SUPERCLÁSICO!

SUPERCLÁSICO!

Nadie, aún, puede creer el número de goles que se convirtieron en el estadio Pascual Guerrero con motivo del duelo entre Deportivo Cali y América.

08 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Señor, cuánto quedó el partido ? , preguntó un taxista al recoger a un pasajero que iba con camisa roja. Este, feliz, le respondió con un extraño brillo en los ojos y con una satisfacción así de enorme: América 5, Cali 3 .

El conductor de aquel vehículo público, lo miró incrédulo. No me mienta, por favor. Esos resultados sólo se producían en la época de El Dorado .

El otro, que no perdía detalle de lo que decían los jugadores por la radio, le subió el volumen para que su interlocutor pudiese creerlo.

Ninguno de los 38 mil aficionados que vieron el clásico 196 entre azucareros y rojos pensaba que el marcador se iba a presentar tan abultado. La razón era simple pero valedera: los contendientes llegaban igualados en el tablero de posiciones y como en el disco, ninguno de los dos podía empatar.

Los errores se registraron en mayor número en los dirigidos por Fernando El Pecoso Castro. Martínez rezó y pecó. Valencia estuvo lento. Mafla, como dijo al final el técnico, sigue siendo desordenado tácticamente y como no tengo más, no lo puedo enviar al banco de suplentes .

Esa frase dio a entender lo que realmente sucedió en la cancha para el triunfo tan amplio y fácil por parte de Los Diablos , quienes tuvieron en Etcheverry y Alex Escobar los conductores. Además, James Cardona, en tres ocasiones, y Alex Comas, en dos, aprovecharon los defectos de sus oponentes.

Jugamos el fútbol ideal. En corto y en largo. Ellos se enloquecieron con lo que expusimos , resumió Diego Edison Umaña, técnico escarlata.

Todavía la gente se pregunta: Cómo? Ocho goles en el clásico? Y los estadígrafos expresan que desde el 22 de junio de 1977 no se registraba ese número de goles entre Cali y América. Justamente, en aquella noche de miércoles como en este domingo 7 de mayo de 1995, el triunfo fue para los rojos, 5-3.

Créalo, señor. La gente que vio el partido se fue contenta. Importó poco que la cancha estuviese pesada por la lluvia caída durante la noche. Lo que expusieron los jugadores fue suficiente para que todos se fuesen felices y recordando lo que sucedió.

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