La vida misma en catorce cuentos

La vida misma en catorce cuentos

“Escribí los cuentos que conforman La bondad de las almas muertas respondiendo a un impulso interior que me movía a convertir recuerdos, experiencias, sueños, absolutamente todo, la vida misma, en una historia”, cuenta Elkin Restrepo –poeta, narrador, dibujante y Premio nacional de poesía Vanguardia, con la serie de poemas Bla, bla, bla– al referirse a su más reciente libro de relatos.

12 de marzo 2009 , 12:00 a.m.

Son catorce las historias que tejen el entramado que armó Restrepo. Y aunque todas, a su manera, resultan asombrosas, conmovedoras y curiosas, el lector podrá descubrir que este libro se le pega a las manos gracias a un hilo conductor que Restrepo supo hilvanar muy sutilmente de cubierta a cubierta.

Este no podía ser otro distinto del amor.

Pero hay que aclarar que en sus páginas no se encuentra aquel amor cargado de clichés: muy idílico, algo romántico y casi perfecto, sino, por el contrario, ese que es más bien contrariado, negado, difícil, inalcanzable o perdido.

Ni real ni fantástico “Mis cuentos tratan del amor y de las sutiles y férreas telas de araña que lo envuelven y marchitan. Me atrae ese revés que la pasión construye en su camino; aquella parte oscura que, quiérase o no, acaba con lo que una vez fue dicha carnal, logro, instante supremo o que termina por confundirse con su remedo”, dice.

A veces, el escritor ubica a sus personajes en situaciones que no son del todo verosímiles, lo cual, según explica Restrepo, corresponde a su manera de ver el mundo: “Este no es real ni fantástico, es ambiguo, o ambas cosas a la vez: milagroso, en una palabra; por eso, mis personajes actúan en ese umbral en el que lo arcaico participa del presente, lo real del sueño, lo trivial del misterio, lo cotidiano de lo maravilloso, lo moral de lo libertino y lo civilizado de lo decadente y bárbaro, en un movimiento continuo que los atrae y los repele”.

Así, Restrepo retrata en La bondad de las almas muertas el mundo de los adultos, con sus mil y un asuntos, sin bordes y en el que todo cabe, haciendo de la escritura un espejo que lo refleja y multiplica. Sobre todo, ese asunto que él incluyó tan cuidadosamente en sus textos, pero aclara que “carece de teorías sobre el amor y está seguro de que vivirlo es mucho más recomendable que hacer literatura”.

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