BRUCE WILLIS

Qué rico que los gringos le estén quitando el velo dramático a sus cintas de acción.Lo que antes se veía como verdaderos bodrios fílmicos plagados de explosiones y devastadores actos sobrehumanos, se ha convertido gracias al siempre refrescante elemento humorístico en un género mucho más llevadero y por ende más divertido.

02 de junio 1995 , 12:00 a. m.

El asunto, para delimitar un poco la nueva tendencia, partió con la serie de Arma Mortal I y II (interpretada por el melenudo Mel Gibson y el gordo Danny Glober) que sin quererlo abrió el sendero.

Vino entonces Hudson Hawk, El halcón anda suelto, cinta interpretada por Bruce Willis, Andie McDowall y Danny Aiello, quienes con un sentido del humor más desarrollado protagonizaron este filme de acción espectacular que, la verdad sea dicha, resultó muy poco creíble. Sin embargo, el tono simpático salvó a esta película de la debacle y si no es por ello, seguramente no habría dado ni para media estrella.

Después, presentando a otro héroe de acción, quien durante tanto tiempo había sido el temor de los maleantes (mister Arnold Schwarzenegger), el género se refrescó con el extraordinario título El último héroe americano que directamente se burló de la acción y su maltratrado esquema dramático, vengativo y destructor.

Llegó después Máxima Velocidad, otra explosiva producción con delicados toques de humor; y al pie de ella, la maravillosa y absolutamente divertida Mentiras verdaderas, con el rostro de un supergozón Schwarzenegger sobándole la vida a los árabes.

La tercera es la vencida Y hoy, continuando esta sabrosa línea de comedia de acción, aparece en la cartelera nacional el título Duro de Matar III, con el subtítulo de La venganza.

Otro filme de acción dirigido por John Mctiernan (realizador de las dos versiones anteriores) la cual presenta de nuevo al corajudo oficial McClane interpretado por Bruce Willis, quien retorna a su trabajo tras la petición de un sicópata (el ácido Jeremy Irons) dispuesto a volar con bombas a Nueva York si la policía no accede a sus nefastas peticiones.

Entonces McClane (Willis) emprende una tarea de persecución del temible malhechor, al tiempo que asume la tarea de salvación ciudadana, acompañado, inesperadamente, por un simpático negro (el vibrante Samuel L. Jackson de Pulp Fiction y Fiebre de Selva) quien se le atraviesa en su camino.

La cinta sin duda resulta un verdadero goce, plena de humor negro que se extrae de las exageraciones y las situaciones extremas los mejores momentos de tensión.

Entonces es cuando la acción se ríe de sí misma pero sin perder su esencia. Es la misma acción explosiva e increíble (y ahora cargada de un sonido verdaderamente sorprendente) pero protegida del espantoso ridículo por el escudo del humor. Y en eso Willis se defiende, hay que decirlo.

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