ESPAÑA EN EL CORAZÓN

ESPAÑA EN EL CORAZÓN

No. No fue barrida. No hubo tierra arrasada. La derecha española con José María Aznar a la cabeza no acabó con el partido socialista de Felipe González, a pesar de que era ese el ambiente que había en España días antes de los comicios: que después de doce años de gobierno y desgaste del PSOE, lo más seguro sería que el Partido Popular (PP) propinara tremenda sorpresa. Y así lo pronosticaban inclusive las más serias encuestas. El resultado, después de tanta alharaca? Escrutado el ciento por ciento de los votos, el PP obtuvo una ventaja sobre el PSOE de poco más de 4 puntos porcentuales. En las elecciones europeas de junio pasado, los populares habían derrotado a los socialistas con una diferencia de 10 puntos.

02 de junio 1995 , 12:00 a. m.

Y por qué existía la presunción generalizada de que a Felipe no solo iban a derrotarlo sino a aplastarlo? Por varias razones.

Primera: es cierto que, como también ocurre aquí con el liberalismo, se preveía cierto hastío de las masas votantes por eso que Alvaro Gómez llama gráficamente El Régimen. Cansancio que sinembargo no alcanzó a traducirse en las urnas en la forma como se pensaba, pues, pese a los escándalos de corrupción y de perpetuación del poder, es innegable el desarrollo económico y social que ha recibido España a lo largo de estos últimos doce años, con su incorporación a la Unión Europea y una moneda fuerte, que sigue sosteniéndose frente al dólar. Esto es, que para el turista y ni se diga el colombiano, España (con solo 120 pesetas por un dólar) es, sigue siendo, un país tan delicioso como costoso.

Pero además de la capacidad adquisitiva del español promedio, y del robustecimiento de una clase media estable y poderosa, con una calidad de vida quizás de las mejores de Europa, no hay que olvidar que en estas elecciones autonómicas y municipales la maquinaria del partido continúa movilizando franjas aparentemente dormidas pero que de alguna manera se han favorecido de los beneficios del Estado socialista en materia de subsidios, como en el caso de los jubilados, y aun de los parados. Es decir, de los que no consiguen empleo y están en paro.

Privilegios, supongo, o mejor sería decir garantías sociales, que esa masa supuestamente adormilada de sufragantes tampoco iba a echar por la borda así tan de buenas a primeras.

En segundo término es evidente que, a pesar de que el atentado que perpetró la ETA contra su integridad le representó a la postre un pocotón de votos solidarios, la imagen de Aznar es la de un bisoño bien parecido, vestido y casado, pero al que sin duda le faltan fuerza dialéctica y poder de convocación. Es decir, liderazgo.

Y en tercera instancia porque, en contraste, González sigue comportándose como un animal político fenomenal. Que no se amedrenta ante ningún escenario, comenzando por el Congreso y frente a opositores que rugen. Encarna eso que se llama la majestad del poder, con arrogancia pero con convicción. Los medios curiosamente lo quieren cada vez menos, pero la capacidad disuasiva de éstos quedó en veremos, desde el punto de vista electoral.

Sí. Felipe sigue reinando, y posiblemente eso se le acabará. Pero no está arruinado, ni destronado. El suyo, después de una docena de años mandando, es un gobierno pese a todo respetado, aun con los excesos y corruptelas registrados en esta última época. Y a Aznar, quien presumiblemente llegará pronto a la Presidencia, le falta garra. Audacia. Y, de pisar La Moncloa, será por un proceso inexorable de desgaste de los socialistas, como podría ocurrir aquí con el liberalismo. Pero no porque constituya aún una alternativa arrasadora.

* * * Estuve en la primera corrida de Rincón en la plaza de Las Ventas, que resultó un fiasco por culpa de los toros. Los astados han sido en general el gran lunar de la Feria de San Isidro. Y no alcancé a asistir a la segunda, el lunes pasado, donde el torero colombiano volvió a salir por la puerta grande, un poco contra la creencia y de paso las envidias de quienes, como en el caso a Felipe González, lo consideraban acabado.

Y es que son ejemplos diametralmente distintos aunque semejantes. El de dos hombres que se crecen y se lucen frente a la adversidad. Como colombiano, sufrí por Rincón porque era claro que de no salir airoso de alguno de sus compromisos en Las Ventas, la posibilidad de volver a contratarlo podía complicarse. Al fin de cuentas, es un torero extranjero, con hinchada pero que no deja de ser mirado con recelo por cierta crítica taurina.

Es, sin duda, como lo dijo María Emma Mejía con la autoridad de su investidura diplomática, nuestro mejor embajador, ante audiencias para las cuales los toros son siguen siendo la fiesta cumbre de España. Al igual que Botero y que Gabo. Y, ahora, Manuel Elkin Patarroyo, recibido como una estrella por los estudiantes que hace una semana abarrotaban el anfiteatro de la facultad de Medicina de la Universidad Complutense, para escuchar su método revolucionario contra otras enfermedades, además de su invención cada día científicamente más reconocida, empezando por el Instituto Pasteur de la vacuna contra la malaria.

Y es entonces cuando a pesar del estigma que sabemos y cargamos se siente uno orgulloso de ser colombiano, en tierras ajenas pero que jalan el corazón de nuestra hispanidad.

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