LA PUNTA DEL TÉMPANO

LA PUNTA DEL TÉMPANO

Debe haber medido el señor Fiscal el alcance que tendrá la investigación que pidió contra un grupo de nueve congresistas. Al margen de las personas involucradas se trata, nada más ni nada menos, de poner por primera vez en evidencia esa nefasta e incestuosa relación que han tenido la política y el narcotráfico.

30 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Y lo hace aún más delicado e impactante el hecho de haber decidido hacerlo por lo alto. El Fiscal se metió con el Congreso. Siempre se ha dicho que es una de las instituciones más infiltradas por los narcos pero nunca se ha podido probarlo.

También debe saber el señor Fiscal que esta es una carta definitiva para el futuro de la República. Desenmarañar esa intrincada red de complicidades, simpatías, amistades, compadrazgos, transacciones, donaciones y excesiva laxitud es lo que ha faltado para por lo menos empezar a doblar la vergonzosa página de lo que hoy es la política colombiana.

Confiamos, después de los ocho meses que dijo Valdivieso se había tomado recogiendo pruebas, en que la evidencia sea muy sólida. Porque de no serlo las consecuencias, no tanto para él como para el país, serían catastróficas. Ya en la calle dicen que todo este escándalo no va a terminar en nada. Que es un show más de nuestra clase dirigente. No se trata de pedir que se condene a quienes el Fiscal ha pedido investigar, pero si esto termina en una cadena de exoneraciones y excusas públicas va a ser muy difícil manejar los niveles a los que se va a disparar la frustración nacional.

Tampoco se puede llegar al extremo de un columnista y precandidato en cierne de pedir la renuncia del Fiscal en caso de que no se encuentren méritos para investigar a los congresistas. El doctor Valdivieso lo único que hizo fue poner en conocimiento de la Corte unas evidencias para que las evalúe y, de encontrarlas comprometedoras, proceda a abrir investigación formal. En política eso se llama prenderle un vela a Dios y otra al diablo.

Y es que la opinión pública ha entendido, mucho mejor que los investigados mismos, que del resultado de este caso y de los que vengan depende que la democracia colombiana salga fortalecida o más vilipendiada de lo que está. Salvo la senadora Yolima Espinosa, quien aceptó con altura y dignidad la investigación y admitió que únicamente al país le servía este episodio, otros de las investigados salieron a echarle vainas al Fiscal, al presidente Samper y al ministro Botero. Llegaron inclusive a pedir que se reabriera la investigación de los narcocasetes, en una actitud con visos de chantaje que insinúa, inclusive, que si Samper no los rodea y defiende están dispuestos enlodar su nombre y el de algunos de sus ministros. Mejor dicho a arrastrarlo para incluirlo en este oscuro episodio.

De ahí que, aunque un poco tarde, Samper le haya pedido a la Fiscalía que reviva el tema de las famosas grabaciones. Si como se dice el que nada debe, nada teme, en este asunto Samper tiene mucho qué ganar y poco qué perder. Lástima, sí, que el Gobierno, en materias tan sensibles como estas del narcotráfico, ha sido reactivo y no ha sabido anticiparse al rumbo que han tomado ciertas situaciones. El Presidente debe revisar su timer pues parece tenerlo dañado.

Estaremos apenas divisando la punta del témpano? Si la decisión del Fiscal cumple con el propósito de destapar ese oloroso socavón en que se ha convertido la política colombiana por cuenta de los narcos, pues sea bienvenida, no importa cuán traumático pueda ser el proceso. Es lo que nos ha faltado, pues realmente al narcotráfico se le ha combatido en los terrenos del terrorismo pero no en los de la moral, que son donde más daño hace y más peligroso es.

El desarrollo de esta crisis ha servido también para mostrar que el partido de gobierno anda manga por hombro. No hay dirección ni han manejado bien esta difícil prueba. Ni hablar de los conservadores que han pasado agachados y que deben tener tanto rabo de paja como los liberales. Lo único que se va haciendo más evidente es que si la política en Colombia tuviera lógica alguna el liberalismo no debería ser una alternativa de poder en el 98. Más desprestigiado no puede estar. Lo que ocurre es que no hay alternativas convincentes ni oposición estructurada.

Solo hay un Gobierno que no ha cumplido un año al que conviene que todo esto se destape y este desgastador capítulo se cierre para siempre.

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