MÉXICO, AL RITMO DE LA FLORECITA

MÉXICO, AL RITMO DE LA FLORECITA

Hace cinco o seis meses que en México no para de sonar el vallenato aquel los caminos de la vida no son lo que yo pensaba... (que, por cierto, para algunos en este país suena a himno); se oye también aunque sin tanta devoción La tierra del olvido. Igual, se sigue bailando con Niche y Guayacán. Los ritmos tropicales de Colombia han echado raíz por estas tierras.

03 de abril 1996 , 12:00 a.m.

Y, de pronto, en las emisoras juveniles, el rock nacional de las tierras de El Dorado comparte espacio con grupos mexicanos e internacionales gracias a Aterciopelados.

El grupo acaba de cerrar una gira de dos semanas en esta tierra, en un mercado fuerte y exigente al mismo tiempo. Y, como lo dicen en una de sus canciones, despertó pasiones.

Su segunda visita a este país se inició en la ciudad de Monterrey el 20 de marzo, hizo escala en Guadalajara el 22, los llevó a Puebla el 28, a San Luis Potosí al día siguiente, tuvo su cita central en la ciudad de México el sábado pasado y culminó el lunes en Cuernavaca.

En la capital mexicana se presentaron en el Teatro Metropolitan. Como semanas atrás lo habían logrado Soda Stereo y Alejandro Sanz, aplausos, flores y coros acompañaron al grupo colombiano, aunque es cierto que el teatro no tuvo el lleno que con aquellos.

De entrada, a mí deme un aguardiente, un aguardiente de caña... . Y en lugar del qué orgulloso me siento de ser un buen colombiano , apareció un latinoamericano que le sonó bien a la variada asistencia de mexicanos, colombianos, chilenos (estaban allí para acompañar a Los Tres, grupo que abrió el concierto), y otros cuantos rockeros de tierras lejanas. Ese latinoamericano despertó pues las primeras pasiones.

Cuatro piñatas navideñas como única escenografía. Ellos, igual a como se han visto en Colombia. Ella, Andrea, con un corazón en el pecho (lo había adelantado en la canción: Tendré tu corazón).

No parecía fácil, pero la conquista se dio. Y no parecía fácil porque Colombia no tiene historia rockera en México. Allá, la conquista musical no ha sido difícil para el rock mexicano, esto desde Carlos Santana, hasta los más jóvenes como Caifanes y Café Tacuba, pasando por otros como Maná.

En escena, Aterciopelados demostró experiencia y talento contenido en la buena musicalización, la maravillosa voz de Andrea Echeverri, una armónica o un tambor resonando, la capacidad de improvisar y esas letras suyas que son como una suerte de juego a hacer menos ruin este tiempo en el que en Bogotá y en ciudad de México desaparecen ñeros, o que por otro lado da cuenta de la abundancia de mujeres gala o que hace caer en la cuenta de que si no se pudo, pues no se pudo .

El público conocía sus canciones, las cantaba y las bailaba. Ellos pedían Florecita rockera y ellas, El Diablo.

Aquella noche hubo fuego: con el Bolero falaz, la Florecita rockera, Pilas, Mujer gala, El diablo y Candela, en la que se soltó un tambor que hace caer en la cuenta de que el de Aterciopelados es un rock que no desconoce la historia musical de Colombia. Una historia que ataron a México con la interpretación de esa canción de carrilera de La cuchilla, ritmo que aquí se conoce como corrido.

Un cierre tierno como despedida: un adolescente que burló la vigilancia subió al escenario para darle un beso en la mejilla a la que todo el mundo llama la Florecita rockera. Así son los caminos de la vida, Andrea.

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