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DOS EX SOVIÉTICOS UNEN FUERZAS

DOS EX SOVIÉTICOS UNEN FUERZAS

Desde ayer Rusia y su pequeña vecina occidental, Bielorrusia, tienen nuevo día de fiesta, decretado oficialmente luego de la firma, en la mañana, de un tratado que dio nacimiento a una nueva unión en los marcos post-soviéticos: la Comunidad de Estados Soberanos (CES). (VER INFOGRAFIA: UN DAVID Y UN GOLIAT)

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
03 de abril 1996 , 12:00 a. m.

Con triple beso, bendición del papa ruso, Alexei II, y brindis con copa de coñac a medio llenar de vodka en un almuerzo de honor en el Kremlin, los presidentes de Rusia y Bielorrusia, Boris Yeltsin y Aleksandr Lukashenko, celebraron la firma de un tratado denominado por ambos histórico y caracterizado como el grado máximo de integración en los marcos de la sucesora de la URSS, la Comunidad de Estados Independientes (CEI).

El tratado contempla la creación de un Consejo Supremo integrado por los jefes de Estado y presidido por Lukashenko los próximos dos años; un Comité Ejecutivo, encargado de la conducción práctica, que preside el primer ministro ruso Chernomyrdin, por el mismo periodo; y una Asamblea Inter-parlamentaria, compuesta por cuotas iguales de diputados de ambos países. Habrá un presupuesto común, para proyectos conjuntos.

Se declara la unificación en muchos campos. Las redes de comunicaciones, transporte y energía serán únicas. Existe ya la Unión Aduanera entre ambas repúblicas. Se contemplan políticas ecológica, cultural y de defensa social unificadas. Se proclamó que la política exterior y el comercio exterior serán coordinados. Las bases legales, los principales puntos de desarrollo de la reforma económica, los sistemas impositivo y presupuestario serán armonizados.

Para fines de 1997 deberá aparecer una moneda única. El libre movimiento de capitales y mano de obra, la posibilidad de comprar propiedad y vivienda, el funcionamiento de bancos quedan, en el documento, garantizados.

La tres CEI Con esto la CEI queda como una escalera con tres peldaños. Abajo, unidos por lazos laxos y más de 40 comités y organismos mutuos, doce de los quince estados resultantes de la defunción de la URSS. Enseguida, desde el viernes, cuatro países, que crearon ese día, sobre la base de la Unión Aduanera y dos organismos inter-estatales, lo que la prensa rusa ya denomina el grupo de los cuatro : Rusia, Kazajstán, Bielorrusia y Kirguistán. Y, desde ayer, en el escalón superior de la integración profunda , como ahora se denomina por estos lares, el grupo de los dos , Rusia y Bielorrusia.

Esta comunidad no es la que quería el presidente bielorruso, que había hablado poco menos que de fusión completa. Y es la que Rusia desea. Porque aunque económicamente a Moscú le costará no poco, políticamente le conviene. De allí el desmesurado ceremonial con que se rubricó el tratado. Los presidentes hicieron cada uno tres discursos. Hubo acto de firma en la Sala San Jorge del Kremlin; breve discurso, con el papa ruso en el centro, ante varios cientos de representantes de la sociedad rusa y bielorrusa en la Plaza de las Catedrales; y almuerzo de gala para más de mil invitados, regado con vodka y más discursos. Y por decreto, ambos presidentes decidieron que en adelante el dos de abril será día de fiesta nacional.

Ambos países mantienen su soberanía, independencia e integridad territorial . Y ambos presidentes ganan lo que más necesitan. Lukashenko, tiempo frente al cuasi-desastre del que no ha logrado sacar a Bielorrusia; Yeltsin más catadura de partidario de la reunificación de las ex-repúblicas soviéticas, frente a los comunistas que hacia las elecciones presidenciales de junio eran los monopolistas de la nostalgia por la URSS entre el pueblo ruso. Estos últimos, por su parte, se han apresurado a apoyar el tratado y a decir que el parlamento, donde son mayoría, lo aprobará sin demora.

Protestas en Minsk La Unión con Bielorrusia corre la eventual frontera de la OTAN muchos kilómetros al oeste. Situación de buffer de seguridad que, entre otros motivos, ha producido en esa república dos manifestaciones de protesta sin precedente por parte de los nacionalistas, una de ellas ayer mismo en la noche, con cerca de treinta mil personas. En Moscú, por su parte, los opositores a la unión son sobre todo los liberales, que aseveran tendrá un penoso coste económico.

En Kiev, capital de Ucrania, la noticia tampoco causó alegría. El presidente Leonid Kuchma denunció el acuerdo como un intento por revivir la URSS y clamó por un acuerdo especial con la OTAN cuanto antes.

Los últimos días han estado llenos de iniciativas de amplio vuelo del presidente Yeltsin, emitidas todas en directo por la televisión central: el acuerdo de los cuatro, el plan de paz para Chechenia, y ahora el tratado de los dos. Iniciativas que dan para que Occidente reflexione sobre un eventual giro de fondo en la orientación de Moscú. Pero que, pese a su proclamado carácter estratégico, tienen por ahora esencial contenido electoral. Y por ello, respecto a sus resultados prácticos, la mejor fórmula es la latina: amanecerá y veremos. Y, en Rusia, motor de todos estos procesos, amanecerá sólo el 16 de junio, día de las elecciones presidenciales. Elecciones para las que el candidato comunista, Guenadi Ziuganov tiene hoy el 27 por ciento de las intensiones de voto y Yeltsin sólo el 21.

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