EL CAMBIO CLIMÁTICO ENFERMA

EL CAMBIO CLIMÁTICO ENFERMA

La renqueante salud de la Tierra evoluciona dando tumbos hacia el siglo XXI. El agujero de ozono aún permanece abierto y los modelos matemáticos predicen un controvertido calentamiento global que puede trastocar el clima mundial.

05 de junio 1995 , 12:00 a. m.

Las posibles consecuencias medioambientales han sido analizadas en profundidad, pero, hasta ahora, el estudio del potencial impacto sobre la salud pública discurre por los márgenes de este crucial debate científico.

Las primeras investigaciones en este último campo coinciden en que una subida de más de dos grados centígrados en la temperatura media mundial puede provocar un incremento dramático de las enfermedades infecciosas tropicales, como la malaria, que anualmente acaba con la vida de millones de personas en el mundo.

Existen sospechas científicas de que un nuevo cambio climático ha comenzado, pero algunos gobiernos e investigadores las consideran insuficientes y otros dudan de que la acción del hombre acentúa este proceso.

Estudios epidemiológicos recientes revelan que el agujero de ozono sobre la Antártida es el responsable del incremento en un cien por ciento del número de melanomas en Chile. Estas cifras dan credibilidad a un informe del Programa para el Medio Ambiente de Naciones Unidas, que en 1991 vaticinaba que los cánceres de piel tendrían un aumento del 26 por ciento en solo una década. El trabajo pronosticaba también un espectacular incremento de los casos de cataratas y de las enfermedades infecciosas, por el paulatino debilitamiento del sistema inmune a causa del exceso de radiación solar.

Estos datos no escapan ni a la Organización Mundial de la Salud (OMS), que a finales de año hará público un informe sobre los posibles efectos del calentamiento de la Tierra, ni a los científicos del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), que en un próximo documento incluirán por primera vez un capítulo dedicado a los riesgos sanitarios.

La expansión de las enfermedades infecciosas sería el mayor problema de salud pública relacionado con el cambio climático , afirmó recientemente a la revista Science el microbiólogo de la Universidad Johns Hopkins, Jonathan Patz. En efecto, la mayor parte de las investigaciones realizadas indican que un ligero incremento de la temperatura provocará que se multipliquen los insectos que transmiten los agentes infecciosos de la malaria, la esquistomiasis, la tripsomaniosis y la filiarasis. Estas cuatro enfermedades tropicales amenazan a más de 3.000 millones de personas, de las cuales enferman unos quinientos millones y dos millones fallecen cada año.

El posible incremento de la malaria quita al sueño a los científicos. Su índice de mortalidad, estimado en casi dos millones de fallecimientos anuales, es muy superior al del sida. Pese a los últimos avances en el diseño de vacunas, la malaria está muy lejos de ser una infección controlable, especialmente por la aparición de cepas del parásito resistentes a los fármacos.

El agente infeccioso de la malaria, el Plasmodium falciparum , es transmitido por el mosquito Anopheles . Durante muchos años, la OMS intentó hacer frente a la enfermedad mediante la eliminación del mosquito, pero los intentos fueron un fracaso ya que ha conseguido hacerse inmune a los insecticidas. Como otros insectos de sangre fría es muy sensible a los cambios de temperatura y algunos estudios han relacionado un incremento de las infecciones de malaria con subidas de la temperatura.

Uno de estos trabajos fue publicado el pasado año en The Lancet por el investigador Michael Loevinshon, del Centro Internacional para el Desarrollo de la Investigación de Nueva Delhi. En su estudio relacionaba el aumento del 337 por ciento de casos de malaria registrados en las zonas montañosas de Ruanda durante 1987, con una subida de la temperatura de un grado centígrado en ese país africano. Otros trabajos, según señala un informe publicado en Science, han detectado también que el incremento de la temperatura en zonas montañosas de Colombia, la India, Costa Rica o Kenia ha provocado la aparición del mosquito Aede aegypti , que propaga la fiebre amarilla y el dengue, en altitudes hasta hace poco impensables.

Estos datos epidemiológicos actuales han motivado el desarrollo de modelos climáticos y epidemiológicos para comprobar cual sería la incidencia de la malaria si el calentamiento global sobrepasara los tres grados centígrados hacia el año 2050. Uno de estos modelos, desarrollado por investigadores del Instituto Nacional de Salud Publica de Holanda, calcula en 50 a 80 millones el número de casos adicionales que se producirían anualmente en ese escenario de cambio climático.

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