UN VINO PARA CADA PERSONALIDAD

UN VINO PARA CADA PERSONALIDAD

Para ser un buen catador de vino sólo se requiere de buen gusto. Así de sencillo. Se trata de establecer la diferencia que existe entre una y otra bebida, aunque sólo una de ellas figure en la listas de elegancia de los mejores restaurantes y hoteles del mundo. No siempre el más caro es el mejor. La única verdad es que existe un vino para cada personalidad. El sabor lo administra usted y la elegancia queda a gusto de quien lo sirve. Así de sencillo. La magia de un buen vino se estila en estas dos sensaciones: servirlo y degustarlo.

17 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Dicen, inclusive, que el vino hasta ayuda a envejecer mejor. Quien toma dos copas de vino al día vive más tiempo que aquel, que por suponer dañino el vino, es abstemio. Así lo reveló una gran investigación que se realizó en Estados Unidos y que resulta aún más creíble si se advierte que los americanos se encuentran entre quienes más rechazan este tipo de licor.

Para muchos, el vino es una parte capital del éxito de una comida y debe tratársele siempre como si fuese una auténtica y rara joya. Hay quien piensa que sólo deben tratarse con mimo las grandes marcas, o al menos las botellas de gran precio. Grave error.

Todo vino, incluso el más humilde, merece un tratamiento especial, todo ese ritual que rodea al servicio del vino en los restaurantes más refinados donde, claro, existe el sumiller, un encargado del vino. Un personaje que debe unir conocimientos teóricos a una práctica impecable y hasta a las dotes del psicólogo para saber adecuar un vino no sólo al menú elegido, sino incluso a la personalidad del comensal.

Un vino bien presentado y bien servido, le gana terreno a los demás.

Pruebas subjetivas Catar un buen vino no es un placer reservado únicamente para algunos paladares finos. En realidad es algo que muchas veces se realiza sin darse cuenta. Cuando se ingiere diferentes bebidas y se compara su sabor, hay un proceso de catación. Así de fácil. Lo importante es sacarle gusto y mostrar disposición.

Evaluar las virtudes de un vino, utilizando escalas numeradas, bien sea de 1a 20, de 1 a 100 o de 1 a 1.000 es un concepto dejado al azar.

El verdadero mensaje que un sistema de evaluación debe contener, no es que el vino A, que recibió una calificación de 95, sea mejor que el vino B, que sólo recibió una de 89. Esto quiere decir que en un momento dado, una o tal vez dos botellas del vino A gustaron más al paladar de una determinada persona, que otras tantas del vino B. En el caso de los juzgamientos de degustación, las opiniones son promediadas.

La cata del vino la complican muchos factores. Por ejemplo, cuando se tiene sed, el primer sorbo generalmente sabe mejor. Los alimentos que se han consumido, incluso horas antes, pueden afectar el sabor del vino, lo mismo que la comida que se está consumiendo junto con él.

Inclusive, hasta el biorritmo del cuerpo juega un papel importante. Los más aclamados catadores tienen días malos . Y si a esto se agrega la natural inclinación a favor o en contra de un vino y las variaciones de gusto por fenómenos genéticos, la conclusión es clara: la naturaleza de las degustaciones es altamente subjetiva.

Así, sabe mejor...

Es importante tratar bien al vino en la mesa de casa y saber exigir el mismo manejo en el restaurante.

-No mueva la botella más de lo imprescindible, sobre todo si el vino tiene cierta edad. Preséntesela a los invitados para que observen marca y cosecha.

-Corte la cápsula metálica por debajo del nudo en el alambre. No de vueltas o deje girar la botella.

-No perfore el corcho, para que no caigan pequeñas partículas al vino.

-Una vez descorchada la botella, huela discretamente la parte del corcho que estaba en contacto con el vino, para detectar posibles irregularidades. Por ejemplo, olores extraños o demasiado acidez.

-Limpie con un paño la boca de la botella, antes de servir. Pero no tome la botella de cualquier manera. La más correcta es sujetarla por su parte inferior para evitar que con un leve giro de muñeca caiga al mantel esa última gota.

-Utilice copas grandes, de tallo alto y fino, pueden ser de cristal transparente y sin tallar. El vino hay que verlo bien. Se deben llenar más o menos en un tercio de su capacidad.

- Una vez se encuentre el vino en las copas: mírelo, huélalo, hágale voltear en la copa, vuelva a olerlo, cátelo brevemente... y coméntelo. Sabe mejor...

Consejos útiles Don Gabriel Restrepo, hombre curtido en estos temas de la buena mesa y el buen beber, considera que por ser tan subjetivos estos juzgamientos tiene que haber una gran dosis de elasticidad, pero hay ciertas normas que por lo general se aplican en los casos de total indecisión o simple duda.

Los vinos deben servirse en sucesión, de menos importante a más importante a través de la comida.

Los aperitivos pueden ser jereces, oportos, vermús o bien vinos blancos o tintos.

Los blancos se deben servir con carne de pescado, mariscos y carnes blancas.

Los tintos, con carnes rojas, pastas y quesos.

Los vinos dulces con los postres.

El vino blanco debe servirse refrigerado a una temperatura que debe estar entre los 4 y los 8 grados centígrados.

De igual manera, el vino tinto debe servirse a la temperatura ambiente.

Contrario de la creencia popular, los vinos jóvenes hay que dejarlos respirar una hora antes de tomarlos. Los vinos añejos deben destaparse poco antes de servirlos, pues por su edad el bouquet se ha debilitado y si se les destapa con mucha anticipación pueden perder toda su bondad.

Si no se consume toda la botella y el vino amerita guardarlo, es necesario evitar su contacto con el aire, ya que el oxigeno es el peor enemigo del vino.

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