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MANUELA BELTRÁN Y LA REVOLUCIÓN DE LOS COMUNEROS

MANUELA BELTRÁN Y LA REVOLUCIÓN DE LOS COMUNEROS

A fines de la centuria dieciochesca la provincia santandereana de El Socorro era el epicentro más populoso, industrioso y comercial del interior del país. Su atormentada geografía convocaba una veintena de poblaciones de ancestro hispánico, comunicada por una tortuosa red de caminos de herradura. Sus habitantes se distinguían por un fuerte individualismo, por su carácter levantisco, emprendedor y trabajador. Había en el Mánchester granadino una intensa agroindustria textilera, de melazas y aguardiente, de plantaciones de tabaco, fique y algodón, y aun de ganadería, que ocupaba una densa mano de obra tanto citadina como campesina.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
27 de marzo 1996 , 12:00 a. m.

Esa masa trabajadora era continuamente atropellada por numerosos, impopulares y gravosos impuestos; por la prohibición de cosechar y comerciar tabaco, de tener alambiques y factorías, amén de los atropellos y depredaciones constantes de los alcaldes, guardas de rentas y gendarmería. Contra tan insoportable situación estalló la protesta popular de El Socorro, el 16 de marzo de 1781.

Tuvo su origen aquel alzamiento armado del populacho enardecido en la maquiavélica y oportunista actitud de un grupo económico de presión, situado en la Plazuela de Chiquinquirá, y que el pueblo llamaba los magnates de la Plazuela , o, simplemente, los Plazueleros . Se trataba de un trust de los expendedores de carne o matarifes peseros , dicen en los Santanderes que controlaba y monopolizaba el abastecimiento de carne en gran parte de la provincia.

Su negocio básico consistía en importar, acaparar, cebar, despresar y vender el ganado al menudeo. Jefe omnipotente y soberbio de los Plazueleros era el ricachón, seudoaristócrata y compadre de todo el mundo don Juan Francisco Berbeo, acolitado por el numeroso e influyente clan familiar de los Ardila. Acosados por la alcabala y la armada de barlovento, impuestos que afectaban sus ingresos, ganancias y especulaciones, prepararon con debida antelación la insurrección.

El viernes 16 de marzo era día de mercado en El Socorro. La afluencia de gente a la villa fue aprovechada astutamente por los Plazueleros . El bochinche estalló en la Plazuela y de allí partió, en plan de asonada, a la Plaza Mayor. Con el redoble del tambor de José Delgadillo, una chusma ebria irrumpió agresiva contra las autoridades y los símbolos realengos. Súbitamente, en increíble gesto de valor y de audacia, la bravía cigarrera socorrana Manuela Beltrán se trenzó en agria disputa con los gendarmes que trataron de arrebatarle unos tangos de tabaco, algunas libras de arroz y un ovillo de hilo.

Desafiante y altanera, la heroína saltó hacia la inmortalidad. En el portal de la Recaudación, iracunda e incontenible arrancó, despedazó y pisoteó el edicto real que ordenaba las tarifas y precios de los gravámenes. Lo sorpresivo y aleccionador de aquel altivo gesto, envalentonó a la muchedumbre que se precipitó por los atajos de la violencia revolucionaria.

El grito de Viva el rey, muera el mal gobierno, no queremos alcabala, no queremos armada de barlovento , retumbó entonces justiciero y enardecedor en el virreinato granadino, en la capitanía de Venezuela y en la presidencia de Quito. Y aun repercute vigoroso en las ariscas breñas santandereanas.

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