EE.UU. REPARTE LA TORTA DE 1992

EE.UU. REPARTE LA TORTA DE 1992

La última vez que el partido en la Casa Blanca obtuvo importantes ganancias de bancas en las elecciones legislativas de mitaca el presidente era Franklin Delano Roosevelt y el año, 1934. Desde entonces, el partido en oposición ha aprovechado los años no presidenciales para fortalecerse en el Congreso. A principios de este año, el liderazgo republicano se mostraba confiado. George Bush gozaba de una popularidad que le producía envidia aun a Ronald Reagan. El Partido Demócrata atravesaba una crisis de identidad y continuaba abierta la herida que les propinó Bush en los comicios de 1988.

04 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

El objetivo, trazado por el presidente del Partido Republicano, Lee Atwater: arrebatarle la mayoría en el Senado a los demócratas y disminuir significativamente la desventaja republicana en la Cámara de Representantes. Tras una invasión y un fiasco presupuestario, los republicanos serán afortunados si solo pierden diez escaños en la Cámara y uno en el Senado en las elecciones de este martes 6 de noviembre.

La posibilidad de una guerra en el Golfo Pérsico y el fantasma (en algunos estados ya es realidad) de una recesión económica priman sobre los electores. Están en juego 435 bancas en la Cámara (siete ya fueron definidas) y 35 en el Senado de cien miembros. También se elegirán 36 de los cincuenta gobernadores de los estados.

Los comicios estatales de 1990 tienen una importancia particular. Cada diez años en Estados Unidos se lleva a cabo un censo y según sus resultados, se altera la representación de cada estado en la Cámara. Mientras en el Senado la representación es equitativa, la composición de la Cámara es proporcional a la población de cada estado. Por ejemplo, Hawaii y California tienen la misma cantidad de votos en el Senado (dos), pero en la Cámara la relación es de dos a 45, respectivamente.

La Cámara está compuesta por 435 miembros. Tradicionalmente, los estados norteños de mayoría demócrata como Nueva York y Pennsylvania y los del centro, Illinois y Michigan, eran los más poblados. Pero en los últimos años, la composición demográfica estadounidense se ha volcado al sur. Así, Texas, Florida y California, fortines republicanos, han ido ganando espacio político en la Cámara.

Según estimaciones extraoficiales, California aumentará en siete su representación en la Cámara, Florida cuatro y Texas tres. Nueva York y Pennsyvlania podrían perder escaños.

Cada estado está dividido en distritos y cada distrito elige a un congresista. La división política de los estados se altera en el censo. Por ejemplo, al perder Nueva York un representante o más, sus distritos serán reorganizados para hacerle frente a esa nueva realidad. Es así que un distrito de mayoría demócrata podría ser unido con otro republicano.

Los gobernadores, en algunos casos en conjunto con las legislaturas, son los que deciden el mapa político de su estado. Por eso, el interés de los dos partidos de triunfar en las 36 elecciones estatales. En el momento actual los demócratas aventajan a los republicanos 29 a 21.

Por razones obvias, las contiendas de Texas, Florida y California acaparan la mayor atención. Reagan y Bush triunfaron holgadamente en ellas en las últimas tres elecciones presidenciales. Esos estados están en manos de gobernadores republicanos pero ha cambiado tanto la situación política en las últimas semanas que es posible, según las encuestas, que los demócratas se queden con los tres.

En 1992 se elegirá a una Cámara diferente que corresponderá a la nueva demografía estadounidense. Y con la redistribución de los distritos, está dentro de lo previsible que los republicanos se queden con la mayoría. Florida: voto-finish? El voto latino podría marcar la victoria o la derrota en la elección del gobernador de Florida, donde el duelo entre Bob Martínez y Lawton Chiles, prácticamente, se definirá por voto-finish.

En la cerrada batalla se juega la reconquista de la tradicional plaza, fuerte para los demócratas o la reafirmación de la tendencia republicana, que permitió a Martínez sacarlos de la casa de gobierno en 1986.

El gobernador Martínez y su retador, el ex senador demócrata Chiles, están casi igualados en posibilidades. Según el último sondeo conocido, un 47 por ciento de las intenciones del voto favorecen a Martínez, un 46 a Chiles y el resto está indeciso.

Pero la paridad en cuanto a la captación de los votos lo es también en cuanto a las propuestas.

Chiles es tan conservador como Martínez. Y con excepción del aborto es difícil encontrar diferencias claras de posición entre los dos acerca de los temas centrales, como la preservación del medio ambiente, la educación y la acción policial contra el narcotráfico y el crimen.

Así las cosas, el voto latino, pese a que representa sólo el diez por ciento de los electores, adquiere un carácter crucial, ya que proyecta un mayor peso debido a la creciente notoriedad de su presencia en la vida del estado. Carolina del Norte, blanco y negro Un negro demócrata de 47 años podría entrar en la historia política de Estados Unidos si derrota en Carolina del Norte a una celebridad del Congreso, el senador ultraconservador republicano Jesse Helms, de 69.

Según un politólogo, es un negro del nuevo sur contra un segregacionista del viejo sur .

Harvey Gantt, ex alcalde de Charlotte, sería el segundo senador negro desde la guerra de Secesión. Las encuestas dicen que supera a Helms.

Este es conocido como El senador no por su oposición obsesiva al aborto, al arte que estima obsceno y a los derechos de los homosexuales. Veintiseis veces trató de limitar la ayuda federal para la lucha contra el SIDA, y en 43 de poner fin al el transporte de los estudiantes negros a las escuelas de los barrios blancos.

Helms ha querido imponer a cuatro gobiernos su política hacia América Latina. Exigió al ex secretario de Estado, Alexander Haig, que dejara de hostigar al ex dictador chileno Augusto Pinochet.

Encabezó una campaña para no ratificar los acuerdos firmados por Jimmy Carter sobre la entrega del canal de Panamá.

Ahora Helms pierde terreno. Los republicanos consideran que su banca es la más amenazada de los 18 escaños del partido en juego para el Senado.

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