ARENAS BETANCOURT

ARENAS BETANCOURT

Se fue el maestro y se fue como los grandes. Poniéndole la cara a la muerte, o mejor, de la mano con ella, sabiendo que iba a llegar, esperándola con la tranquilidad espiritual que sólo pueden tener quienes saben que se cumplió con la misión y que su huella sobre el mundo es imperecedera. Nos quedan sus letras, y nos quedan sus obras como testimonio majestuoso de la vida creativa y libre de ese gladiador sin escudo al que aludió Belisario Betancur, que en muchas oportunidades sorprendió a un país al que inicialmente le costaba trabajo comprenderlo, pero que terminó por admirarlo, quererlo y respetarlo, como verdaderamente lo merecía.

17 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

El Bolívar desnudo, el monumento al Pantano de Vargas, el monumento al General José María Córdoba, el Prometeo, El guila que cae o el Cristo de la Liberación habrán de recordarles, a las generaciones presentes y a aquellas por venir, a ese hombre de Fredonia, de la blanca cabellera y las barbas largas, que, como en la canción de Godoy, tantas veces nos hizo sentir orgullosos de ser colombianos.

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