LA COLONIA VIVE EN CANOAS

LA COLONIA VIVE EN CANOAS

La Hacienda Canoas es una estancia cuya historia se remonta al siglo XVII.

06 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Ubicada en Soacha a orillas del Río Bogotá, donde la ciudad termina y empiezan sus últimos campos, está la casa que conserva todo un testimonio vivo de una época que marcó la formación de Colombia.

Su arquitectura se caracteriza por el cuerpo frontal que permite el acceso por una galería en el primer piso.

En el centro de ese tramo y sobre el segundo piso se destaca un gabinete en madera perfectamente bello. Sobre las partes laterales de la casa se observan dos balcones simétricamente construidos.

Su primer nombre fue de Fute y Las Canoas, tierras que fueron asignadas al Alférez Real de la Conquista don Antón de Olalla.

Formó parte del mayorazgo de la Dehesa de Bogotá cuando fue constituido por el almirante don Francisco Maldonado de Mendoza en el año de 1621.

En su extenso territorio que también comprendía la hacienda de Aguazuque, que se interponia entre Fute y Canoas, existieron los pueblos indígenas de Tuso y Chipo.

Aguazuque fue escenario de importantes investigaciones arqueológicas a finales de los años 80.

El antropólogo, Gonzalo Correal Urrego adelantó estudios que recopiló en su libro Aguazuque evidencias de cazadores, recolectores y plantadores en la altiplanicie de la cordillera oriental.

Comprendido el valor que tiene para la cultura del país esa zona es mejor seguir tras las huellas de Canoas.

Infortunadamente el territorio fue dividido entre los dueños de las tierras.

Sobre la repartición que se hizo de las tres haciendas, Fute Canoas y Aguazuque, Camilo Pardo Umaña explica en su libro Haciendas de la Sabana lo siguiente: La enorme finca que formaban las tres estancias, que se prolongaban, sin interrupción, desde la Hacienda de la Herrera, sobre la margen izquierda del Balsillas y del Bogotá, hasta las regiones del Salto de Tequendama, se dividió entre los hijos de don Alonso Dávila Gaviria y de doña Gerónima Maldonado de Mendoza y Bohorquez así: Las Canoas le correspondió a don Alonso Dávila Maldonado; Aguazuque fue de don Francisco el único que dejó descendencia, y doña Magdalena recibió a Fute. Esta partición se llevó a cabo en 1686 .

Durante el siguiente siglo las haciendas cambiaron de dueños por motivos de herencias y ventas.

A mediados del siglo XIX recibió el nombre de hacienda Canoas y Sáenz.

En esa misma época fue comprada por don José María Urdaneta que fue un famoso agricultor de la región. Su hijo Alberto, fue el fundador en 1881 del Papel Periódico Ilustrado y de la escuela de bellas artes.

Zona de guerra.

La familia Urdaneta se convirtió en leyenda por la forma como manejaron los mitos y creencias de la región heredados de los pueblos indígenas de Tuso.

Sin embargo, es mejor narrar los hechos que la historia registra con exactitud.

Don Carlos María Urdaneta fue jefe de la célebre guerrilla conservadora que se conoció con el nombre de Los Mochuelos.

Esa partida de hacendados luchó en el sur de la sabana en la guerra civil de 1876.

El cuartel general, por su ubicación estratégica, fue la Hacienda Canoas que les permitía dominar un extenso sector y hacer periódicas incursiones a la capital.

Terminada la guerra y sus guerrillas la heredad estuvo abandonada.

A finales del siglo pasado pasó a manos de don Nicolas Gómez.

Detenida por el tiempo Para llegar a Hacienda Canoas Gómez, que es su nombre actual, se debe tomar la vía que de Soacha conduce a la fabrica de municiones José María Córdova del Ejército Nacional.

Junto al terrible Río Bogotá que aún le sirve de frontera vive la vieja casona como un fantasma rejuvenecido por el tiempo.

Esa fértil tierra que desde hace algo más de 300 años no hace otra cosa que producir cereales y verduras sigue en su vital función de cuidar la cultura del agro.

En su interior, las labores propias del campo marcan el espacio de un tiempo irrepetible que se negó a cambiar.

En el sur de la estancia quedaron abandonadas las minas de carbón que un día movieron el progreso del país.

Al lado de la casa, que debería ser monumento nacional por tradición e historia, existe una capilla que está en proceso de restauración.

Por otra parte, sus campos sirven de refugio a uno de los últimos ecosistemas de la sabana que se mantiene intacto. No en vano, en el letrero de la entrada se lee Hacienda Canoas Gómez, prohibida la cacería.

Pueblo de varones Soacha es un palabra derivada de los vocablos muiscas Sua, sol y Cha, varón.

Su fundación como pueblo e indios se remonta al año de 1600 según Roberto Velandia en la Enciclopedia Histórica de Cundinamarca escribe que La época de dicha fundación es confirmada por el hecho de la construcción de la nueva iglesia de tapia y teja que contrató el Oidor Enriquez el 31 de diciembre de 1600 con el alarife Domingo Moreno.

En ese mismo año, el presidente Juan de Borja mandó reducir y agregar los indios de las capitanías de Baquira, Busunga y Fusquín, sujetos al pueblo de Soacha.

Y como se desprende de la visita practicada por el Oidor Gabriel de Carvajal el 3 de agosto de 1639, contaba la población de entonces con 2.129 indios.

En ese diligencia se estableció que el Río Bogotá señalaría el límite entre los pueblos de Bosa y Soacha con Bogotá y al mismo tiempo marcaría la línea divisoria entre los primeros, Hoy todo cambió, pero algo de eso permanece en el espacio que dejan las fronteras de la ciudad.

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