Nariño y sus infortunios

Nariño y sus infortunios

El departamento de Nariño, como una paradoja por su histórica y justa resistencia a las gestas libertarias, lleva el nombre del precursor Antonio Nariño. Pareciera que como un acto de venganza en el tiempo, esta comarca hubiese heredado los infortunios que tuvo que soportar el hombre de los Derechos Humanos, quien vivió más en la tragedia, la incomprensión y el sufrimiento que en la gloria.

13 de diciembre 2008 , 12:00 a.m.

Esta tierra del sur se llama Nariño, como un homenaje a la libertad, entendida según el psiquiatra pastuso Servio Tulio Caicedo (libro Psicología del pastuso) “como no dependencia del mundo exterior, libertad para vivir su propio mundo interior, subjetivo, para vivir aislado si le place”.

Bien pudo llamarse departamento de la Inmaculada Concepción, como lo propuso el obispo Fray Ezequiel Moreno; o Agustín Agualongo, en honor a quien fue un paradigma de la lealtad a la autoridad y un defensor hasta con su vida de unos principios, lo mismo que del solar nativo y de su pueblo.

Bolívar, en su carta del 21 de octubre de 1825, dirigida a Santander, manifiesta que “los pastusos deben ser aniquilados y sus mujeres e hijos transportados a otra parte”. Esta extinción criminal ya la habían intentado Sucre y Córdoba, bajo los mismos designios, con anterioridad al 24 de diciembre de 1822.

Pero el pueblo nariñense permanece incólume, grande, altivo, recio, crecido en el dolor y la adversidad cultivando los valores del espíritu, orgulloso de su pasado, cantándole a su inigual paisaje y sin miedo a la libertad. La raza de los pastos no se amilana. No podrán acusar a los nariñenses del pecado de cobardía y de traición, como se lo hizo con Antonio Nariño en el Senado, por haberse supuestamente entregado en forma voluntaria a los pastusos en la campaña del sur de 1814.

Las gentes de Nariño están agobiadas por las penurias económicas, pero no abatidas. Aceptan la corresponsabilidad con el Estado, en lo ocurrido con las estafas propiciadas por las pirámides. Fueron determinantes en el engaño, la necesidad económica, la humana ambición, el histórico abandono y la inducción al error por parte de las autoridades públicas. Como sea, se necesita que, de una vez por todas, el Presidente acabe con la falsa creencia histórica de que la cuenta de cobro por lo que hizo Nariño y Pasto en la independencia no ha sido cancelada.

No se implora caridad pública, sino resarcimiento justo a la condición de ser siempre víctimas los nariñenses. Eso es lo que fuimos y somos los nacidos en las acuareladas tierras de Nariño. De otra manera, con toda seguridad que colapsará la administración de Justicia, a la que tendrán que recurrir forzosamente miles y miles de personas en búsqueda del imperio del Derecho.

Ex Senador de la República

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.