DON LUIS DUQUE PEÑA

DON LUIS DUQUE PEÑA

Conmoción Nacional, Departamental y, en especial, a la Provincia del Alto Magdalena causó el fallecimiento de don Luis Antonio Duque Peña, dirigente cívico, empresarial y político que partió en dos la historia de la ciudad de Girardot.

23 de marzo 1996 , 12:00 a.m.

Falleció en Bogotá a la edad de 83 años, durante los cuales argumentaba me siento satisfecho de cada instante de mi vida, pues a lo largo de ella Dios me dio la oportunidad de vivir en la pobreza, la riqueza y la abundancia; pero siempre manteniendo mi espíritu humilde y noble que me permite ayudar a mi comunidad .

Con nostalgia recordamos los girardoteños sus anécdotas iniciando su carrera empresarial a la edad de 30 años con la Empresa de Transporte de Carga Duque S.A. con una pequeña oficina frente a las actuales instalaciones de la Estación de la Sabana en Bogotá, hasta llegar a convertirse en uno de los mayores exportares de café, diversificando sus negocios, pero manteniendo sus trilladoras en las principales ciudades cafeteras del país, generando grandes fuentes de empleo.

Girardot vivió hace 20 años la visión y el empuje empresarial de Duque Peña, cuando inició sus grandes inversiones a través de lo que en su momento se le tildó de quijotesca idea como fue la construcción del Hotel Lago Mar el Peñón, posteriormente el Condominio y las canchas de golf y Lagos del Peñón. A pesar de su edad, consideraba al tiempo su aliado, pues inició y anhelo ver iluminados 9 hoyos del Peñón Golf Club, con una inversión aproximada a los $ 5.000 millones de pesos, único en su género en Latinoamérica. A través de la colaboración del Gobierno Nacional gestionaba la construcción de un nuevo acueducto para Girardot, y la solución definitiva al problema de la luz de la Ciudad de las Acacias.

Aseguramos los girardoteños que la historia del Municipio se dividió en dos. Antes y después de Luis A. Duque Peña, pues a través de su amistad personal con los ex presidentes Alfonso López Michelsen y Julio César Turbay Ayala, y con base en su empeño, cariño y vocación de servicio a Girardot, logró la realización de grandes obras que hoy aprecian los visitantes y usufructúan sus habitantes como lo son entre otras las instalaciones del Sena, el Colegio Departamental Francisco Manzanera donde se capacitan cientos de girardoteños y ciudadanos de la Provincia del Alto Magdalena, el Banco de la República, la Terminal de Transportes; y el Palacio Municipal. Disfrutaba cada uno de los partidos del Girardot Fútbol Club del cual fue su impulsor y promotor.

Consideró que el éxito de sus negocios se lo debía a su honestidad, sinceridad, puntualidad y en especial a la gran responsabilidad que asumía ante cualquier proyecto, pues aunque la vida no siempre le sonreía, supo responder por sus compromisos que le daba credibilidad y confianza con quienes mantenía relaciones comerciales. De igual manera fue un enemigo permanente de la corrupción y la deshonestidad, censuraba la deslealtad y la traición, en especial de las personas a las que políticamente proyecto y en las que depositaba su confianza, argumentando siempre que dejaba en manos de Dios sus acciones.

Opinaba que el éxito de la administración pública, se obtenía en la medida en que se aplicara a ella los principios de la empresa privada, por ello vio en la alcaldía municipal, de la cual fue su primer alcalde electo por voto popular, una gran Gerencia desde la cual podría transformar a la ciudad, creándole la infraestructura suficiente de servicios públicos, que hiciera llamativa a Girardot para los inversionistas.

Servidor incansable del partido liberal, del cual fue su tesorero general, posteriormente miembro de la Comisión Política Central y Embajador Plenipotenciario en Guatemala. Por su trayectoria, su capacidad y su experiencia, era permanentemente consultado y escuchado por la Dirección Liberal Nacional y por los presidentes liberales en su momento.

Dado lo ambicioso de los programas de Gobierno que planteaba, si después de una campaña obtenía una derrota política, consideraba que la comunidad era la única perdedora, pues ello le permitía dedicarle un mayor tiempo a sus empresas.

Se respira un gran vacío en esta ciudad de las Acacias, casi que orfandad ante la ausencia del hombre cívico, católico, cariñoso, familiar, benefactor, líder; pero ante todo amigo. Extraña el Camellón del Comercio el diario caminar del señor vestido de blanco que transformó a Girardot y su Provincia.

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