NUEVO INTENTO DE PAZ

NUEVO INTENTO DE PAZ

Radicalizando su lucha, la guerrilla muestra su poca predisposición al diálogo. Los actos de Guayabetal, del Huila y de la Costa no son solamente la repetición de la estrategia de fortalecer para negociar, sino la advertencia de que no hay vocación de paz.

25 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Las razones son múltiples. En primer lugar Samper no pasa del diseño a la concreción de políticas sociales. La pobreza acumulada del anterior gobierno se generaliza y el campo sigue abandonado, circunstancias que no permiten hablar de justicia social.

El Gobierno, a sus múltiples conflictos les busca otros. Por ejemplo la exagerada política de erradicación del narcocultivo, sin previas fórmulas de sustitución, alinean al colono contra el Estado y lo ponen del lado de la guerrilla, o el relativo éxito que puedan tener esas medidas, sólo logra liberar mano de obra que puede desplazarse hacia actividades igualmente ilícitas como el secuestro, la piratería, o a engrosar la guerrilla.

El comisionado para la paz, juega un papel discreto. Ha sido además intrascendente y de poca eficacia; su vieja raigambre de cacique le restó ascendencia, como para colocarse por encima del conflicto, pues alguna vez, él, como la clase dirigente tradicional, contribuyó a la generalización de todas las contradicciones que existen en Colombia.

No existiendo condiciones propicias para que el dialogo nacional arroje resultados positivos, se deben buscar nuevas alternativas distintas a la militar, y al dialogo concentrado, es decir, prescindir de las formulas fracasadas; o en caso extremo ensayar nuevas alternativas sin abandonar los viejos procedimientos.

El dialogo regional puede intentarse. Lo reclamó recientemente el gobernador del Vichada, Alvaro Londoño, dirigente Galanista de toda la vida. La ventaja de este tipo de diálogos no es sólo por su innovación sino porque aprovecha factores locales de diversa índole. Uno, el inevitable y provechoso fraccionamiento de la guerrilla, y también, la proximidad al conflicto de los mandatarios secciónales, que conocen a los protagonistas del alzamiento, o ellos son conocidos por estos; se los encuentra con frecuencia y pueden hablarles con altivez, reclamarles si es el caso por las consecuencias sociales de la guerra que ellos desatan.

Regionalmente el dialogo combina elementos institucionales con otras organizaciones. En no pocos departamentos como el Meta, la UP juega un papel decisivo en los gobiernos seccionales y este partido por su inocultable afinidad política con algún sector guerrillero, puede ser factor catalizador del conflicto que allane caminos a la paz. Las iglesias, las organizaciones campesinas, las asociaciones tienen conocimiento y proximidad a las zonas de influencia como para impulsar la reconciliación en zonas determinadas, pues los guerrilleros son siempre de la región, y a ellos, colectiva o individualmente, se les puede llegar por intermedio de esos organismos.

Se deben buscar, como en Aguachica (Cesar) pronunciamientos populares, a través de consultas, que puedan increpar a la guerrilla y decirle cual es la voluntad de las gentes, su sentir mayoritario: si la guerra o la paz, para que la guerrilla tenga una clara advertencia sobre el terreno que pisa y no se exponga a ser sitiada por los ciudadanos.

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