MIAMI, UNA CUBA DE OPINIONES ENCONTRADAS

MIAMI, UNA CUBA DE OPINIONES ENCONTRADAS

Hasta que recogió la tienda de campaña la semana pasada, Joe Cardona, un profesor de inglés, había pasado gran parte de su tiempo libre en la acera frente al diario The Miami Herald como parte de una huelga de hambre rotativa .

05 de junio 1995 , 12:00 a. m.

Por qué hacía huelga frente al periódico? Porque ahí llega mucha gente de prensa , dice Cardona, de 27 años. Y qué es exactamente un ayuno rotativo? Bueno, durante unas dos semanas, los participantes de la huelga no comieron durante los turnos de 12 horas que pasaban en la acera, explica. Obviamente, no íbamos a morirnos de hambre , agrega. Era algo simbólico .

El simbólico ayuno provocó una respuesta también simbólica: dos locutores de un programa de entrevistas de la emisora radial en inglés WIOD se presentaron en el lugar una mañana. Los individuos llegaron con un cargamento de suculentos sandwiches cubanos _que se preparan con lascas de cerdo asado, jamón y queso suizo_ y se los ofrecieron a los huelguistas.

Las contraprotestas Durante otra tarde reciente, una media docena de contramanifestantes estadounidenses, que comían costillas de cerdos, trataron de provocar a los cubanoamericanos. Ellos protestan negándose a comer. Nosotros comemos a manera de protesta , dijo uno de los contramanifestantes.

Miami ha sido un lugar fuera de lo común desde hace mucho tiempo. Incluso así, las últimas semanas han sido algo especial, desde que el gobierno del presidente Clinton negoció con Cuba un acuerdo migratorio firmado en mayo. El acuerdo contempla la entrada a EE.UU. de la mayoría de los 20.000 cubanos detenidos en la Base Naval de Guantánamo. Pero también contempla la repatriación directa de los refugiados cubanos rescatados en altamar, lo que ha enfurecido a muchos cubanoamericanos.

Desde que se firmó el acuerdo de inmigración, los cubanoamericanos _que se huelen una concesión extrema a Fidel Castro_ han manifestado su desacuerdo con la medida. Han bloqueado la autopista que lleva al puerto de la ciudad. Han detenido sus autos, bloqueando las garitas de peaje en medio de las autopistas más transitadas de la ciudad. Durante dos días, otras actividades guerrilleras cerraron durante varios minutos varias carreteras, lo que provocó que muchos conductores quedaran atascados, e impotentes, por toda la ciudad. Entonces los cubanoamericanos realizaron una huelga general , cuyo éxito consistió en cerrar brevemente negocios pequeños de los vecindarios predominantemente cubanos de Hialeah y La Pequeña Habana. Los exiliados planean llevar la protesta a Washington la próxima semana.

Durante los 36 años de exilio, los cubanoamericanos con frecuencia se han lanzado a las calles de Miami para protestar por lo que sucede en la isla. Pero ahora las protestas son diferentes. Entre los exiliados existe un sentimiento más profundo de desesperación y frustración, e incluso menos tolerancia de la normal entre los habitantes de Miami que no son de origen cubano. Las protestas son una señal de que el radical cambio de posición de Estados Unidos en su política de inmigración sobre Cuba, decisión que se tomó sin consultar a los líderes comunitarios, ha sido para muchos cubanoamericanos un golpe psicológico. El globo del Miami cubano ha perdido mucho aire.

Es una pataleta , dice Emilio Cueto, un abogado obsesionado con Cuba que de vez en cuando presenta un espectáculo satírico sobre la historia de la isla, donde imita, entre otros, a Castro y a la Estatua de la Libertad. Nosotros creemos que el mundo gira alrededor del mundo cubano de Miami, pero somos una minoría. Eso es lo que somos .

A lo mejor. Pero a veces Miami parece no ser una ciudad estadounidense, sino una nación estado, una Cuba donde se puede protestar.

Ahí está el ejemplo de la huelga. Después que los primeros embotellamientos de tránsito caldearan al máximo el ambiente, los organizadores anunciaron con gran fanfarria que en vez de bloquear el tráfico convocarían a una huelga general. Pero el paro se redujo con rapidez, de un día a dos horas durante el almuerzo.

Entonces, mientras los locutores de la radio en español leían los nombres de docenas de negocios que se unían a la huelga, miles de cubanoamericanos, incluido un contingente de dueños de motos Harley Davidson, vestidos con chaquetas de cuero negro, se dirigieron a una manifestación en la calle principal de La Pequeña Habana .

Las radioemisoras en español anunciaron que 500.000 personas habían asistido a la protesta. El Herald informó que un análisis de fotografías aéreas mostraba unos 7.500 manifestantes. Una semana más tarde, cuatro activistas cubanos se encadenaron al edificio del periódico, en parte para protestar por la información aparecida en el Herald.

Piénsalo , dice Enrique Fernández, que escribe un libro sobre cultura popular latina. Durante los últimos 30 años, los cubanos han desplazado a la mayoría de los anglosajones de Miami, que se han mudado a Fort Lauderdale y a otros lugares al norte. Cómo te sentirías si de repente el lugar donde vives se viera invadido por extranjeros que hablan otro idioma y viven diferente? .

Lo que es más, muchos cubanos se han resistido a asimilarse. Los cubanos todavía practican política cubana como si nunca se hubieran ido.

Eso es molesto para los estadounidenses , dice Fernández.

Nueva generación Mientras tanto, los negros sienten que, a diferencia de los manifestantes negros, la policía trató a los cubanos que bloquearon el tráfico con guante blanco.

Las protestas han dejado en evidencia las profundas fisuras que existen en la propia comunidad cubana, que se ha vuelto más heterogénea. Tras 36 años, muchos exiliados se han vuelto cubanoamericanos, o simplemente estadounidenses. Les preocupa que las escuelas tengan demasiados alumnos, no están dispuestos a permitir que más cubanos desesperados entren a EE.UU. y no les preocupan tanto los abusos de los derechos humanos en Cuba.

En una reunión del comité sobre Cuba de la Cámara de Comercio del Gran Miami, donde se comentaron estrategias sobre cómo mantener la calma en la ciudad, los 10 cubanos que integraban el grupo discutieron acaloradamente en español sobre qué hacer. Encontraron que estaban divididos a partes iguales, dice Pedro Freyre, empresario local. La mitad de nosotros se sintió avergonzado y pensó que había que salir a la calle a buscar algo de respeto , dice.

Todos tenemos sentimientos muy fuertes sobre la situación , agrega Freyre, pero lo que podemos hacer es muy poco .

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