, aunque en la práctica fueran pírricos sus escasos logros. Para el actual Gobierno, no es ésta su única función por cuanto ha de servir al mismo tiempo para preservar y estimular el ritmo de las exportaciones. Si el anterior aplicaba otro criterio, lo hacía en consideración a que los movimientos de capital especulativo sustituían, como en México, los recursos propios de cambio exterior.

Colateralmente al efecto disuasivo de las tasas de interés, y en buena parte por su causa, se venía esperando el desfallecimiento cíclico de la industria de la construcción, en la cual había reposado la responsabilidad de compensar el dramático debilitamiento de la agricultura y en menor grado de la manufactura. También la batalla contra el narcotráfico tiene su costo, no tan solo en desembolsos fiscales.

Un economista tan desprevenido, experimentado y ecuánime como Jorge Ruiz Lara denuncia las distorsiones sufridas por la estructura económica colombiana en el período de 1991 a 1994. Durante él, la tasa anual de crecimiento del Producto Interno Bruto originado en bienes comercializables internacionalmente se redujo a poco más de la tercera parte de la registrada en los no comercializables, en tanto que de 1971 a 199O, a lo largo de veinte años, habían sido virtualmente iguales.

Peor aún. La tasa anual de exportaciones cayó aproximadamente a la mitad, en un retroceso a todas luces deliberado, espectacular y melancólico.

Cierto es que los consumos están a todo vapor y que salvo algunos renglones las tasas de interés no los desalientan en la misma forma ni con la misma rapidez que a las actividades productivas.

El ex ministro Hommes, desde su cómodo sillón de asesor del Banco Mundial en la capital de Estados Unidos, considera que este fenómeno va de la mano con un aumento de las importaciones . Tan predecible como el abultado e intensivo déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos que él prohijara y legara a su sucesor al revivir ciento cincuenta años después la política anti-nacional de don Florentino González, así llamada por el veredicto de la historia. El motivo del aumento de las importaciones lo atribuye a las sospechas del público de que la economía tornará a cerrarse. Añagaza para cargar a otros la culpa de sus equivocadas decisiones gubernamentales. Como si dicho aumento no hubiera venido in crescendo desde cuando tales importaciones fueron liberadas, desgravadas y los mecanismos aduaneros desmantelados. Grande esfuerzo se ha requerido en materia agrícola, por ejemplo, para rehabilitar su producción gravemente golpeada, al igual que sus oportunidades de empleo.

A condición de no tocar la apertura, el ex ministo Hommes propone desde su guarecido refugio en Washington elevar por lo menos en dos puntos el IVA con el objeto de desanimar a la par el consumo de artículos nacionales y extranjeros; de fomentar el ahorro que de 1991 a 1994 experimentara vertical descenso y de contribuir a aliviar el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos. Por no ser su afán de turno el costo de la vida, poco o nada le importa su incidencia sobre este aspecto esencial.

Reconociendo la mayor facilidad de subir los impuestos indirectos y la existencia de fuertes grupos de presión en torno de los directos, Congreso y Gobierno probablemente tomarán en cuenta el amable consejo ultramarino de Hommes. Sin abstenerse de examinar las causas de las cuales el problema se deriva y las implicaciones de la intrépida apertura hacia adentro, con daño de diversas zonas de la producción nacional.

Complicado es adelantar simultáneamente el propósito de tumbar el índice de la inflación y cumplir el compromiso de promover el desarrollo con el programa bandera del empleo productivo. Ninguno a expensas del otro.

Lo comprobamos en el contraste de las reacciones de la opinión pública, en especial de los ofuscados sectores de oposición, cuandoquiera juzgan inclinadas las circunstancias en favor de cualquiera de ellos. Alternativamente se habla de fracaso del Pacto Social para la estabilización relativa de precios o de descalabro prematuro del Plan de Salto Social para el desarrollo del país. Palo porque bogas y palo porque no bogas. O porque se trata de bogar en ambos sentidos, conciliando rumbos Claro que es posible hacerlo. En Colombia y en el mundo se ha demostrado repetidamente su viabilidad. El primer requisito es el de ampliar la visión y no encasillarse en determinada óptica. Deplorable sería que por falta de coordinación se cosecharan reveses en ambos flancos.

Sobre las necesidades del desarrollo, en lo relacionado con la infraestructura en terrible retraso o con el equilibrio social o con la recuperación del ahorro o con el empleo productivo o con excesos distorsionados de los consumos, no se observan divergencias insuperables. Como tampoco en propiciar una moneda sana. Las discrepancias surgen en la marcha de los poderes públicos hacia las metas señaladas. De uno u otro modo es menester resolverlas.

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