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MEDITACIONES SOBRE ARQUITECTURA

MEDITACIONES SOBRE ARQUITECTURA

En el espíritu de meditación propio de estas épocas, debemos pensar sobre el rumbo que como colectividad le hemos venido dando a la arquitectura. Hace un par de décadas, primaba un estilo discreto, preocupado en algún grado por crear ciudad. No es sino mirar ejemplos como las torres de la Plaza de Toros, o las de Bavaria en San Martín, o la antigua sede del Automóvil Club sobre la avenida Caracas, para poder entender el mérito urbanístico de diseñar a escala del peatón.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de abril 1996 , 12:00 a. m.

Ahora, la preocupación es otra, posible reflejo del ánimo de enriquecimiento a toda costa que impera en el país. Los nuevos y opulentos edificios en construcción no tienen en cuenta la escala de la ciudad, ni guardan mesura en su ornamentación. Las construcciones se imponen con arrogancia y desdén hacia sus vecinos, generando un desorden urbano lleno de remilgos. Este oprobioso estilo puede dividirse en tres categorías: los macroedificios, que parecen sacados de películas de ciencia ficción y son semejantes a los dinosaurios en su agresividad; los hay rastreros y erguidos, negros y blancos. Tienen como común denominador el haber distorsionado la escala de la ciudad, entre otras cosas al englobar dos pisos en una sola ventana. De esta manera, la lectura urbana queda dividida en recintos liliputienses y brobdingnagos. Los primeros son los tradicionales de vanos normales y los otros los de grandes cavernas que amenazan con devorar las ensombrecidas casas y edificios que aún subsisten a su alrededor, o encandelillarlos con sus vidrios polarizados, como las gafas de los nuevos ricos.

Están también las pequeñas joyas de bisutería, consistentes en construcciones maquilladas como las mujeres de vida alegre, llenas de colgandejos y baratijas. En esta categoría, además prima el color. De ahí que las haya polveadas de verde con enaguas blancas y candongas de cobre, rosadas con encajes oscuros y escarpines de mármol y pintorreteadas de lamé vitrificado y ventanas de espejo. Todo lo anterior es tan charro como ponerse sudadera con corbatín.

Un último capítulo lo constituyen los edificios estilo descubrimiento, consistentes en cajitas deslumbrantes de vidrio reflectivo. Existen en todos los colores: azul profundo, verde biche, amarillo tornasol y rosado soacha. Indios que seguimos siendo, todavía caemos en éxtasis ante todo este boato cromático, razón para que pululen estos desaciertos por doquier.

Para terminar, debo reconocer que aún subsisten vestigios de promotores y diseñadores que hacen su oficio como Dios manda. De ahí que también se estén construyendo edificios con la mesura propia de la seriedad profesional y con el estilo intemporal de la buena arquitectura. Este es el caso, entre otros, del nuevo Archivo Nacional, del Edificio Colmena en la 7a. con 78, del Conjunto Parque Central Bavaria y del Centro Empresarial que construye Ospinas en Ciudad Salitre. En todos estos ejemplos se hace énfasis en la calidad del espacio público y se maneja con acierto la escala urbana. Otro cantar sería el futuro de Bogotá, si todos entendiéramos el valor que este tema tiene en el logro de una ciudad amable; pero como dijo alguien, toda sociedad obtiene la arquitectura que se merece ...

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