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DE LA CALLE MANGO A LA ÉLITE EN PARÍS

DE LA CALLE MANGO A LA ÉLITE EN PARÍS

La literatura norteamericana de origen hispano, o chicano , para más precisiones, también tuvo su espacio en el Salón del Libro de París, salón que tenía como invitado especial a Estados Unidos.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
04 de abril 1996 , 12:00 a. m.

Este tipo de jerarquías y subjerarquías en la literatura del país del norte fue uno de los principales factores de sorpresa para los franceses, acostumbrados a que la literatura es una y que de ella se desprenden sólo ciertas subcategorías como la novela negra , la novela de aventuras y algunas pocas más.

Pues bien, con los norteamericanos ese desprevenido público aprendió las tangenciales y específicas diferencias de género entre, por ejemplo, la literatura urbana femenina judía de los 80, la cuentística gay chicana de la costa oeste y la poesía erótica joven post-SIDA, clasificaciones a las que los escritores se refieren con cierta sorna pero que al parecer cuentan con sus propias listas, sus santos y apóstatas, sus defensores y detractores, sus críticos y, en ocasiones, sus premios y condecoraciones.

La representante en el Salón de la tendencia femenino-chicana fue Sandra Cisneros, de 41 años, autora de una novela muy leída aquí en Francia, La casa de la calle Mango. El Tiempo habló con ella mientras dedicaba ejemplares de su libro traducidos al francés por la editorial NIL.

Cómo define su lugar en la literatura? Yo siento muchos paralelismos con la literatura latinoamericana homosexual, aunque yo no lo sea, pero me siento cerca pues por ser feminista y chicana tengo, al igual que ellos, la necesidad de reinventarme a mí misma. Es muy curioso pues esta relación podría ampliarse a toda la cultura gay de color por el hecho de que, quienes la practican, viven en una especie de frontera, son personajes de identidad fronteriza. Lo mismo nos sucede a las mujeres chicanas en Estados Unidos, y sobre todo a las feministas, pues no hay elementos a los que asirse en nuestra cultura, o si los hay son destructivos. Por eso yo siento esa relación, ya que nosotras también somos fronterizas, tenemos que inventarnos nuestro propio lugar en el mundo. También me interesa la cultura gay por razones estéticas. Me intriga e interesa muchísimo el monólogo interior erótico de la literatura gay de color, pues en ello puedo ver las salidas inventadas por ellos para sus problemas de segregación social y racial. Ellos transgreden, como hizo Marguerite Duras en su libro El amante, transgrediendo clases y colores.

Cómo se inició en la escritura? Primero tuve que buscar modelos, pero esos modelos eran siempre hombres. Todos mis maestros fueron hombres, caso de Borges, Juan Rulfo o Manuel Puig, aunque éste era gay. A las escritoras mujeres tuve que buscarlas sola, casi diría... en la oscuridad. Otro elemento fue la necesidad de viajar, y viajar era viajar a Europa.

Cuando gané mi primera beca me escapé de mi casa y me fui a Atenas. Yo pensé que así debía hacer para ser escritora, pues en mi casa no me dejaban ir sola ni a la esquina pues era la única mujer de una familia de 6 hermanos. Horrible. Entonces me fui a Europa y estuve un año. Yo hubiera querido ir por América Latina hasta la Patagonia, pero ya conocía a los hombres latinos y pensé que me iban a molestar, por eso preferí venir a Europa, en donde pensé que estaban más acostumbrados a ver una mujer sola. Qué tonta, no? Se ve que no conocía nada. Y cuando regresé, y después logré independizarme, me di cuenta de que yo me había formado en el sueño de la clase privilegiada, que son los que viajan por Europa y por todo el mundo. Pero lo que me di cuenta en ese año fue que tenía que hacerme mi propio espacio, y para ello empecé a tener contacto con otras escritoras. Fui consciente de mi libertad el día que una amiga editora se sorprendió al ver que en mi casa no había vestidos de hombre ni juguetes. Cómo lo hiciste!? , me dijo, y yo sentí ganas de llorar porque de repente me di cuenta de lo difícil que había sido salir de la casa paterna sin un marido del brazo. Qué difícil fue dedicarme a una vida de letras, de viajar, de hacer mis cosas a mi gusto.

Sin embargo usted regresa a la casa paterna en La casa de la calle Mango.

Exacto. Esa casa surgió porque yo me encontré en la universidad de Iowa, en un curso en el que todos mis compañeros eran de familias adineradas. Cuando hablábamos de casas ellos hablaban de la casa en Roma, de la casa en la playa, de la casa de Nueva York. Y eran casas de verdad, con dos pisos y jardín. Yo en cambio vivía en un edificio de apartamentos, en barrios feos, difíciles. Y entonces me pregunté: de qué puedo escribir yo? Mis compañeros pertenecían a la clase privilegiada, se habían educado en las mejores universidades y conocían todo el mundo. Entonces me dije que yo podía escribir sobre esos barrios en los que yo vivía y en los que ellos tenían miedo de caminar. Y por ahí empezó La casa de la calle Mango. En ese momento es cuando me di cuenta de mi clase, de mi género y de mi raza, porque uno puede ser mexicano y no saberlo, o vivir ese cuento de hadas de que todos somos iguales, que no es cierto.

Cómo se ve hoy la literatura chicana en EEUU? En general yo noto un gran interés por todo lo que son literaturas marginales, no sólo por el hecho de que los libros se venden y es un buen negocio, sino porque a la literatura norteamericana de hoy le falta espíritu. Y cuando a la cultura norteamericana le falta espíritu siempre lo busca en le gante de color. El jazz, por ejemplo. Este es un momento de la historia en el que la gente que vive en las fronteras es esencial para la cultura. Se necesita de los inmigrantes, de la gente de color, de la voz de las mujeres. Ahora sí pueden hablar y se necesita su voz. Es una época en la que los viejos dioses del prestigio caen ante nuestros ojos. Zeus ya no es un dios, ahora lo reemplaza la Virgen de Guadalupe.

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