Y QUÉ GUAPA ESTÁ!

Y QUÉ GUAPA ESTÁ!

Cómo era físicamente el héroe?, es la pregunta que se hace un pueblo años después de que tuvieron lugar las hazañas en que tomó parte y que lo inmortalizaron. Se han impreso decenas de libros en los que se recopilan las representaciones de Alejandro Magno, Julio César, Aníbal, Napoleón, Washington, Bolívar, San Martín. El primer interrogante surge entorno al rostro de frente y de perfil, según la moda, después en relación con la estatura y por último la figura. Y para terminar de fijar su imagen, se escuchan cuidadosamente las anécdotas vinculadas al comportamiento de ese ser humano cuyas acciones siguió todo un pueblo, ansioso de imitarlas.

31 de marzo 1996 , 12:00 a.m.

Cómo eran el rostro y el aspecto de Policarpa Salavarrieta, una mujer que forma parte del imaginario popular y cuyo nombre se ha reconocido como sinónimo de valor? El corto periplo de su vida, de 1796 a 1817, solamente veintiún años, su origen humilde y lo delicado del papel que se le reconoce tradicionalmente en la guerra de Independencia el de ser enlace de guerrillas, permiten deducir que no se realizaron imágenes de la heroína colombiana mientras estaba viva.

La descripción literaria más antigua, y seguramente la única que se hizo de Policarpa Salavarrieta tomada del natural, se debe al cronista de la Independencia José María Caballero (activo en Bogotá entre 1802 y 1819), quien reseñó, aún no se sabe con qué intención, el momento del sacrificio de la patriota a manos de las autoridades de la reconquista española. Este bosquejo es un poco más largo y detallado que cuantos hizo de los demás mártires: A 10, le hicieron consejo de guerra a la Pola y a quince de sus compañeros, por un plan que dicen había hecho para mandar a los Llanos, donde los patriotas. Era esta muchacha muy despercudida, arrogante y de bellos procederes, y sobre todo muy patriota; buena moza, bien parecida y de buenas prendas. Salió en medio de los demás presos, sus compañeros. Iba en camisón de zaraza azul, mantilla de paño azul y sombrero cubano .

En esta ingenua crónica se encuentran los elementos de la iconografía primaria: despercudida entiéndase blanca, buena moza , bien parecida , buenas prendas léase bella. Arrogante y de buenos procederes , alude a la elegancia, la postura y el gesto. En camisón de zaraza azul, mantilla de paño azul , esto es, vestía un traje de tela ligera azul y mantilla de tela pesada, igualmente azul. Sobre la cabeza llevaba sombrero cubano, es decir, de paja.

Antes de entrar a agrupar, clasificar y analizar la iconografía de la Pola, se hace necesario examinar panorámicamente el conjunto de obras con el objeto de corroborar si los autores tuvieron en cuenta esta fuente primaria al crear sus imágenes y cuáles de los elementos de esta descripción subsistieron. En la mayoría de las representaciones persiste el pigmento blanco de la piel, el despercudida de la narración de Caballero, lo que quiere decir que los pintores así lo aceptaron, aunque habrían podido convertirla en una mulata para hacer más emblemático y efectivo el ícono. También se observa que tuvieron en cuenta el tipo étnico de la región, ilustrado en la acuarela Muchacha de Guaduas en traje dominguero, que realizó en 1846 el viajero y diplomático inglés Edward Walhouse Mark. Al contemplar la imagen de esta muchacha no se puede menos que creer en la tez blanca y sonrosada de la Pola. Para algunos historiadores tradicionales, el calificativo despercudida ha servido para elogiar la hispanidad de la raza: Policarpa Salavarrieta, la mártir prototipo de una clase de mujer heroica, encarnación de la raza hispana, cuyo sacrificio ejemplariza y dignifica a la mujer patriota de la Nueva Granada . En la mayoría de las imágenes se observa el aspecto de buena moza, de mujer bella aunque un poco gruesa, tipo propio de las matronas colombianas del siglo pasado. En cuanto al traje, casi todas las obras anteriores a 1900 mantienen el color azul a que hace referencia la descripción de Caballero. La costumbre de los habitantes neogranadinos de vestir de azul llamó la atención del viajero norteamericano Isaac Holton, quien describió en 1852 el paisaje del Magdalena, con comentarios como: Las mujeres (...) estaban sentadas en la playa (y) me sorprendió el hecho de que todas llevaran faldas azules. Después me di cuenta de que ese es el color que usan preferentemente en la Nueva Granada, (...) Tan fuerte debía ser esta práctica, que incluso Mark se solazó en traducir pictóricamente con manchas y toques azules los trajes de las mujeres, enriquecidos en sus acuarelas por el verde de los paisajes. El mantón de paño azul, otro elemento que se encuentra en la descripción del vestuario, aparece en alguno de los retratos, aunque no muy detallado.

