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LOS CABALLEROS DEL SACRIFICIO

LOS CABALLEROS DEL SACRIFICIO

Rubén Salazar Flórez se convierte en uno de los Caballeros del Santo Sepulcro cada que llega la Semana Santa, desde hace 59 años.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
07 de abril 1996 , 12:00 a. m.

Es un caballero mucho más modesto que aquellos que tuvieron la misión de ganar adeptos para el cristianismo, cuyo nombre fue heredado por este sencillo hombre. En cambio su devoción, aunque más callada, es seguramente proporcional.

De su sacrificio y devoción dan fe las miles de personas que van a las procesiones del barrio 20 de Julio, en el sur de la ciudad, donde la impresionante expresión de dolor de las estatuas religiosas, se complementa con la evidente fatiga de Rubén y sus compañeros, quienes cargan las pesadas estructuras sobre sus hombros, mientras sus rostros, siempre con la mirada hacia el piso, se ven congestionados y sudorosos.

Aunque van vestidos de manera sencilla, cada uno se preocupa por llevar su mejor atuendo. Lo que los distingue es una cinta morada que llevan alrededor del pecho o del brazo que dice: Caballeros del Santo Sepulcro .

Desde que vive en el 20 de Julio, Rubén se volvió caballero. Al principio fue uno de los amigos del Niño Jesús, como los nombró el padre Juan Rizzo cuando creó esta especie de orden en 1937. Luego fue un Socio y después, un Santo Varón como decidió rebautizarlos Aldo Chinelatto, el sacerdote salesiano que luego estuvo a cargo de la parroquia hoy convertida en Santuario. Ahora, es un Caballero del Santo Sepulcro.

Guardadas las proporciones, su misión de mantener o de encender el fervor religioso se asemeja a la de aquellos caballeros que emprendían temerarios viajes para conquistar para Dios almas ajenas a su devoción. Con ellos se conformó la orden de caballería pontifical más antigua del mundo.

Quienes han ido al 20 de Julio el primer domingo de septiembre, el día de María Auxiliadora o los días santos, dan cuenta de cómo la multitud se emociona y acompaña las imágenes que estos 78 hombres acicalan con todo cuidado y luego cargan sobre sus hombros.

Son 11 esculturas de santos hechas en fibromadera que pesan hasta 25 arrobas, o sea 312 kilos, y que tienen que cargar entre 22 personas. Entre ellos está el Señor de los Milagros de Buga y el patrón de Popayán.

A esto se suma un vía crucis de 14 estatuas pequeñas que cargan los niños.

Las esculturas que se cargan en Semana Santa representan a Jesús Nazareno, cuya frente, manos y pies sangran copiosamente; a María Magdalena, la Virgen Dolorosa, los ángeles y los santos.

Este año por primera vez habrá también Damas del Santo Sepulcro. Serán ocho y en vez de la túnica morada que llevan los hombres, ellas vestirán una túnica vino tinto pálido.

En el 20 de Julio estos personajes llevan los pasos, ayudan a realizar la ceremonia del lavatorio de los pies el Jueves Santo y van en las procesiones con todos los santos.

Y para mantener la tradición, Rubén y sus 78 compañeros inculcan en sus hijos esta devoción, el espíritu de sacrificio y el sentimiento de honor que produce para cada familia pertenecer a esta casta .

Por eso sus pequeños heredarán el honor de cargar los santos, aunque Rubén espera que sea dentro de muchos años, porque él confía en que Dios le dé fuerzas para seguir en su misión durante un buen tiempo, pues no concibe su vida sin cumplir el importante papel de cargar las estatuas, arreglar los pasos para las procesiones y transmitir su gran devoción.

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