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Y LA CRUZ DE URABÁ LLEGÓ A JERUSALÉN

Y LA CRUZ DE URABÁ LLEGÓ A JERUSALÉN

Que la Virgen los acompañe , dijo monseñor Fabio Betancur, obispo de Guadas-La Dorada y la caravana del Vía Crucis nacional partió de inmediato hacia Bogotá. De ese paso fugaz por la ciudad colonial se llevó varios recuerdos: la voces de 50 niños guadueños que cantaron enciendo una luz por los que buscan la paz, enciendo una luz por los niños que vendrán ; el ejemplo de dignidad que dejó Policarpa Salavarrieta y una red que quedó pendiendo de la cruz como testimonio de esta tierra de pescadores.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
01 de abril 1996 , 12:00 a. m.

Con red y todo, la mole de hierro empezó a ascender. A medida que el aire se hacía más frío, empezaron a aparecer los pañuelos blancos, las banderas de Colombia, las sonrisas y las manos en alto o cruzadas en señal de oración.

En el alto del Trigo, la gente de Villeta esperó a la caravana con tres himnos, globos blancos y los ramos de palma, que recordaron el inicio de la Semana Mayor.

En Facatativá el espectáculo de los ramos fue mayor. La gente los batía al paso de la cruz, a la que le lanzaban claveles, como en otras partes le ofrendaron piñas y mangos.

Al paso lento de una multitud de caras campesinas, la caravana llegó hasta la Plaza Simón Bolívar. Allí se celebró la estación número 13, en honor de los trabajadores agroindustriales.

Un grupo de ellos, empleados de varias de las empresas floricultoras de la zona, representaron un drama de su propia realidad.

Conservando el anonimato bajo máscaras blancas dijeron que ellos, como Jesús, estaban siendo crucificados con bajos salarios, inestabilidad laboral y, sobre todo, que estaban muriendo envenenados por las malas condiciones ambientales en que trabajan.

En Madrid, la gente también se lanzó a la carretera para tributar su homenaje a ese símbolo que parecía atraerlos como si se tratara de una reina o del cantante de moda.

Para no quedarse atrás frente a sus vecinos, el cura de Madrid sacó banda y también tuna, y alcanzó a lanzar una veintena de oraciones, mientras la caravana tomaba el descanso del medio día. Para ese momento la fila de automóviles era gigante.

Allí de nuevo se vieron lágrimas de conmovidas ancianas. También rostros de señores con pinta dominguera y ramos enormes y muy elaborados. Uno de ellos gritaba: Díganle a eso guerrillos que aquí en Madrid queremos la paz .

En el resto del trayecto aparecieron detalles nuevos como el del helicóptero que lanzó flores sobre la vía cerca a Mosquera; o el grupo de muchachos de Fontibón que, como cualquier barra brava de Santa Fe o Millonarios, saltaba y gritaba a todo pulmón: Se vive , se siente, Cristo está presente .

Otros muchachos hicieron detener la marcha de la Cruz cerca a la Autopista Sur para cantarle su propia melodía. Si esta paz no empieza por ti, esto va a seguir así. Qué pasa, qué pasa aquí? , decía el estribillo.

Con este Vía Crucis hemos refrendado el poder de convocatoria de la Iglesia Católica , dijo monseñor Héctor Fabio Henao, director del evento.

Pocos minutos después, como Jesús hace cerca de dos mil años, la cruz llegó a Jerusalén bajo un sol dominical. Sólo que esta vez la meta era uno de barrios que hacen parte de la Bogotá marginada, donde la paz también está en guerra. Por eso se escogió este sitio para celebrar la estación catorce, que sirvió para reflexionar sobre la violencia urbana.

Allí, en Jerusalén, la Cruz fue recibida por una multitud de más de diez mil feligreses, el arzobispo Pedro Rubiano, una veintena de sacerdotes y un grupo de recicladores que prepararon una obra para la ocasión.

La gente de Jerusalén se apoderó de la Cruz mientras los miembros de la caravana tomaba un descanso. Para ellos quedó la memoria de muchos gestos conmovedores y algunas anécdotas como la de Manizales, cuando la cruz se desplomó sobre la grúa en la plaza de Bolívar e hirió al reportero gráfico de este diario o el choque múltiple de la caravana en Ibagué.

Ahora, sólo resta esperar al sábado seis de Abril, para celebrar la estación 15 y ponerle broche de oro a una evento que se repetirá, en adelante, cada año.

El próximo sábado, entonces, Jesús resucitará en la Plaza de Bolívar.

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