SE HUNDE URRÁ

De tiempo atrás y en sucesivas columnas publicadas por EL TIEMPO y comentadas, favorablemente, por D Artagnan, pronosticamos el rotundo y previsible fracaso de esta empresa. En igual sentido se pronunciaron personas tan autorizadas como el doctor Gilberto Arango Londoño.

06 de junio 1995 , 12:00 a. m.

A todas luces y bajo cualquier óptica, era y sigue siendo absurdo construir plantas hidráulicas, teniendo, como tiene el país, excedentes de gas, carbón y petróleo, para generar energía térmica. Resulta también absurdo y sospechoso, que se programe la obra a diez años cuando en el país se han montado plantas térmicas de 300 megavatios en sólo seis meses, como el caso de Termoflores en Barranquilla.

Más grave aún resultaba destruir 8.000 hectáreas de bosques para URRA I y 80.000 hectáreas para URRA II. Ese bien llamado crimen ecológico, privaba al país de una reserva forestal y de una protección ambiental de valor incalculable.

No se explica que esta obra se hubiera concebido como solución a la crisis eléctrica del país, cuando estamos viendo que se avecina un nuevo apagón porque las aguas lluvias no van a colmar los embalses que alimentan las hidráulicas del país.

El sistema hidráulico está desechado en el mundo moderno para generar energía. Sólo lo utilizan los países atrasados, porque la energía térmica, la solar, la nuclear, han sustituido a la hidráulica, hasta en los países subdesarrollados.

Ahora los responsables del funesto y sospechoso descalabro tratan de buscar un chivo expiatorio y aspirar a que la doctora Cecilia López Montaño, ministra del Medio Ambiente, les niegue la licencia de construcción por ofensa al ecosistema y así tener una disculpa para su ominoso empeño.

Desde el principio se supo por el mismo Inderena, que el proyecto afectaba el medio ambiente y las reservas forestales, pero insistieron en hacerlo por razones que nunca podrán explicar suficientemente ante la opinión pública.

Que la alta funcionaria no se deje traspasar este engendro con prohibiciones ambientales, que ellos conocían desde el principio. Que se investigue con rigidez este escándalo.

Ya es hora de que los negociados que afectan, en primer término al Tesoro Público y también al prestigio del país, sean sancionados ejemplarmente y se eviten en el futuro. No más Guavios .

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