ROCKY VALDEZ YA NO SABE QUÉ ES PELEAR

ROCKY VALDEZ YA NO SABE QUÉ ES PELEAR

En el mercado de bazurto Rodrigo Valdez tiene casi un trono de rey. Y lo ocupa todos los días, de lunes a domingo, a partir de las doce o doce y media.

30 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Su trono es una mecedora de varilla con tejido de mimbre plástico. Por allí pasa a saludarlo a veces alguno de los once hijos que tiene con seis mujeres diferentes y varios de los cien o más ahijados, a la mayoría de los cuales bautizó cuando era campeón.

Eche... Pueto I co, carajo que pasa , grita Rocky a un hombre que camina de prisa por el oscuro vericueto del mercado. Nada champion bien , responde el hombre y se pierde por el corredor oloroso a pescado, humedad y aguas podridas. El calor sofocante de la bahía de Cartagena llena los estrechos y atestados pasadizos de Bazurto.

Mira...! mira el tiburón... de esos pescaba yo... grita Valdez señalando las postas del cetáceo que un hombre sin camisa baja de una carreta y acomoda a la entrada de su local. Los ocho hombres que permanecen a los lados y enfrente de Valdez voltean a mirar. Todos están pendientes de lo que diga el campeón.

Al mar yo le tengo miedo porque allí sale un tiburón comegente , dice Valdez. El campeón mira a sus amigos y sonríe. Cada vez que lo hace aparecen sus iniciales: R V H, incrustadas en oro en sus tres dientes frontales. Otras dos piezas están ribeteadas del mismo metal.

Eeeh champion , le grita un hombre desde un vericueto del mercado. Otros le extienden el puño cerrado que el campeón toca con los nudillos del suyo. Nadie parece reparar demasiado en la pulsera y las cinco cadenas de oro que lleva al cuello, una de ellas de 250 gramos, que contrastan con la piel negra del campeón.

Le gusta mucho el oro campeón?. La respuesta parece obvia. Pero el boxeador mira un instante y estalla: No hombe, el oro es pa empeñajlo, usted cree que eso es de lujo... Oye, oye... -le grita al hombre de los tiburones- pa que es el oro? Pa empeñajlo... En menos de un minuto Valdez hace una encuesta con sus amigos. Todos coinciden: el oro es pa empeñajlo .

Valdez es una de las caras sonrientes que dejó el boxeo. Vive sin afanes, en una calle amplia sombreada por almendros y laureles, en el barrio Crespo, uno de los más elegantes de la ciudad.

Al contrario de muchos de sus colegas que dilapidaron alegremente sus ganancias, Rodrigo Valdez cuida cada uno de los pesos que se ganó a trompadas en el cuadrilátero.

Valdez permanece hasta las tres de la tarde con sus amigos del mercado, luego se trepa a su camioneta Ford Ranger, modelo 80, y se va a cine al centro. Es casi un ritual. Cuando sale de cine va a sentarse al camellón de los Mártires, en la silla de embolar de Justiniano Rodríguez Silgado.

Este hombre le lustra, desde hace 20 años, las zapatillas de marca, las botas de cuero hechas sobremedida o los mocasines con franjas blancas, mientras el campeón charla con las personas que se reúnen alrededor, o responde el saludo de quienes le gritan eeeeeh champion ! Me gustan las películas de verraquera, de plomo... las de Rambo, cómo se llama el grandote ese que tira las patadas altas ...

Jean Claude Van Damme? Ese... ese... esas son las buenas y las del otro... el grandote musculoso...

Schwarzenegger? Ese.. ese, como se llama...? Esas las veo tres y cuatro veces . El campeón parece un chiquillo que se alista para ir a un cine matinal.

Galleticas de soda Los sábados Rodrigo Valdez rompe su ritual para tomarse unos tragos con sus amigos del mercado.

Que toman... ron?. La pregunta parece una impertinencia.

Nooo hombe, Old Park...compadre... whisky! nos tomamos ocho o diez botellas de sábado a domingo .

Pero al campeón nunca lo han visto pasado de tragos, tratando mal a alguien y mucho menos en pleitos. Algunos le buscan pelea -cuenta José Muñoz Ningunillo, su primer entrenador- pero él les dice: tu crees que yo te voy a pega pa después tener que pagarte daños y perjuicios? .

La Fiera , como apodaban a Valdez, está dispuesto a correr si intentan atracarlo: Si puedo correr, corro, si veo un cañito me tiro al agua, pero de marrano no me cogen .

Esa actitud reflexiva es una de las cualidades que distingue a Rodrigo Valdez de la mayoría de sus colegas que dilapidaron su fortuna. Justiniano Rodríguez Silgado e Hipólito Palomeque, un ex boxeador peso pluma, cuentan que Bernardo Caraballo, para muchos el mejor boxeador que ha tenido Colombia, encendía sus cigarrillos y los de sus amigos con billetes, se emborrachaba hasta el amanecer y regalaba su plata a manos llenas.

Valdez, en cambio, como parte de sus precauciones, no amanece en la calle, se hace exámenes de sangre cada tres meses (tiene demasiada azúcar en la sangre), camina una hora diaria por la playa, evita las grasas y tiene invertida su plata en siete apartamentos ubicados en la misma calle donde habita.

Desayuno con avena y galleticas de soda... eso de la sangre es serio... ñeeeerda!, la gente se queda ciega .

Aida, su ex esposa, llega con un plato de pescado frito, bollo de maíz y rodajas de tomate y pepino cohombro. La mujer, que tiene un puesto de comida en el mercado, regaña al boxeador porque este no se sienta bien. El champion, en silencio, acomoda el plato en un taburete de madera que le alcanza Muñoz Ningunillo.

El champion también está pendiente de sus amigos. Y ellos cuidan de él. Sobre todo Muñoz Ningunillo, él iba a buscar a Valdez a la bodega de manteca donde el muchacho dormía. Los dos salían a trotar a la playa de madrugada. Después Valdez se iba al mar a pescar con dinamita.

A los emboladores del Camellón de los Mártires el champion les presta plata en Navidad para que vendan juguetes. Antes le prestaba a todo el mundo, pero se ha vuelto un poco desconfiado. Algunos se quedan con la plata -cuenta uno de sus amigos- pero él no busca pelea por eso. Los llama y les dice: sabes qué, lo único que quiero es que no me vuelvas a hablar .

Rodrigo Valdez solo abandonó el mercado de Bazurto para ir a Miami, Nueva York, París y a sentarse en la misma mesa con el príncipe Rainiero de Mónaco. Allí peleó tres veces por el título mundial.

Valdez se crió en el mercado, donde su madre, Perfecta Hernández, tenía un puesto de comida. Y allí regresó después de su última pelea con Alvaro Almonte, un norteamericano al que noqueó en el segundo asalto en noviembre de 1980 en Bogotá. Fue dos veces campeón del mundo y noqueó a 41 rivales.

Son casi las tres de la tarde. En cinco minutos me voy anuncia el campeón. La cita de hoy es con el Destructor en uno de los cinemas del centro de Cartagena.

Rodrigo Valdez siempre es muy locuaz, pero al día siguiente, a la misma hora, no quiere hablar. Estalla desde su trono, mientas se levanta como una tromba: eeeeeche...! otra entrevista... hoy no estoy pa entrevistas.... yo me voy a cine .

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