MEJOR LA GUAJIRA QUE EL MEDITERRÁNEO

MEJOR LA GUAJIRA QUE EL MEDITERRÁNEO

El pasado 29 de marzo Carmelo Sánchez, Juan de la Cruz López, Carmen López Ferro y Galo Veintemilla Granados se embarcaron en Madrid, España, y después de dos días de viaje aterrizaron en Riohacha, la capital del departamento de la Guajira.

30 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Llegaron al país con un voluminoso equipaje repleto de catéteres, suturas, anestésicos, instrumental, equipos de anestesia local y equipo quirúrgico desechable. Pero más grande que su equipaje era su misión.

Este grupo de médicos y enfermera, tres españoles y un colombiano que trabajan en el Centro Materno Infantil del Hospital de Granada, España, decidieron pasar sus vacaciones operando niños de pocos recursos en un apartado lugar de Colombia, en vez de irse de paseo para algún lugar de Europa o broncearse en una de las playas del mar mediterráneo. Y eso sin recibir ni un peso.

Contacto en Londres Hace un año y medio el doctor Sánchez, jefe del equipo, conoció en Londres al director de la Organización Mundial de Cirugía Pediátrica para Países Emergentes (WOPSEC) que tiene su sede en Parma (Italia) y que coordina el envío de grupos de médicos a lugares donde niños de pocos recursos no logran ser operados.

Y llegaron a un acuerdo: Sánchez formaría un equipo para irse en misión a cualquier país de Asia, Africa o Latinoamérica donde sus servicios fueran requeridos.

Mientras tanto, los misioneros italianos de San Carlos Scalabrinianos, que trabajan por la comunidad del barrio Lisboa de Bogotá, habían contactado a WOPSEC para pedir su colaboración en favor de los menores colombianos.

La presencia del médico Veintemilla, un joven médico colombiano que realiza una especialización en cirugía pediátrica en el Hospital de Granada, inclinó la balanza en favor de Colombia cuando WOPSEC mencionó ese país ante la petición de los misioneros Scalabrinianos.

Y por ese motivo Carmelo y Galo, los dos cirujanos; Juan, el anestesiólogo; y Carmen, la enfermera llegaron de vacaciones a trabajar en el Hospital Nuestra Señora de los Remedios, ubicado en Riohacha.

Sorpresa en la Guajira Uff, esto es peor de lo que yo creía!, fue lo primero que pensó el doctor Sánchez cuando entró al hospital, a pesar de que había procurado llegar con la mente en blanco , según dijo.

Sin embargo, el panorama que el doctor Veintemilla le había pintado sobre las difíciles condiciones que habrían de encontrar fue aún mejor que la realidad.

Después del primer impacto, comenzaron a operar. Y aunque venían preparados para realizar cualquier tipo de cirugía, se encontraron con que el hospital no ofrecía la infraestructura adecuada para realizar operaciones demasiado complicadas, con centros de reanimación y postoperatorios delicados.

Por eso, la mayor parte de las intervenciones fueron a pacientes con labio leporino, fisura palatina o cordón fibroso, una gruesa cicatriz producto de quemaduras. Los niños eran remitidos a su casa pocas horas después de la operación.

De cualquier manera, el equipo considera que vale la pena hacer este tipo de intervenciones pues, generalmente, debido a la falta de recursos no se llevan a cabo dado que no son urgentes. Sin embargo, causan complejos a los menores y dificultan su vida diaria.

De siete de la mañana a siete de la noche el grupo realizó, durante 19 días, 115 intervenciones a 95 niños. Uno de ellos, perteneciente a los indígenas Wayú, defecaba por un orificio que le habían hecho en el vientre. Los médicos le extendieron el intestino y le fabricaron un recto y un ano. Después de este caso el equipo se trasladó a San Juan del César donde operó, en tres días, a 22 menores.

Sin luz ni agua Dificultades no faltaron. En una ocasión, mientras intervenían a una paciente con un cordón fibroso, se fue la luz de repente. El aspirador dejó de funcionar y la joven comenzó a ahogarse en su propia sangre. Los médicos controlaron la situación pero fueron momentos de mucha angustia , contó el anestesiólogo.

Lo que ellos no sabían y que nadie les contó era que en Riohacha, cuando llueve, generalmente se va la luz. Y lo más sorprendente es que, según dijo el doctor Sánchez, todos allá se han acostumbrado a trabajar sin luz, y tampoco protestan .

También debieron acostumbrarse a lavarse las manos con el agua de una jarra porque el líquido escaseó en la ciudad durante cinco días.

Sin embargo, al mismo médico colombiano le asombró la adaptación que mostraron sus colegas españoles. El ajuste de ellos a un medio tan distinto fue extraordinario; tomaron todo con mucha calma , dijo.

A pesar de la labor desempeñada, el grupo de especialistas siente la necesidad de ayudar aún más. Por eso, entre ceja y ceja, tienen metida la idea de conseguir dinero en su país para dotar a los hospitales que conocieron con los equipos necesarios para poder operar. Desean que la oscuridad deje de sorprender a los médicos en medio de las cirugías.

Satisfacción moral Decidieron venir a Colombia porque según todos afirman sentían la necesidad de hacer algo diferente . El doctor Sánchez y la enfermera López coincidieron en que estaban cansados de la burocracia y la rutina que caracteriza su labor en España, donde el contacto con los pacientes es muy impersonal. En esta oportunidad querían, además de ayudar a niños de pocos recursos, preocuparse únicamente por los enfermos y tener con ellos una relación más cercana.

El doctor de la Cruz quería conocer otro país, una nueva cultura y la verdadera esencia de su gente, además de saldar en parte la deuda que según él tiene con el ser humano. Y Galo Veintemilla se unió al equipo por la simple razón de que su objetivo en la vida es ayudar y realizar a través de su medicina una labor social. Por eso en diciembre, al finalizar su especialización, regresará al país para continuar con su labor.

No recibieron ni un peso pero a cambio, según dijeron, se fueron satisfechos moralmente y colmados con los agradecimientos de los pacientes que operaron. Volverán a Colombia? Sí, porque a mí nada se me ha perdido en Bangladesh , aseguró Sánchez.

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