La segunda fuente iconográfica se basa en el relato de Andrea Ricaurte de Lozano, quien conoció y escondió a La Pola en su casa cuando huía de los españoles. Allí abundan las anécdotas relativas a su aprehensión y una pequeña descripción física que no agrega nada nuevo a los datos suministrados por Caballero: Policarpa era joven y bien parecida, viva e inteligente; su color, aperlado. El joven Bibiano (su hermano) se le parecía (...) Como ella no era conocida en la ciudad, salía y andaba con libertad (...) Como al mes fusilaron a Policarpa; salió al banquillo con camisón y mantellina azul . La reseña de la señora Ricaurte se ha convertido en una especie de evangelio apócrifo, del cual han surgido innumerables narraciones literarias. Resultaría interesante hallar un retrato de Bibiano quien en la edad adulta fue sacerdote para tener una aproximación real del físico de la Pola.

La tercera fuente, aunque secundaria, es la pieza teatral La Pola. Trajedia en cinco actos, de José María Domínguez Roche, escrita en 1820, impresa en 1826, representada dos veces en 1820, una en 1826 y otra en 1836. Es muy posible que este drama haya sido el germen de aquella iconografía más complicada en la cual la Pola aparece en una suerte de cubo escénico, rodeada por otros personajes distintos del centinela y el confesor. La fuente de inspiración de la tragedia de Domínguez Roche no fue solamente vivencial. Tenía 29 años cuando la Pola fue fusilada, era hijo de criollo y española, era realista en 1810 y posteriormente patriota converso. La crónica de Caballero o el relato de Andrea Ricaurte debieron sugerirle muchos de sus personajes: el soldado español que brinda a Policarpa un vaso de agua o de vino, el sacerdote que se ofrece a ayudarla a perdonar, su novio Sabaraín, el soldado que la localiza en su escondite, los planes subversivos y los espías españoles en Bogotá.

Heroína romántica Es importante insistir en la inusitada rapidez con que se conformaron una especie de evangelios apócrifos que reiteraban uno tras otro las versiones del hecho. Aquí vale la pena señalar la fuerte analogía que existe entre las siete palabras y la última proclama de la patriota, entre la muerte de Cristo y la ejecución de la Pola narrada por Caballero: A 14 decapitaron a esta ilustre joven con sus dignos compañeros, en la plaza, y sentada en el banquillo, dijo: que cerca estaban quienes vengarían su muerte , y un oficial le fue a dar un vaso de vino y dijo que no lo tomaba de manos de un tirano ; y al pueblo le dijo: Pueblo de Santafé! Cómo permitís que muera una paisana vuestra e inocente? , y después dijo: Muero por defender los derechos de mi patria . Y exclamando al cielo, dijo: Dios eterno, ved esta injusticia . Dijo y exclamó otras cosas dignas de eterna memoria. Así murió con seis crueles balazos .

