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METÁFORA DE UNA PESADILLA...

METÁFORA DE UNA PESADILLA...

En La Siempreviva, escrita y dirigida por Miguel Torres, puesta en escena por el Teatro El Local, vemos un inteligente y ágil aprovechamiento tanto de un escenario natural de una casona de La Candelaria, como del pretexto temático central sobre la toma del Palacio de Justicia, con la correspondiente suerte y desaparición lamentable de una de sus tantas víctimas inocentes.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
03 de abril 1996 , 12:00 a. m.

Pretexto temático que funciona gracias a un bien ideado plano operativo formal y del contenido para ir narrando a través de un típico inquilinato de extracción popular, distintas pequeñas historias que convergen como en un crisol para la conformación de un polifonía y mosaico que viene a dar cuenta clara en miniatura de nuestra identidad nacional: con nuestra vocación por las vías de hecho para resolver todo tipo de conflictos, gracias a la ausencia de voluntad política; la violencia familiar y el machismo; la violenta presión económica de los agiotistas, salteadores de la necesidad; el aprovechamiento de los abogados buscando su tajada en la humareda de la tragedia con la desaparición forzada de la protagonista.

Pero también contemplados aquí la rumba con su magia tropical, espacio donde todos festejan democráticamente y se libran, así sea temporalmente, de sus penurias al calor del licor, la música, el baile y la conversa abierta y directa, para concluir en patéticos conatos de riña que disuelven los fugaces instantes amistosos, volviendo a al deriva de los desempleados, sobreviviendo de pasajeras oportunidades, hasta llegar al naufragio mental y locura delirante de una madre, producto de la frustración de una esperanza cultivada durante largos años.

En La Siempreviva, como puestas en escena, es una radiografía poética de lo que somos como país y como cultura: un conglomerado disímil sobreviviendo en medio de muy adversas condiciones de todo orden; sacando ingenio, coraje y un profundo y estoico sentido del humor para burlarnos de nosotros mismos, en medio de una tragedia como sabía actitud distanciadora, para no perecer más pronto y poder continuar un camino llamado Colombia.

*Asociación Colombiana de Críticos e Investigadores de Teatro, Acit.

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