FALTA ACLARAR MUERTES EN KENNEDY

FALTA ACLARAR MUERTES EN KENNEDY

La crisis en el sistema de salud público se reflejó de la manera más dramática y patética esta semana con la muerte de cinco niños en la Unidad de Recién Nacidos del Hospital de Kennedy.

30 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Jornadas laborales extenuantes y un severo déficit de personal y medicamentos no se han tomado en cuenta a la hora de enjuiciar, y de paso condenar, a una enfermera jefe que, contrario a lo que muchos medios han afirmado, nunca se declaró culpable.

Las condiciones en que debe operar la Unidad de Recién Nacidos de este centro asistencial, escenario de la tragedia, es fiel reflejo de lo que ocurre a diario en muchos hospitales.

La dramática muerte de cinco niños esta semana en el Hospital de Kennedy de Bogotá le mostró al país cuan vulnerable es ante tragedias evitables, que son el resultado de la inocultable crisis del sector salud.

Las condiciones en que debe operar la Unidad de Recién Nacidos de este centro asistencial, escenario de la tragedia, es fiel reflejo de lo que ocurre a diario en muchos hospitales.

A eso de las 6:10 de la mañana del martes, luego de haber preparado y suministrado la última dosis de medicamentos (algo que se hace varias veces en cada turno), de hacer que cuatro auxiliares se multiplicaran toda la noche para darle de comer, cambiar, tomar signos vitales, bañar y realizar los exámenes de laboratorio pendientes a cada uno de los 42 niños internados, Gladys Villota, jefe de enfermeras de la Unidad escuchó que una de las auxiliares decía paro, jefe, paro . Primero fue la incubadora siete. El bebé entró en paro. Luego, la cuna 38. Lo mismo. Mientras Villota reanimaba al niño de la siete, al bebé de la 38 lo atendía uno de los pediatras de turno. Al instante, una auxiliar llamó al otro pediatra. Por orden médica, al niño de la siete lo entubaron y Villota fue a conseguir un ventilador para conectarlo. Mientras eso ocurría, ya le habían aplicado atropín y adrenalina, entre otros medicamentos.

No pasaron diez minutos cuando Villota le preguntó a una de las auxiliares por la suerte del bebé de la 38. Murió, jefe, el pediatra que lo atendía ahora está reanimando al de la cuna 39 que también entró en paro cardiorespiratorio .

En ese momento, cerca de las 6:30 a.m., llegaron las pediatras del turno de la mañana y se presentó otro paro cardíaco en otro bebé que fue atendido por una de ellas, y uno más que fue llevado a reanimación.

Una hora después, habían muerto cinco de los siete niños. Uno de los dos que se salvaron se encuentra ahora enfrentado a una posible muerte cerebral.

El drama que concluía fatalmente para el personal médico, apenas empezaba para los padres de los bebés y para la jefe de enfermeras que estuvo al frente de la crisis. Porque a pesar de que el ministro de Salud, Alonso Gómez Duque, la Personería de Bogotá y la mayoría de medios de comunicación prácticamente resolvieron el caso y lo juzgaron con una rapidez asombrosa, a ciencia cierta no se puede decir qué fue lo que pasó en el tercer piso del Hospital de Kennedy en la madrugada del 25 de abril. No es cierto, siquiera, que la enfermera jefe se haya declarado culpable.

Lo único claro es que muy seguramente el Pavulón (bromuro de pancuronio), un relajante utilizado en estas unidades, fue lo que les causó la muerte a los niños, al ser confundido, al parecer, con un antibiótico. Esa es la versión más fuerte. Pero la forma como este medicamento se mezcló con los antibióticos y el diluyente, aún no ha sido esclarecida , dijo Camilo Uribe, el especialista que detectó.

A comienzos de abril, el personal del departamento de urgencias del Hospital de Kennedy se dirigió al director y le advirtió que como en la actualidad no existen garantías que permitan brindar al paciente todos los cuidados que requiere en su momento, y además estamos convencidos de que esta situación genera mayor fatiga laboral y estrés exponiéndonos a posibles situaciones médico-legales que recaerían sobre nosotros, los funcionarios de este servicio no aceptamos responsabilidad alguna ante las diferentes situaciones de riesgo que puedan llegar a presentarse .

El Hospital de Kennedy atiende más de 600 partos y no menos de 1.500 hospitalizaciones al mes. Es un hospital de tercer nivel (especializado) que cubre una población aproximada de dos millones de habitantes y que presenta un déficit de veinte enfermeras jefe, 106 auxiliares y 30 médicos, algo que poco se ha mencionado, de acuerdo con el director del Hospital.

Así, por ejemplo, en una sola enfermera jefe recae la responsabilidad de preparar y administrar los medicamentos ordenados a los pacientes de cada turno. En la Unidad de Recién Nacidos hay turnos en los que el número de bebés llega a 60.

La escasez de recursos también es dramática. Durante las 24 horas del día se emplea una sola bolsa de suero para mezclar y diluir todos los medicamentos que requiere la Unidad. No se pueden adquirir pequeñas dosis de agua destilada o suero que vienen empacadas en ampolletas o bolsas pequeñas, tal y como se hace en otros centros asistenciales.

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