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TILDES EN LAS MAYÚSCULAS

TILDES EN LAS MAYÚSCULAS

Llegó a la redacción de EL TIEMPO una carta del lector Carlos Alberto Villamarín, director de la oficina de Planeación de la Universidad Autónoma de Occidente, Cali, a la cual anexa otra de Horacio Bejarano Díaz, secretario ejecutivo de la Academia Colombiana, que dice: La norma acerca de la tilde sobre mayúsculas sólo rige para textos didácticos a fin de grabar en la memoria de los educandos el uso de la tilde. En el resto de escritos tal regla no obliga .

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
10 de abril 1996 , 12:00 a. m.

Si tal regla no obliga, tampoco la contraria, no tildarlas, luego ya por ese camino es legítimo tildar las mayúsculas. Por otra parte, si solo rige para textos didácticos, el periódico es consciente de que su producto es el principal medio didáctico en la escuela, en el hogar y en la oficina. De hecho, se argumenta con frecuencia que tal palabra se escribe de tal o cual manera porque así se ha visto escrita en los medios informativos.

Pesa más en la memoria visual, que es el criterio más inmediato de ortografía, el titular de una noticia en la prensa, que la norma escrita en la cartilla escolar. A ese hecho cotidiano se agregan los programas de prensa-escuela que adelantan los diarios en las aulas de primaria y bachillerato, y la permanente consulta de normas y usos ortográficos que hacen profesores y estudiantes a los periódicos.

Además, si tildar mayúsculas se exige a los textos didácticos a fin de grabar en los educandos el correcto uso de la tilde , qué sentido tiene lograr este objetivo si luego no se va a aplicar en cartas, oficios, circulares y avisos? Sería un aprendizaje inútil. O peor, una lección de dolo: aprenda la norma pero no la aplique.

Por lo demás, la tilde mayúscula no es ninguna novedad. Puede verse, por ejemplo, en el Diccionario de Autoridades, de 1780, primero de la serie de 21 que ha publicado la Real Academia Española; en libros de novelas, poemas, discursos, y en casi todos los grandes periódicos de habla hispana.

El Esbozo de una nueva gramática de la lengua española, 1973, dice: Se recomienda que cuando se utilicen mayúsculas, se mantenga la tilde si la acentuación ortográfica lo exige, a fin de evitar errores de pronunciación o confusiones en la interpretación de vocablos. Ese mantenimiento es especialmente necesario en las portadas de libros, nombres geográficos, listas de nombres propios, etc. El Esbozo no limita el uso a textos didácticos y resalta su necesidad en portadas (las más grandes portadas son las primeras páginas del periódico), en nombres geográficos (aparecen todos los días en el periódico), en listas de nombres propios (son infaltables en toda información periodística).

Más contundente que el Esbozo es el Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española de Manuel Seco: La tilde no debe omitirse cuando la letra que deba llevarla esté escrita en mayúscula; escríbase pues Alvaro (no Alvaro), Africa (no Africa), PERIODICO (no PERIODICO). Esta norma vale tanto para la escritura a mano como para la imprenta .

Además, la última generación de procesador de palabras subraya ya como error la palabra que debiendo llevar tilde en un carácter mayúsculo no la tenga.

En fin, la tilde mayúscula tiene la misma validez que la minúscula: indica su sonido y, consecuentemente, su significado. SI TU VIENES BAILO no es lo mismo que SI TU VIENES BAILO, pero, si no se marcan las tildes la interpretación pueden ser la contraria de la que se quiso escribir. Los ejemplos abundarían: HABITO, REVOLVER, CALCULO, CANTO... pueden ser esdrújulas (hábito, cálculo), graves (habito, revólver, calculo, canto) o agudas (habitó, revolver, calculó, cantó) y aplicar el régimen de tildes es indispensable para que el texto no adquiera significado distinto del que el redactor quiso darle.

Todas estas consideraciones justifican tildar las mayúsculas según las normas ortográficas vigentes, procedimiento establecido en EL TIEMPO a partir de febrero de este año, y que ha exigido un esfuerzo conjunto de redactores, editores, correctores y diseñadores para hacer del periódico un paradigma de buen uso del español, aunque el vértigo de la noticia muchas veces le haga zancadilla a este propósito.

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