En 1851, siendo presidente, José Hilario López leyó parte de sus Memorias a jóvenes estudiantes del Rosario, entre quienes se contaba José María Cordovez Moure, quien evocaría las circunstancias años más tarde. De cuantas existen, la narración de López es quizás las más complicada y llena de frases elocuentes. López había compartido poco tiempo atrás la guerra y la prisión con Sabaraín, y su castigo había sido servir en el ejército español. Por una casualidad del destino, le tocó ocupar el puesto de vigilante cuando los prisioneros entre ellos la Pola y Sabaraín entraron en capilla un día antes de ser fusilados, tarea de la cual solicitó ser relevado. Desde el punto en donde se me situó de centinela podía oír perfectamente todo cuanto decía la Pola y ver todas sus acciones, pues me hallaba como a diez y seis pasos de distancia de su capilla . En su versión, la Pola no se asemeja a Cristo, su perfil es el de una patriota incontenible, una verdadera heroína romántica que incita al pueblo a la revolución. Físicamente la describe poniendo en boca de un cabo centinela estas palabras: Hola! Con que la mujer conoce a Usted? Y qué brava está! Qué guapa es! .

Es casi seguro que las Memorias de López originaron todo el grupo iconográfico, creado por José María Espinosa, que representa a La Pola en capilla. Existen varias razones que sustentan esta afirmación. En primer lugar, los dos óleos de Espinosa que muestran a la heroína están firmados y fechados en 1855 y1857, es decir, son posteriores a la lectura del testimonio del presidente en el claustro del Rosario, que, como se dijo, sucedió en 1851. En segundo lugar, existía una gran amistad entre el pintor y el presidente: Espinosa, López y Sabaraín lucharon en la Campaña del Sur comandada por Nariño, fueron encarcelados y padecieron la cruel práctica española de quintar a los prisioneros. En sus propias Memorias, Espinosa se refiere a él como el joven López, que era casi un niño . Una vez establecida la República, el abanderado lo incluyó en su afamada galería de próceres cuyos retratos fueron impresos en París. Por todo lo anterior, no resulta descabellado sospechar que el centinela que vigila a la Pola tras las rejas, cuya mirada es más medrosa que arrogante, representa a José Hilario López. El mismo se ocupó de aclarar que, al pasar por la capilla en donde estaba La Pola, ésta que me observó lloroso por más que yo procuré no ser visto de ella, me dijo: No llore usted, Lopecito, por nuestra suerte, nosotros vamos a recibir un alivio librándonos de los tiranos, de estas fieras, de estos monstruos . Como testigo excepcional, la declaración de López ha servido de base a los historiadores románticos para difundir consignas alrededor del valor de los mártires de la Independencia. En contraste con Caballero, el general se ocupó primordialmente de reconstruir de forma literaria las arengas de la Pola, al punto de presentarla como una mujer poseída que trató de prevaricadores a los sacerdotes que se ofrecieron a auxiliarla en el trance de la muerte, que acusó de viles y miserables a los soldados americanos al servicio del gobierno español, y que tachó a los godos de monstruos de iniquidad . Como fuente, el testimonio de López presenta el problema de haber sido escrito tardíamente y, aunque su autor presenció todas las escenas descritas, éstas no poseen la inmediatez que conmueve en la crónica de Caballero.

Desde el punto de vista iconográfico, la figura de Policarpa se debate entre el neoclasicismo y el romanticismo. Al primero se halla adscrita su representación de mujer serena ante la cercanía de la muerte, noción inconfundible de la ética clásica. Al romanticismo la ligan las creaciones literarias y pictóricas del siglo XIX y comienzos del XX que exaltan su arrojo, su valentía y su ánimo subversivo. Se ignoran las razones por las cuales el Papel Periódico Ilustrado no publicó grabados de la Pola ni de ninguna otra heroína y solo consagró unas cuantas páginas a las biografías de Antonia Santos y de Mercedes Abrego. Luis María Cuervo, autor de las mismas, justificó la omisión afirmando que de la Pola ha tratado la historia largamente, los poetas han enaltecido su nombre y las artes han ensayado su fantasía imaginando su retrato .

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